
Inu o utsu
ishi no satenashi
fuyu no tsuki
犬を打つ石のさてなし冬の月
Ni una mala piedra
que tirarle al perro…
Luna de invierno
El haiku no estará obligado a representar ninguna clase de valores morales. A veces los orientalistas o los predicadores de las religiones que proceden de Oriente han querido atenazar el haiku dentro de las rígidas reglas de una estética que respondiera al orden de sus propios valores. Pero el haiku es una expresión libre. Nada lo obliga más que su propia ley interna; como le ocurre al fuego o al agua. Véase, por ejemplo, este haiku de Taigi:
Inu o utsu
ishi no satenashi
fuyu no tsuki
犬を打つ石のさてなし冬の月 TAIGI
Ni una mala piedra
que tirarle al perro…
Luna de invierno
En este caso, el poeta, que no es un ente de razón sino un ser humano real, está buscando una piedra que tirarle a un perro que le molesta. Si nos liberamos del punto de vista religioso, nos daremos cuenta de que no es necesariamente un acto de desarmonía pretender hacer callar a un perro que nos incordia en plena noche tirándole una piedra. Sobre todo, con la alta probabilidad que hay de no atinar y hacerle daño, sino simplemente asustarle para que se calle. El poeta para ser parte del Todo tiene que comportarse con naturalidad dentro de él. Cierto autodominio emanado de las normas de la educación social, o de la conciencia de los propios actos que predican las religiones, es legítimo; pero nadie le pide al poeta de haiku la condición de santo. El poeta de haiku no podría sospechar en la vida que serlo le exigiera como coherencia el sacrificio de sí mismo en aras de una idea pseudo-oriental de armonía cósmica. El sí mismo deberá desaparecer a fuerza de placer, a base de dejar entrar el mundo en uno, no dinamitándose en la realidad a la que se pertenece. Hay haikus en los que el poeta desearía talar un árbol para poder ver las lejanas montañas, o se queja de lo ruidosas que son unas cigarras hasta el punto de escribirles un haiku-amenaza, o matando moscas le vienen unas terribles ganas de exterminarlas todas de la faz de la tierra... No estamos ante una sensibilidad blanda que se presente siempre coherente, una propuesta moral concebida en el laboratorio de las ideas, sino de seres humanos que pertenecen plenamente al mundo de lo material, hombres y mujeres que -como norma general- se mueven con delicadeza y respeto por el mundo, como si se lo hubieran permitido usar sin que fuesen a poder considerarlo suyo, pero en el que tampoco están como seres extraños, con “complejo de inferioridad”. Cuando tienen que intervenir, actúan con la misma licencia con que lo hace el resto de la Naturaleza.
En este haiku de Taigi, sin embargo, la luna actúa de freno al nerviosismo irreflexivo del poeta. Partiendo de lo prosaico, de lo extremadamente humano -demasiado humano- de salir a buscar una piedra para ahuyentar a un perro que no le deja conciliar el sueño, el haiku nos lleva a una preciosa luna de invierno, que pasma al poeta y le detiene, y le interroga sin reproches. Va buscando una piedra y encuentra una luna. Y una cosa es tan natural como la otra, sin heroísmos ni falsos méritos.
Los comentarios para este post están cerrados.
"...desaparecer a base de dejar entrar el mundo en uno..."
El orden de los versos debe ser el mismo que el de los acontecimientos o no sabremos qué ha pasado. En este caso, primero es la molestia, y luego la contemplación. Si lo invertimos, el suceso queda desbaturalizado, pasa a ser fantasmal. Porque no sucedió así. Y por eso mismo no tiene nada de sagrado.
¿El orden de los versos va siempre parejo al hilo de los acontecimientos?.
¿Es primero el perro que ladra y el impulso del poeta de hacerlo callar y luego la visión de la luna o puede ser al revés?.
El poeta occidental no simpre sigue un orden en su poema. ¿Podría ser que el poeta observando la hermosa luna de invierno se ve importundado por el maldito perro y quiere hacerlo callar?.
¿Puede haber varias interpretaciones al mismo haiku?.
Ocurre que yo casi siempre los leo al revés.
Martes, 29 de mayo
Josemari Lorenzo Amelibia
Manuel Mandianes
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez