
Kokono tabi okite mo
tsuki no
nanatsu kana
九たび起きても月の七ツ哉
Con ésta van ya
nueve veces que me despierto
¡La luna de las cuatro de la madrugada¡
Importa menos la habilidad que tengamos para captar algo “bello” que mostrarnos diligentes y dispuestos para recoger los mil matices de un mundo que sucede incesantemente ante nosotros. Uno de estos matices es el tiempo en el que ocurren las cosas:
Kokono tabi okite mo
tsuki no
nanatsu kana
九たび起きても月の七ツ哉 BASHÔ
La luna…
¡Ya van nueve veces que me despierto
y aún son las 4:00 de la madrugada!
La relación del ser humano con el tiempo es ya motivo de haiku. Me he levantado nueve veces en la noche para ver la luna, y todavía queda mucha noche por delante. La contemplación no es sólo “estar”, es repetir ese “estar”. El mundo está estructurado en ciclos porque la eficacia de las cosas está en su insistencia.
Sin precisión temporal los eventos estarían perdidos en nuestro haiku como un niño en un bosque. Más que nadie, son los niños los que van a saber la importancia del tiempo en que ocurren las cosas:
すいせんをおってしかられた夜六時 KUBO SATOSHI
Suisen o otte
shikarareta
yoru rokuji
Cogí un narciso
y me regañaron
a las seis de la tarde
El poeta de oficio, el profesional de la literatura, no entenderá la importancia que le da este niño a la hora precisa en que aquello sucedió. En el fondo, porque eso que se cuenta no le parece realmente importante. No es la trascendentalidad que tienen “las cinco de la tarde” en la elegía a Ignacio Sánchez Mejías. Es sólo un niño que coge una flor y le riñen a una hora en concreto. “¿Sólo?”, tendríamos que preguntarnos. ¿Es que coger una flor hermosa y ser reñido por ello no es en sí misma la infancia del ser humano, ese cúmulo de malos entendidos entre adultos y niños sobre qué puede hacerse y qué no puede hacerse en cada momento?.. Yoru rokuji (las seis de la tarde) no es un elemento decorativo en este haiku. “Las seis de la tarde” no es un dato frío, vacío, porque está habitado por un suceso que para un niño fue importante. En esa hora exacta de ese día un algo palpita. Eso es lo que busca cada instante del tiempo: un algo que haya ocurrido para un alguien y que no podría haber sucedido sin un cuándo. Ese día, a las seis de la tarde, a todo lo largo del planeta, ocurrieron cientos de millones de hechos, y seguramente fueron reseñados por los adultos de muchas maneras, pero tal vez nadie lo recogió en un poema. Y el corazón del mundo –que lo tiene- no dudará cuál de todos esos eventos merece ocupar su memoria. A partir de ahora, sabiendo lo que sabemos de la importancia de asociar cada instante con su haiku, vamos a hacer un recuento del tiempo no con relojes ni con calendarios ni con fechas sino con travesuras, riñas y flores.
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ser tiempo y nada más,
como esa luna...
andar tu camino sin elegir
www.zentolos.com
.... son precisos en sus anotaciones. Mi hija con siete años, escribía en su diario de viaje después de una excursión en coche por pistas de alta montaña: "hoy he hecho siete devueltos".
"El mundo está estructurado en ciclos porque la eficacia de las cosas está en su insistencia."
Vivir en el tiempo supone estar en la rueda de días y noches, semanas y meses, estaciones y años.
La naturaleza insiste cada primavera en hacer brotar la vida de los árboles desnudos y los viste de preciosas hojas verdes. El otoño insiste en deshojarlos para que el invierno los haga dormir durante tres meses y así vuelvan a despertar la nueva primavera. Es el ciclo de la vida que se renueva gracias a su insistencia.
Nosotros insistimos al comenzar de nuevo cada día. Al hacer las mismas cosas siempre diferentes. Insistimos y repetimos los mismos gestos, las mismas palabras, las mismas acciones. Insistimos a la manera de un rito sagrado, porque al fin y al cabo, los ritos no son mas que una representación de la vida.
Aunque hay algo que hace cada instante irrepetible: la conciencia con la que lo vivimos. Por eso los niños que sólo viven el presente son preciso...
Son las dos y no está la luna, pero ha estado cada vez que me he levantado.
Martes, 29 de mayo
Josemari Lorenzo Amelibia
Manuel Mandianes
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez