
露の玉いくつ持ちたるすすきぞや
Tsuyu no tama ikutsu mochitaru susuki zoya
ONITSURA
¡Cuántas gotas de rocío
llega a haber
en las cañas emplumadas!

鳶の舞う円心にいて藷を掘る
Tobi no mau enshin ni ite imo o horu
NISHIGUCHI SACHIKO
Traza el milano
un círculo. En su centro
recojo boniatos.

Meigetsu ya amado o akete tonde deru
名月や雨戸を明けてとんで出る
ONITSURA
La luna llena de otoño
Abriendo la puerta corredera,
salgo de un salto

風呂上がり母の匂いと虫の声
Furo agari haha no nioi to mushi no koe
Acabado el baño,
el olor de mamá
y el canto de los insectos

夕立が洗つていつた茄子をもぐ
Yûdachi ga aratte itta nasu o mogu
SANTÔKA
El chaparrón la dejó limpia
y yo
arranco la berenjena
“La limpió” no es suficiente. Limpia reluciente. Esto fue lo que a mi parecer sintió Santôka: la tormenta repentina acaba de pasar, el poeta va a la berenjena que había decidido comerse y ahora está sin barro, ni siquiera una mota de polvo, de un negro brillante. Santôka, por una vez, no tiene que limpiar una verdura para comerla porque ya lo ha hecho la Naturaleza por él. Hay un sentido de “para mí” (boku no tame) oculto en el haiku.
Otro haiku de temática similar dice:
Yûdachi hareta tomato-batake ni dete taberu
“Cuando escampa la tormenta de verano / salgo a comer al campo de tomates”.

春はうつろな胃袋を持ちあるく
Haru wa utsurona ibukuro o mochiaruku
SANTÔKA
Precisamente en primavera,
esta sensación de vacío…
¡En el estómago que llevo a cuestas!
Un haiku lleno de matices, de intención poética. Comienza con un Haru wa, “precisamente en primavera”, “no sé si sucede en otra estación del año, pero lo que es en primavera…”. Nos produce un cierto suspense lo que vaya a continuar diciendo. La primavera –poéticamente hablando- es uno de nuestros totem sagrados y recelamos que pueda sacársele la menor falta. La segunda palabra es utsurona, “vacío”. Pero no vacío como está un frigorífico antes de hacer la compra, sino vacía como está la habitación de un hijo tras su muerte. Será el mismo adjetivo japonés que emplearemos para “tener la mirada perdida” o “tener la cabeza ida”, para “un corazón que no ama”, “una vida sin sentido”, o “una palabra ociosa”. Cabría esperar para este adjetivo un sustantivo que mantuviese el nivel de emotividad. Y es precisamente entonces cuando Santôka rompe el aire meloso del poema con una palabra vulgar: ibukuro (“estómago”). Automáticamente, el adjetivo “vacío”, que corresponde gramaticalmente a “estómago” trata de separarse todo lo que puede de su obligado sustantivo y acercarse artificialmente a la “primavera” que dio origen al haiku. Santôka no ha seguido las leyes del habla común, que habría dicho “estómago vacío” de otro modo: karappo no ibukuro. Porque quería cogernos por sorpresa. Si no traducimos el haiku palabra por palabra, tal como se va produciendo en la mente del poeta y tal como luego lo expone en el original, la intención de Santôka se nos pierde.
Así, con la traducción palabra por palabra, hemos comprendido lo esencial: cómo el haiku súbitamente abandona el carácter sensible que le dieron sus dos primeras palabras (primavera, sensación de vacío) y se ha transformado en un haiku queja humorística. Podría haberse escrito así: “Sí, en primavera, yo también siento una sensación de vacío… ¡Pero en el estómago!...”.
Para concluir, el cuarto verso acaba la broma: es un estómago que no sirve para otra cosa que para cargar con él mientras se camina. En resumen, componen este haiku dos palabras que nos han elevado a los cielos de la sensibilidad y dos que nos han hecho esbozar una sonrisa de pura realidad. Ambos aspectos del mundo –lo sublime y lo terreno- comparten haiku con una fractura en su exacto centro. La intención de Santôka no puede ser más malévola. Es un haiku que echa a la cara de los románticos, un golpe artero dirigido al hígado de una cultura literaria proclive a la contemplación desde las terrazas de los palacios.
晝めしをたべにおりたる雲雀かな
ISSA
¡Cómo se precipitan
a por su comida de mediodía
las alondras!
魂棚や蚊は血ぶくれて飛びあるく
Tamadana ya ka wa chibukurete tobi aruku
ONITSURA
El altar de los antepasados
Los mosquitos se van volando
repletos de sangre

四方より花吹き入れて鳰の
BASHÔ
Pétalos que trae el viento
de todas partes y los sumerge
en el lago Nio

Ikinokori
Ikinokoritaru
samusa kana
生残り生残りたる寒さかな
ISSA
Sobreviviendo a mis seres queridos,
obstinado en sobrevivir…
¡Y muerto de frío!
Escrito por Issa al fallecer su mujer, poco después de la muerte de su cuarto hijo. La vida de Issa fue muy dura. Y bien podía resumirse en este haiku: la obstinación por la supervivencia. Es significativo que en nuestra lengua ikinokoru se traduzca “sobrevivir” (literalmente “sobre-vivir” sería seguir añadiendo nuestro “yo” a la vida). En japonés, ikinokoru podría entenderse de dos formas, atendiendo a su etimología: una modesta y otra aún más modesta. Ikinokoru es, literalmente, “queda (残
vida (生
”: no se ha gastado aún la vida que me había sido asignada. El “yo” no ha hecho nada para obtener y conservar el don de la vida, pero la tiene. La respuesta natural de quien ikinokoru es el agradecimiento. La segunda forma de interpretar etimológicamente la palabra es aún más humilde: Ikinokoru sería, también, “me han dejado (残
en la vida (生
”. “Sobrevivir” en japonés no es ser más fuerte que los demás, sino que todos te abandonen. Se pierde el matiz heroico de la palabra castellana “sobrevivir” y alguien que ikinokoru –llegado a determinado extremo- pasa a ser objeto de la compasión de los demás. El japonés tiene un sentido gregario ante la existencia. Un japonés no deja nunca de ser parte de un ware-ware (nosotros). Primero se pertenece a un “nosotros” y luego –en el mejor de los casos- se llega a ser un “yo” (que, dependiendo de las circunstancias, será boku, ware, atashi, oré, o watashi). Incluso cuando se suicida tirándose de un rascacielos, el japonés piensa en su sociedad, y hace el gesto de dejar el carnet de identidad en los zapatos para que nadie tenga la penosa tarea de tener que reconocerle entre sus restos. Es un civismo más allá de la cordura.
Sólo desde un punto de vista así se puede interpretar este haiku compuesto por tres palabras (ikinokori, ikinokoritaru, samusa) y una partícula (kana). La repetición ikinokori ikinokoritaru, gramaticalmente, expresa una insistencia en algo a pesar de todo lo que nos está sucediendo entretanto: “sigo y sigo sobreviviendo”.
Ikinokori ikinokoritaru es la médula de este haiku; pero no puede minusvalorarse el valor poético que tiene el frío (samusa). En este haiku, el frío alude directamente a la muerte. La muerte es la causa de la frialdad que va adquiriendo lo que antes vivía. Cuando la muerte nos pasa cerca sentimos un “escalofrío”. En castellano decimos “hace un frío de muerte”. Pues eso es lo que sintió Issa: ese frío, que es presencia de la muerte, como lo es el invierno para la Naturaleza.
En el poema original, debido a que el haiku no tiene cesuras métricas, ikinokoritaru samusa podría traducirse como lo hemos hecho, si estimamos que son dos versos diferentes, pero también podemos considerar que forman un solo verso y que Issa está hablando de sí mismo. En efecto, sería una traducción gramaticalmente correcta:
Todos me abandonan
en la vida…
¡Soy el frío que ha sobrevivido!

山深く隠るる山やほととぎす
MIHASHI TOSHIO
En lo hondo de las montañas
se esconden las montañas
Canta el cuco

じいちゃんをもやすけむりだ春の雲
Jîchan o moyasu kemuri da haru no kumo
Han quemado al abuelo
Es humo
Nubes de primavera

くづれる家のひそかにくづれるひぐらし
Kuzureru ie no hisoka ni kuzureru higurashi
SANTÔKA
Oculta en una choza en ruinas
mi vida en ruinas
Canta la cigarra
Una de las acepciones de higurashi se refiere a un tipo de cigarra, en concreto la tanna japonensis. Pero tiene otras que no resultan menos importantes para la traducción de este haiku. Higurashi significa también “De la mañana a la noche”, “Vivir al día” y “Una vida”. Es más que probable que el canto de una cigarra se entremetiera en ese vivir al día de Santôka, en esa vida arruinada, un día y otro sin levantar cabeza (kuzureru higurashi) que transcurre en una choza en ruinas (kuzureru ie).

落葉あたたかく噛みしめる御飯のひかり
Ochiba atatakaku kamishimeru gohan no hikari
SANTÔKA
Caen las hojas
Mastico cálidamente
la luminosidad de mi arroz hervido
Hay varias opciones para traducir este haiku. Literalmente, dice: “Hojas caídas / cálidamente / mastico / arroz hervido / brillo de”. Atatakaku puede aludir tanto al buen tiempo como al arroz. Sabemos que atatakai se refiere al tiempo atmosférico (a pesar de ser otoño) por el relumbrar de los rayos del sol, pero también a la temperatura de la comida y al sentimiento entrañablemente cálido del poeta que está comiendo su arroz en un paisaje de hojas caídas como el que come en un reino que no es de lo humano.

どての上ぶつかりそうに赤とんぼ
Dote no ue butsukarisô ni akatonbo
Sobre el borde de la ribera
parece que va a chocarse
una libélula roja
樹の奥に瀧も音して花や咲く
Ki no oku ni taki mo oto shite hana ya saku
ONITSURA
En lo profundo de los árboles
que ya han florecido
también se oye una cascada

かみなりだ東北地方まっくらだ
Kaminari da Tôhoku chihô makkura da
Es la tormenta.
La parte de la región de Tôhoku
está super oscura.

いさましや人の顔照る神祭
Isamashi ya hito no kao teru kamimatsuri
ONITSURA
La bravura de los hombres
Sus caras alumbradas por el fuego
durante la fiesta de los kami
Los kami son los ancestros a los que se dedican las fiestas. Parece que no hay en este haiku “palabra de estación” (kigo), pero en Satoe Nana Kuruma aparece originalmente clasificado en la sección de verano, con un breve texto que dice “el día 15 de mayo, invitado a la fiesta de Templo de Imamiya”.

大きいな私と背比べきりひと葉
Ôkî na watashi to sekurabe kiri hitoha
Las hojas enormes
de la paulonia
Me mido con ella

木枯らしの取り残したるリンゴ三つ
Kogarashi no torinokoshitaru ringo mitsu
KAMEGAYA CHIE
El vendaval…
Han quedado sin recoger
tres manzanas.

さみだれや鮓のおもしもなめくじり
Samidare ya sushino omoshi mo namekujiri
ONITSURA
Con las lluvias de verano,
en la piedra de aplastar el sushi,
una babosa

春の山動物たちが動き出す
Haru no yama dôbutsutachi ga ugokidasu
Montaña de primavera
Los animales comienzan
a moverse

さや豆の指につめたき朝をつむ
Sayamame no yubi ni tsumetaki asa o tsumu
KAMEGAYA CHIE
Cosechando la soja
recogiendo en los dedos
la fria mañana

柳散清水涸れ石処どころ
Yanagi chiri shimizu kare ishi tokoro dokoro
Traducciones que ha recibido en castellano:
1) Hojas de sauce. / Arroyo seco. Piedras / acá y allá. (Teresa Herrero-Jesús Munárriz).
2) Hojas de sauce, / un fresco arroyo seco, / rocas dispersas. (José María Bermejo).
3) Hojas caen del sauce / El río sin agua / Guijarros a trechos. (Justino Rodríguez, Kimi Nishio, Seiko Ota).
4) Mondos los sauces, / secas las aguas claras, / acá y allá piedras. (Antonio Cabezas).
Comentarios a las traducciones:
Dos de los traductores han olvidado en su versión toda referencia al verbo "caer" (chiru): "Hojas de sauce"… ¿qué? ¿Las veo, las veo en los árboles, en el suelo? ¿Caen o están caídas? El verbo es necesario. De poco nos sirve encajar nuestro haiku castellano en 5-7-5 si hemos perdido un verbo. Cabezas traduce yanagi chiri por "mondos los sauces", usando una palabra castellana poco poética y que también omite el verbo "caer". Será mejor "Han caído las hojas de los sauces".
El haiku no habla de un arroyo ni de un río sino de shimizu (agua limpia, agua pura): agua de manantial que discurre. Tampoco es agua de lluvia. En el diccionario japonés-japonés Daijisen aparece shimizu: "agua clara que mana desde las tierras o de entre las rocas". Y, respecto a la traducción de Bermejo, añadir que ni en castellano ni en japonés tiene sentido la expresión un "fresco arroyo seco". Si es un arroyo fresco no es un arroyo seco. El único que no transforma shimizu en río o arroyo es Cabezas, pero pierde el otro verbo que le quedaba. Comprendo lo difícil que es la traducción de este haiku sin perder nada. Pero "kare shimizu" ("kare" como adjetivo) y "shimizu kare(te)" ("kare" como verbo) no es lo mismo. "Shimizu kare(te)" significa "se ha secado el agua". Sin embargo, "kare shimizu" significaría "el agua seca", sin verbo. Si se tratara de un adjetivo tendría que estar situado delante y no detrás: en japonés tiene sentido escribir "el agua está seca" pero no estoy seguro de que en castellano resulte bien. Los verbos se deben mantener, porque expresan la transición del tiempo.
Para terminar, ishi, como "piedras" o "guijarros" está bien. Rocas (iwa) resulta excesivo.
Contexto histórico del haiku:
Este haiku de 1743, cuando Buson tenía tan sólo 28 años, es un haiku de invierno, cuyo kigo (palabra estacional) es "mizu kareru". Buson se encuentra en el paisaje de invierno frío en el que Saigyō creó un célebre waka sobre un sauce y el agua clara. Aquella época en ese lugar había sauces verdes y agua clara, y hoy día sin embargo no se ven nada más que piedras dispersas.
Es de consenso (y de lógica) que se traduzca a partir de una estrofa de 5-5-8. Tiene 18 sílabas:
Yanagi chiri
shimizu kare
ishi tokoro dokoro
Propuesta para la traducción:
Sin forzarnos a hacer una traducción breve -eso puede ser tarea vuestra- el sentido del haiku es
Han caido las hojas de los sauces
Se ha secado el agua que manaba
Piedras aquí y allá
Sólo así mantenemos el orden de los asombros en japonés, los dos verbos del original, y las dimensiones reales del agua que mana.
Un tímido intento:
Deshojados los sauces
Se secó el manantial
Piedras dispersas

釣鐘にとまりて眠る胡てふ哉
Tsurigane ni tomarite nemuru kochô kana
Traducciones que ha recibido en castellano:
1) En la campana del templo / duerme profundamente / una mariposa. Maurice Coyaud
2) En la campana / del templo está dormida / la mariposa. José María Bermejo
3) Sobre la campana del templo / duerme / la mariposa. Alberto Manzano
4) Duermes en la campana / de bronce oscurecido, / ¡mariposa!. Alberto Silva.

水無月の汗を離るるほとけかな
Minazuki no ase o hanaruru hotoke kana
ONITSURA
Se ha librado
de los sudores del mes de junio...
¡Ya es un Buda!
又もまた花にちられてうつらうつら
Mata mo mata hana ni chirarete utsura utsura
ONITSURA
Otra vez y otra más
al caer las flores del cerezo
este abotargamiento…

お母さんかげが長いよりんごもぎ
Okâsan kage ga nagai yo ringomogi
¡Qué larga
la sombra de mamá
recogiendo manzanas!

ねむりふかいむらをみおろししとしている
Nemuri fukai mura o mioroshi shito shite iru
SANTÔKA
Desde lo alto
orino hacia la aldea
que duerme un sueño profundo
Mirado desde arriba –eliminada la perspectiva- parece enteramente que está orinando sobre el pueblo. En el gesto de Santôka se dan a la vez una serie de sentimientos cruzados: él, desde la altura de la montaña, en la noche, sin que nadie pueda verlo, apunta con su pipí a una aldea, que duerme en sueño profundo, el sueño de la noche y quizá el sueño de la rutina, y orina con placer... En este haiku hay descaro, hay travesura, hay arrogancia, hay autocompasión y hay compasión, todo al mismo tiempo.
杖ついた人は立ちけり梨の花
Tsue tsuita hito wa tachikeri nashi no hana
ONITSURA
El hombre del bastón
se ha puesto en pie
Peral en flor
Martes, 29 de mayo
Josemari Lorenzo Amelibia
Manuel Mandianes
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez