Ôyuki ga
osu zendô no
yukigakoi
大雪が押す禅堂の雪囲ひ
SEISHI
La gran nevada
Los setos del templo zen
comienzan a ceder
Situémonos en el instante del haiku: La interminable tempestad de nieve, un pueblo nevado, un pequeño templo resistiendo, silencio total, un crujido en la noche… Sin silencio no hay crujido. Este haiku sólo se da en el silencio. Y demuestra que el haiku no es sólo asombro; también puede ser temor. Un temor indefinible. No es el “yo” del poeta el que corre peligro; es el “yo” de un templo. Un templo acorralado por la nieve que se siente crujir en la noche. El templo ha sido el que ha hecho escribir a Seishi. Los setos que lo protegen de la nieve (yukigakoi) comienzan a ceder. La fuerza de la blandura acumulada. La suavidad de tanta nieve que acaba haciendo crujir la madera de los setos. La blandura que vence.
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Verdaderamente la nieve es una gran amenaza para la vida de invierno. Además el templo 'do' 堂 es más pequeño que el templo ´tera´寺 y suele estar aisladamente en la naturaleza. Me da una sensación muy frágil frente de la fuerza de la naturaleza. A prpósito, hay dos palabras de invierno ´kigo´¿no?
Martes, 29 de mayo
Josemari Lorenzo Amelibia
Manuel Mandianes
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez