Decíamos que la paz es silencio, aunque haya sonido. La molestia (urusai) es ruido, aunque haya silencio. El japonés es una lengua complicada porque el corazón de los japoneses es complicado. En japonés puedes escuchar cómo se dice literalmente “Me divirtió el silencio” (watakushi wa shizukesa o tanoshindeitá), cuando uno ha estado en paz en cierto momento y cierto lugar. ¿Es la paz o la calma “divertida”; qué hay de "divertido" en el silencio para nosotros? Esa frase resulta prácticamente intraducible en nuestra lengua.
Diríamos sin miedo a exagerar que miles de haiku hablan de la shizukesa de la Naturaleza.
Por ejemplo, ése de Santôka que dice:
やまのしずかさへしずかなるあめ
Yama no shizukasa e shizukanaru ame
Con dirección
a la montaña tranquila,
una lluvia que se va tranquilizando
Y Gonsui:
魚はねて水靜也ほとゝぎす
Uo hanete mizu shizuka nari hototogisu
Salta una carpa
El agua vuelve a la calma
Canta el cuco
Sólo el silencio nos permitirá estar atentos. Únicamente poner fin a
nuestro ruido cotidiano podrá concedernos el estado de apertura a
la Naturaleza que va a nutrirnos espiritualmente. Y será agudizando
nuestros sentidos dentro de ese silencio. Como escribe Chora:
静かさや散るにすれあふ花の音
Shizukasa ya chiru ni sureau hana no oto
Silencio:
el sonido de las flores
rozándose al caer
Martes, 29 de mayo
Josemari Lorenzo Amelibia
Manuel Mandianes
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez