El alma del haiku

¿Amor en el haiku?

16.05.11 | 12:00. Archivado en A2) Autores de haiku, Clásico, A4) Tipos de haikus

Kiri ni kanashi to
kokoro toke futari
soiyukeri

霧にかなしと心とけ二人そひゆけり
ISSÔ

En la bruma tristemente
dos que caminan fundiendo
en uno sus corazones

Ya hablamos de esta cuestión. Y sin embargo periódicamente vuelve a ser necesario recordarlo con otras palabras. Por qué no se nos permite expresar el amor o el desamor que sentimos en forma haiku suele ser una de nuestras principales inquietudes cuando nos iniciamos en haiku. El amor en la historia de la literatura occidental es probablemente el tema por antonomasia, eso que ha dado lugar a los más impresionantes poemas y las más extraordinarias novelas. Pero en Oriente no es un asunto tan importante. En Oriente, el tema que merece océanos de tinta sería la Naturaleza. Podría ser que entre ambos temas no hubiera conflicto, podría ser que el hombre fuera capaz de ubicar su amor en la Naturaleza, y de hecho así se hizo en la poesía china tradicional. También la poesía japonesa –hasta la llegada del haiku- comenzó a escribirse con estos mismos criterios: usar la Naturaleza de marco en el que se inserta un sentimiento –amar- que es para los seres humanos tan natural como para la nube verter la lluvia.

No se tardó mucho, sin embargo, en Japón en independizar sus criterios poéticos de los chinos, y fue tal vez el darse cuenta de que en la práctica ese amor ubicado en la Naturaleza acaba haciéndose con todo el protagonismo. Antes o después, los seres humanos terminan por olvidar que la Naturaleza es lo que contiene lo sagrado, o que es lo sagrado en sí misma, y que –en el mejor de los casos- el amor es aquello a lo que hemos cargado con la responsabilidad de dar sentido a nuestras vidas mientras que lo que realmente nos sostiene en cada instante es lo sagrado, anónimo, mudo. Vamos y venimos, sentimos cosas, escribimos cartas de amor, miramos con ternura a nuestra pareja o lloramos, y así rellenamos nuestros días de sentido; pero durante todos esos días no hemos dejado de respirar, de ver, de tener consistencia, de mover nuestros músculos, de pesar sobre la superficie de la tierra, y eso es precisamente –para un oriental- la manifestación en nosotros de lo sagrado. Esa misma sacralidad que en nosotros nos es apenas perceptible se encuentra, inagotable, infinita, múltiple y siempre asombrosa en la naturaleza exterior.

En resumen, verbalicemos una vez más la recurrente pregunta de los que se inician en haiku: ¿Pueden escribirse haikus de amor? Como poder, puede hacerse; igual que podemos estar visitando el Gran Cañón del Colorado con miles de rollos de película y filmarnos los pies. Escribir de amor es hablar de uno mismo, y hablar de uno mismo entre japoneses es pura y sencillamente mala educación. En Japón no hay romanticismo porque no hay vanidad. El pensar que alguien nos ame hasta poder morir si no consigue el anhelo de estar con nosotros es una idea que tiene que encontrar respaldo en una visión sobredimensionada de nosotros mismos. En Japón el amor es una cuestión práctica: hay que encontrar pareja para contribuir al futuro estable de la sociedad. El romanticismo, fuera de la adolescencia, está francamente mal visto en la sociedad japonesa, pues es un factor de desorden psicológico en lo personal y social.

Todo lo más, el amor podría ser “salvado” para el mundo del haiku si nos referimos a un amor como hecho natural: dos amantes –como en el ejemplo propuesto- que pasean su amor como si fueran dos pájaros o dos mariposas.


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