
Sashinuki o
ashi de nugu yo ya
oboro-zuki
挿貫を足でぬぐ夜や朧月
Ah, la luna con su halo de niebla…
Esa noche me quité los pantalones
a golpe de piernas
El haiku carece de lectura simbólica. Los sucesos son lo que parece que son, lo que el poeta nos diga que son. Tras la lectura de un haiku no tiene sentido la pregunta “¿Esto qué significa?”, sino “¿Qué ha sucedido?”. El haiku está concebido para hacernos ver, oler, sentir…; no para hacernos comprender. Por ejemplo, si leemos:
Sashinuki o
ashi de nugu yo ya
oboro-zuki
挿貫を足でぬぐ夜や朧月 BUSON
Ah, la luna con su halo de niebla…
Esa noche me quité los pantalones
a golpe de piernas
La ropa no es un símbolo de nuestros apegos o nuestras estrategias de defensa, el gesto del poeta no representa el desprendimiento en el camino místico, la luna no es imagen de la belleza inmaculada a la que aspiramos... La luna es la luna y el pantalón es el pantalón… El haiku dice lo que dice. Con la máxima claridad posible. No hay símbolo que valga en materia de haiku. El símbolo es un desprecio a la realidad. ¿Qué es un árbol? ¿Qué es una casa? Nada. No hay “un árbol”, no hay “una casa”. Las cosas son un cómo. Nada es arquetipo, todo es concreto en el mundo que nos rodea. Los universales de los filósofos son una infamia para el haijin. Por eso, el poeta nipón nunca quiso usar su palabra como filosofía.
El japonés, en general, y el budista en particular, para producir en su lector una comprensión a nivel espiritual no usa el haiku sino el kôan. Un haiku no es un kôan: no es una invitación a la comprensión del mundo. Un haiku no es un kôan: no está destinado a producirnos el satori [iluminación]. Un haiku no es un kôan: no es una propuesta de abolición del pensamiento discursivo. El haiku es arte, acuarela, fotografía de la realidad, para que no se pierda ninguno de sus pequeños instantes. (A decir verdad, para que nosotros no nos los perdamos). Se trata de que atendamos al mundo y no que nos liberemos de la red de apariencias que confunden nuestra mente. Por todo ello, el haiku no es un kôan, no es la palabra cargada de intención de una conciencia diestra en hacer añicos nuestras quimeras mentales, sino un inocente dedo de niño señalando a las cosas: “¡Mamá, mira!”.
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ese cuento es simbólico:
símbolo:
2. m. Figura retórica o forma artística, especialmente frecuentes a partir de la escuela simbolista, a fines del siglo XIX, y más usadas aún en las escuelas poéticas o artísticas posteriores, sobre todo en el superrealismo, y que consiste en utilizar la asociación o asociaciones subliminales de las palabras o signos para producir emociones conscientes.
el haiku ocupa símbolos:
1. m. Representación sensorialmente perceptible de una realidad, en virtud de rasgos que se asocian con esta por una convención socialmente aceptada.
las palabras, que son un medio...
... El tercero: «Es como una pared de un castillo». El que había palpado la oreja: «Es como un tapiz muy grueso, de tejido grosero, que se mueve cuando lo tocas». Y el último exclamó: «¿Es que chocheáis? Es una montaña que se pasea!».
¡Una montaña que se pasea!. ¡Magnífico!
Érase una vez un pueblecito perdido en el desierto. Todos sus vecinos eran ciegos. Un gran rey pasó por la comarca, seguido de su ejército. Montaba un elefante. Los ciegos se enteraron, y habiendo oído hablar mucho de los elefantes, los movió el deseo de tocarlo para hacerse una idea de qué es un elefante. Doce Ancianos y Notables del pueblo se pusieron en camino con este objetivo: «Rey», dijeron, «os suplicamos que nos concedáis venia para palpar el elefante». «Os la concedo», respondió el rey; «¡podéis palparlo!».
Uno palpó la trompa, otro la pierna, éste la espalda, aquél las orejas, e incluso hubo uno que, por licencia especial del rey, montó sobre la bestia y se paseó. Los doce ciegos volvieron entusiasmados a su pueblo. Los otros los rodearon, preguntándoles, muertos de intriga, qué tipo de bestia era un elefante. El primero dijo: «Es un tubo enorme, que se alza con fuerza, se enrosca y, ay de ti si te pilla!». Otro afirmó: «Es una columna peluda». El tercero: «Es como una ...
"Todo lenguaje es simbólico. Y el ideograma, ¿no es puro símbolo.
No hay manera de huir de los símbolos porque somos animales simbólicos."
También echo en falta alguna aclaración, Pilar, porque a nuestro entender, y como el propio Vicente comenta en Haiku-dô, sobre cierto haiku de Bashô, los signos tienen resonancias culturales que inconscientemente actúan simbólicamente. Pone el ejemplo de las cigarras (semi) y lo efímero (hakanai).
Es difícil distanciarse de la propia cultura y de esas resonancias.
Saludos
Cada especie animal desarrolla receptores que captan ciertos rasgos del mundo; lo que captan dichos receptores o sentidos, son sus sensaciones y la interpretación que esas sensaciones reciben en el cerebro constituye sus percepciones. Cada animal percibe aquello que su sistema nervioso le permite. O lo que es lo mismo, que nuestro sistema nervioso-sensorial determina a priori la forma de todas las percepciones posibles. ¿Percibimos el mundo real? Sí, pero en función de nuestras necesidades.
También todo nuestro lenguaje es metáfora.
Salud
Nenúfar, creo que mirar la realidad limpia de toda subjetividad es imposible.
Porque la realidad es "actualizada" a través de mis sentidos y mi razón. La realidad es abierta y por ello puede ser constantemente actualizada de nuevo, pero siempre mediante mi razón y mis sentidos.
Puedo aprender a ver las infinitas caras de la realidad y el autor nos muestra gentilemente la suya, en ese momento, en esa circunstancia, tal y como lo siente y lo aprehende. Puedo "imaginar" la realidad tal y como él lo expresa, pero jamás podré captarla hacerlo como él.
Entiendo que se trata de mirar la realidad limpia de mi subjetividad, aunque esa subjetividad también está ahi. Es otra realidad.
Un hecho que ocurre delante de varias personas va a ser mirado de distintas formas, pero el hecho es único.
¿Se puede decir que el haiku, para un occidental, es una forma de limpiar la realidad externa de la interna?
Un haiku carece de lectura simbólica.
Un haiku no es un koan.
Es una fotografía de la realidad.
Bien.
Sin embargo ...
Todo lenguaje es simbólico. Y el ideograma, ¿no es puro símbolo.
No hay manera de huir de los símbolos porque somos animales simbólicos.
La fotografía tampoco es la realidad plana y simple. Depende de la mirada del que mira, del ángulo, de la luz y la perspectiva, de la impresión que causa en el fotógrafo. Y la mirada del que mira siempre dice algo más que "la luna con su halo de niebla".
¿Por qué se fija en el halo de la luna?.
Gracias.
Martes, 29 de mayo
Josemari Lorenzo Amelibia
Manuel Mandianes
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez