
Tsubakurame naite
ja o utsu
koie kana
燕啼いてをうつ小家かな
Las golondrinas piando
La gente de la choza
golpeando a la serpiente
Japón se llama a sí mismo el país de la armonía (wa) y de alguna forma lo es. Pero esta armonía a la que aspira la cultura nipona y que es la médula del carácter de sus gentes no excluye momentos puntuales de nerviosismo, violencia o incluso horror. No es la armonía zen en la que nada se mueve, sino la del mundo natural con sus eventuales sucesos violentos:
燕啼いてをうつ小家かな BUSON
Tsubakurame naite
ja o utsu
koie kana
Las golondrinas con su estridente piar
La gente de la choza
golpeando a la serpiente
La amenaza desencadena el miedo y el miedo provoca la agresividad. La crispación en la vida de la aldea se corresponde con crispación en el entorno natural. Aquí no se está instrumentalizando a la Naturaleza. Al contrario: hombre y Naturaleza son la misma cosa. Las golondrinas no “lloran” (naku) la muerte de la serpiente, sino que ponen sonido a la violencia, con su estridente piar (naku), como si fueran parte de ella, como si tuvieran un garrote y estuvieran apaleando inmaterialmente una serpiente que está ya suficientemente asesinada.
El sonido no sólo refleja la maravilla sino también la violencia. En el haiku aparecerán, por derecho propio, todos los sonidos de la existencia, no sólo los bellos trinos de los pájaros cantores. Veamos, por ejemplo, este otro espléndido haiku de Buson, dedicado al sonido de unos cuchillos que se afilan:
鯨賣り市に刀を鼓しけり BUSON
Kujira-uri
ichi ni katana o
narashi keri
En el mercado,
vendiendo carne de ballena,
el sonido de los cuchillos...
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¿Qué es antes el huevo o la gallina?.
Entonces, el sonido es el protagonista mientras el mercado y la gente de la choza son justificaciones del mismo que elabora nuestra mente.
Yo, en cambio, lo veía al revés.
Vicente, somos complicados y nos cuesta entender lo simple.
Gracias.
No puedo estar de acuerdo. Estos sonidos no son la "banda sonora" de nuestras acciones. Ellos son los protagonistas del asombro. El resto son justificaciones del sonido que la mente se da. En el haiku la naturaleza no está para servir de marco al ser humano. Nosotros no importanos nada. Estamos ahí de milagro. Por un permiso especial que nos han concedido el piar de los pájaros y el sonido de los cuchillos.
El piar estridente de las golondrinas y el sonido de los cuchillos mientras se afilan, son como la "banda sonora" de este relato breve que es el haiku. En un caso las imágenes son la gente de la choza golpeando la serpiente, en otro, los vendedores de carne de ballena en el mercado.
Muy bueno.
Martes, 29 de mayo
Josemari Lorenzo Amelibia
Manuel Mandianes
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez