La captación de lo que la armonía demanda en cada instante no necesariamente tiene que ser comprendido ni verbalizado. Los japoneses se comunican a nivel del hara; es lo que llaman el hara-gei, el arte de la comunicación con el hara. Se trata de sassuru, de comunicar en silencio, de que todo nuestro cuerpo hable. "No estar en silencio" en japonés y "molestar" en principio son la misma cosa: urusai. Las palabras confunden. La armonía no precisa palabras. El discurso cansa. Tras un período largo en Japón uno puede escuchar, como le ocurrió al Padre Masiá (del blog http://blogs.periodistadigital.com/vivirypensarenlafrontera.php), una mezcla de reproche y halago en estos términos: “Bien, ya sabe hablar en japonés. Ahora debe aprender a callar en japonés”.
Martes, 29 de mayo
Josemari Lorenzo Amelibia
Manuel Mandianes
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez