
ごろりと草にふんどしかわいた
Gorori to kusa ni fundoshi kawaita
SANTÔKA
Un revolcón en la hierba
Los calzoncillos
ya están secos
Yo no naka wa
jigoku no ue no
hanami kana
世の中は地獄の上の花見哉
ISSA
Mientras estamos en este mundo
por encima del infierno
¡poder contemplar las flores!
Una flor es para un japonés un extracto de la belleza del mundo, de su capacidad generadora de vida y del placer que nos produce estar vivos en un lugar tan frágil.
Sobre la contemplación de las flores se han escrito haikus gloriosos en la historia de la literatura japonesa, así que la elección de uno para comenzar el epígrafe se hace casi imposible sin cometer injusticia. Puestos a inclinarnos por alguno, quizá nos impresione de una manera particular este haiku de Issa
En poesía japonesa en general, y en haiku en particular, el repertorio de asombro por el florecer es amplio. Encontramos haikus con la extrema sencillez de Onitsura -en el primer haiku que citamos a continuación- y otros que rodean el hecho del florecimiento de una aura mágica como puede verse en el de Buson que le sigue:
庭前に白く咲きたる椿かな
ONITSURA
En el jardín
ha tenido lugar la floración
blanca de una camelia
虹を吐き開かんとする牡丹哉
BUSON
A punto de abrirse
exhalando un arco-iris,
la peonia
川ばかり闇はながれて蛍かな
Kawa bakari yami wa nagarete hotaru kana
CHIYO-JO
Simplemente un río:
oscuridad que fluye
entre luciérnagas
El río se ha vuelto oscuridad y las luciérnagas nos informan del milagro. El río es la negrura de fondo de las luciérnagas. Hay sonido de agua que discurre, pero no se dice. Hay frescor en el ambiente, pero no se dice. Sólo luciérnagas que nos hacen saber que, si están, es porque hay aguas cristalinas que sobrevolar. Lo que fluye es puro y convoca a su alrededor. Las luciérnagas han venido por esas aguas cristalinas, y ellas -a cambio- han desaparecido a nuestra vista para mostrar sólo puntos de luz arremolinados. Dos seres en encuentran en la oscuridad. Dos fluyentes distintos, cada uno con su modo propio de discurrir: el fluir del río, cuyo curso invisible adivinamos cauce abajo; y el fluir caótico -que no va hacia ninguna parte, que no se mueve del lugar- de las luciérnagas que con su vuelo fijan el río al cauce. Las luciérnagas son minúsculas estrellas que clavan en su lugar a un río que fluye incesantemente y que querría siempre irse por completo del paisaje.
Desde el punto de vista gramatical este haiku es completamente mágico: hay un solo verbo (“fluir”) y hay dos sujetos razonables para ese verbo, dos criaturas que podrían fluir (“el río” y “las luciérnagas”), y sin embargo el poeta elije el sujeto imposible (“la oscuridad”), y -por si cupiera duda- le aplica la partícula wa, como si dijera “no sé si otra cosa fluye pero desde luego que la oscuridad está fluyendo”.
Haikus de tres poetas japonesas para una mañana de Navidad
27 de Diciembre de 2011 - 21:18:52 - Federico Jiménez Losantos
Uno espera de la Navidad, como del Año Nuevo, mañanas de sol y calles desiertas. Las fiestas de Nochebuena y –sobre todo– Nochevieja son melancólicas adivinaciones de catástrofe. En cambio, las mañanas de sol después de las noches eufóricas y turbias son una fiesta para el espíritu. Yo he dedicado una de estas mañanas perfectas, solitarias a un libro muy breve de tres poetas o poetisas japonesas dedicadas al haiku: Suzuki Masajo, Kamegaya Chie y Nishguchi Hachiko, agavilladas en 70 haikus y senyrûs de mujer (Ed. Hiperión), título atroz que inhibe cualquier afán lector pero compensan los traductores: : el benemérito Vicente Haya y Yurie Fujisawa.
¿Haikus en una mañana de Navidad? Sí, porque tras pasar una noche de noches, el mundo continúa como si no estuviéramos en él o como cuando ya no estemos. Y esa contemplación de la indiferente belleza del día es lo que ilumina la sombra que no vimos, que no habíamos encontrado dentro.
El haiku, memoria del instante, es también un conjuro contra la memoria. Si la poesía busca dar trascendencia a lo fugaz ("sólo lo fugitivo permanece y dura", dijo Quevedo), el haiku florece cuando todo ha pasado y todos se han ido, cuando alguien, uno, percibe la soledad serena y quebrada de las cosas, cuando en la piedra de los seres sólo quedan las grietas de la vida.
Este libro, que padece una llamativa, por no decir escandalosa, ausencia de prólogo, notas y datos biográficos es, pese al título, extraordinario...
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とうめいにんげんわたしのとなりぶらんこに
Tômeiningen watashi no tonari buranko ni
En el columpio
junto a mí
alguien invisible

あなもたいなやお手手のお米こぼれます
Ana motainaya otete no okome koboremasu
SANTÔKA
¡Qué desperdicio!
El arroz desborda
mis manos...
El vocablo usado por niños otete para “mano” (cuyo matiz diferencial con el término habitual te no hemos hecho constar en la traducción por no enrarecerla) responde al tono simpático de este haiku; una traducción correcta habría sido “de mis manitas”, y se debería al recitarlo acompañar de un tono cómico en la voz. Y es que el poeta lleva años pasando hambre y penalidad y, de pronto, alguien comienza a echarle arroz en las manos, pero, cuando ya no pueden contener más y comienza a caer al suelo, el poeta siente que sus manos no sean lo suficientemente grandes para poder contenerlo. En ese momento le asalta el haiku: “¡Qué desperdicio...”. Hay un doble sentido de mottainai : por una parte, está el sentido más evidente de que es una pena que el arroz caiga al suelo y se manche. Pero, por otra, hay otro sentido añadido de lo que es mottainai porque el poeta sabe que aquél que le está ofreciendo arroz dejará de hacerlo cuando ya Santôka no pueda recibir más en sus manos, y para alguien que vive en la miseria un donante así es una oportunidad que no hay que desperdiciar.

春雨の底を探すや声の糸
Harusame no soko o sagasu ya koe no ito
ONITSURA
Buscaré hilos de voz
en el fondo
de la lluvia primaveral

すっぱだかへとんぼとまらうとするか
Suppadaka e tonbô tomarô to suru ka
SANTÔKA
Libélula,
estoy en pelotas,
a ver dónde vas a posarte…
Frente al más elegante hadaka (“Estar desnudo”), suppadaka significaría “Estar en pelotas”. Es, pues, un término más coloquial y gracioso. Santôka, desnudo en la hierba, se ve venir una libélula. Es la primera criatura en mucho tiempo que parece decidida a tocar su cuerpo. El haiku transmite la importancia en la cultura japonesa de la intimidad del cuerpo. Desnudos nos sentimos expuestos. Y en esa situación, a pierna suelta, tirado en la hierba, vulnerable, ve que se dirige una libélula hacia él y que va a posarse… ¿Dónde? Aunque no se dice el sitio exacto, por pudor, es más que claro el lugar que ha escogido la libélula para hacer una parada en su vuelo…
いねのたばはこんでうれしいおもさだな
Ine no taba hakonde ureshii omosa da na
Feliz llevando un manojo
de espigas de arroz...
que pesan… ¿eh?

はだかで話がはずみます
Hadaka de hanashi ga hazumimasu
Desnudos,
la conversación se anima
Ocultamos nuestros sentimientos tras la ropa. Nos diferenciamos entre pobres y ricos por nuestro atuendo. Desnudos somos todos iguales. Estamos nerviosos por vernos obligados a mostrar nuestro cuerpo a los desconocidos. Nos relajamos en el agua caliente. Las preocupaciones se disipan. Ya no somos tan desconocidos ni tan diferentes. El primer silencio duro va destensándose. Un intento de conversación forzada podría haber contribuido a que todo fuera todavía más tenso. Pero no. La conversación se desembaraza de los obstáculos que nuestra timidez le impone y, sin necesidad de alcohol, va siendo cada vez más desinhibida… Este éste un haiku poco comprensible fuera de una sociedad en la que todo el mundo cree estar molestando a los demás por el sólo hecho de hablarles. Es, además, el haiku de un solitario, de un vagabundo, que encuentra –por infrecuente- un insólito placer en el trato humano.
ありさんがぼくをみていたまるいめで
Arisan ga boku o mite-ita marui me de
La hormiga
me está mirando
con sus ojos redondos
ほうたるこいこうふるさとにきた
Hôtaru koi koi furusato ni kita
SANTÔKA
Luciérnagas,
venga, venid,
he llegado a mi pueblo
Aún en el Japón de hoy día, cuando las luciérnagas escasean, quizá por su necesidad de aguas limpias, se dice que las escenas más hermosas de luciérnagas pueden verse en Yamaguchi, que es -según ya sabemos- la tierra natal de Santôka.
Nótese, por otra parte, que este haiku empieza exactamente igual que una canción infantil japonesa: Ho-ho-hotaru koi achchi no mizu wa amai-zo kochchi no mizu wa karai-zo... Usar una canción popular para construir un haiku es un arriesgado experimento poético que en este caso se salva por la introducción de algo tan impresionante para el poeta como la infancia misma: el furu-sato, el lugar donde pasamos nuestros primeros años de vida. El tono tierno, infantil, del poema da cuenta de que el poeta no puede disimular la ilusión de haber llegado al lugar privilegiado y por eso busca la compañía en que siempre se dio el milagro.
Otros haikus sobre la importancia que daba este poeta vagabundo a llegar a su “aldea natal”:
Furusato no kotoba to natta machi ni kita
“He venido a un pueblo donde se habla / como en mi aldea natal”
Nagai hashi sore o watareba furusato no machi de
“Un largo puente / si lo cruzo / estaré en mi aldea natal”
鶯の青き音をなく梢かな
Uguisu no aoki ne o naku kozue kana
ONITSURA
El canto verde
del uguisu
en la copa del árbol

酒がやめられない木のめ草の芽
Sake ga yamerarenai ki no me kusa no me
SANTÔKA
Yo no puedo renunciar al sake
Vuelven a brotar
árboles y hierbas
Enigmática relación la que establece este haiku entre una limitación personal y un hecho maravilloso del mundo natural. De una parte, su alcoholismo; y, de otra, el renacer cíclico de la vida. Ambas realidades conviviendo en el mismo haiku, y, esto es lo esencial, sin que se haya querido crear un vínculo forzado –moral- entre ellas. Este haiku no pretende decirnos: “A pesar de que yo no consiga renacer de mis vicios, el mundo se renueva una y otra vez”. Ni tampoco: “Así, tal como soy, con mis defectos, el mundo no me niega el espectáculo de su renovación”. No hay enseñanza en este haiku, no hay autocrítica ni autojustificación, como tampoco hay elogio alguno de la naturaleza del mundo. Santôka hace gala de una espectacular frialdad al tratarse a sí mismo como a la Naturaleza, sin juicio, sin moraleja. Lo subjetivo, lo interior, ha recibido el mismo trato que lo objetivo, lo exterior.
おおいちょうことりのかぞくのみこんだ
Ôichô kotori no kazoku nomikonda
Un gran árbol de ichô
se ha tragado a una familia
de pajaritos
かたつむりのんのんあるく雨のなか
Katatsumuri non-non aruku ame no naka
El caracol camina
“pachin-pachin”
en medio de la lluvia

なみのおとしぐれてくらし
Nami no oto shigurete kurashi
SANTÔKA
Calado con el rumor de las olas
Oscuridad
Hay una ambigüedad en el original: el verbo shigureru es “estarse calando”, normalmente por el shigure (chubasco), pero puede ser estarse mojando por cualquier otra razón. Así que en el poema podría traducirse: “mojándome (por el shigure) oigo el sonido de las olas” o -en lenguaje un poco más figurado- “calándome por el sonido de las olas”. Nos inclinamos por la segunda posibilidad porque “olas” y “shigure” es, en un poema tan breve y sutil como el haiku, una insistencia excesiva en el tema del agua.
岩ばしる水がたたへて青さ禊する
Iwabashiru mizu ga tataete aosa misogi suru
SANTÔKA
Discurriendo por entre las rocas
el agua acaba en un azul remanso
en el que me purifico
En este haiku -en particular- el orden de aparición de las palabras es completamente esencial. Es un puro impresionismo poético: la mente del lector (es decir, su corazón) acusa impactos sucesivos por las imágenes que van mostrándose. En el original se nos dice: Roca (iwa), correr (hashiru), agua (mizu), acumulándose (tataete), azul (aosa), me purifico (misogi suru). Santôka nos va haciendo ver, escuchar, contemplar y, finalmente, compartir su rito. Nos lleva de la roca al agua, del agua al azul, y del azul al rito de purificación. El misogi es una ceremonia que sirve de entrenamiento en el camino de los yamabushi (monjes que viven en las montañas). De la roca y del agua sacarán su fuerza los que habrán de convertirse en montaña.

おにいちゃんかぜにあたってまえあるく
Onîchan kaze ni atatte mae aruku
Mi hermano mayor
chocando contra el viento
camina delante de mí

銭がない物がない歯がない一人
Zeni ga nai mono ga nai ha ga nai hitori
SANTÔKA
No tengo dinero, no tengo cosas,
No tengo dientes…
Estoy completamente solo
Este haiku comienza como una declaración de principios. De momento, nada nos sorprende. Es el haiku de un monje eremita que hace un elogio de la pobreza. Pero Santôka nunca va a darse la menor importancia. No tardará en romper la atmósfera trascendente que él mismo ha creado. La referencia a los dientes le va a recordar su soledad. Sólo un hombre que vaga de aquí para allá sabe la compañía que dan los dientes...

こすもすにきいろいおしりのはちとまる
Kosumosu ni ki-iro oshiri no hachi tomaru
En la flor kosmos
puso su culito amarillo
la abeja

うまれた家はあとかたもないほうたる
Umareta ie wa atokata mo nai hôtaru
SANTÔKA
No hay el menor vestigio
de la casa en que nací
Las luciérnagas
Nada está como antes. Los conocidos se han ido o han muerto. Un haiku de temática parecida es:
Aitai ga aenai oba no ie ga aoba-gakure
Quiero ver a mi tía pero ya no puedo
Su casa está ahora oculta
entre las hojas verdes
生きて世に寢覺嬉しき時雨かな
SHÔHA
Feliz despierto en este mundo
Vivo
Fina lluvia de otoño
旅のいたみを陽にあてる
Tabi no itami o hi ni ateru
SANTÔKA
Los dolores del viaje
expuestos al sol
En la cultura tradicional se expone al sol lo que ha de purificarse. El sol es el responsable último de la vida sobre la tierra. La diosa Amaterasu purifica lo que le presentamos y nos lo retorna limpio. Santôka expone a los rayos del sol su dolor. Que es cuanto tiene.
ひまわりにテストまんてんおしえたよ
Himawari ni testo manten oshiete yo
¡Le he dicho al girasol
que en el examen
me han dado cien puntos!

あの雲がおとした雨にぬれてゐる
Ano kumo ga otoshita ame ni nurete iru
SANTÔKA
Estoy calado por el agua
que esa nube ha dejado caer
A nuestro juicio hay un claro sentido de “ésa ha sido la nube que me ha puesto perdido de agua”, con el tono anismista del Japón antiguo, pero también una especie de comunión a través del elemento agua con la existencia, que ya pudo apreciarse en el haiku anterior (Daishô mo watakushi mo...). Con su acto de conciencia de saber de dónde proviene el agua que lo moja, en gran parte logra librarse de la irritación y el frío de estar empapado y, en cualquier caso, de su sinsentido. Ese agua no es un agua cualquiera, parece querernos decir: conozco su origen, su genealogía. En este sentido, el verbo castellano “calar” es útil por su doble significación de ‘lo que te cala físicamente’ y ‘lo que te llega hasta lo hondo emocionalmente’.

わたしのねあさがお九こさきました
Watashi no ne asagao kyûko sakimashita
Me han florecido
¿sabes?
nueve asagao

落葉ふみくるその足音は知っている
Ochiba fumikuru sono ashioto wa shitte iru
SANTÔKA
Reconozco este
ruido de pasos
por entre las hojas secas
Literalmente este haiku dice: “Hojas caídas / venir pisando / ese sonido de pies / en particular / estar conociendo”.
Hay tres posibles sentidos, gramaticalmente correctos. Si excluimos el más extravagante de ellos, aquel en el que el sujeto sería el sonido de los pasos, nos quedan dos interpretaciones más convencionales (englobadas ambas en la traducción que hemos dado):
1) Santôka oye los pasos de un conocido a quien espera
2) Santôka oye sus propios pasos
Si se nos pregunta, no obstante, por nuestra particular manera de entender el contexto de este haiku, diríamos que lo imaginamos de la siguiente manera. Santôka anda y anda por los caminos. Su caminar suena de un modo diferente dependiendo de la estación en que se encuentre. Acaban de caer las primeras hojas secas. Comienza el otoño. Sus pasos producen un sonido que Santôka rescata de su memoria de hace un año. Como si hubiera dicho: “Ha transcurrido un año. El ciclo se renueva. Sigo andando”.

春の水ところどころに見ゆるかな
Haru no mizu tokoro-dokoro ni miyuru kana
ONITSURA
En algunos lugares
ya puede verse
el agua del deshielo
かぶとむしひっくりかえしあしをふる
Kabutomushi hikkuri kaeshi ashi o furu
Un escarabajo pelotero
vuelto del revés
moviendo las patas
山のけはしさ流れくる水のれいろう
Yama no kewashisa nagarekuru mizu no reirô
SANTÔKA
La luminosidad del agua
va fluyendo por el camino abrupto
de la montaña
Hemos atendido sólo a una de las acepciones de reirô (“belleza de lo luminoso”) pero su otro significado no ha conseguido sobrevivir a nuestra traducción: “situación en la que se da un sonido claro y redondo”, que perfectamente puede ser producida por el agua que ha motivado el haiku. La impresión –que el poeta ha captado- de la luz derramándose y despeñándose contra las rocas para fluir generando a su paso la vida nos hace comprender que estamos ante un místico más que ante un simple conocedor de los gustos literarios de sus conciudadanos.

せんぷうきよこですやすやこいぬたち
Senpûki yoko de suya-suya koinutachi
Los perritos
duermen profundamente
junto al ventilador
Martes, 29 de mayo
Josemari Lorenzo Amelibia
Manuel Mandianes
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez