
Hashimori to katarite
tsuki no
nagori kana
橋守と語りて月の名殘かな
TAIGI
Estaba charlando
con el guarda del puente…
¡La despedida de la luna!
He aquí un haiku con muchas traducciones posibles y distintas. La dificultad reside en los siguientes puntos:
1) Por una parte, no sabemos quién es el sujeto de kataru (charlar). Lo más sensato es que sea el poeta el que habla con el guarda del puente. Aunque, gramaticalmente, podría ser la luna la que conversa con el poeta. Esta segunda interpretación, a nuestro juicio, personificaría innecesariamente a la luna; sería una interpretación extraña y excepcional en la poética del haiku:
La luna y el guarda del puente
Conversación en la noche
Y, por fin, el adiós
Vamos a dejar de lado esta posibilidad, y a quedarnos con el sujeto más convencional: el poeta.
2) Por otra parte, está el nagori. Nagori podría ser el “adiós” del poeta que ha estado hablando toda la noche con el guarda. En ese caso, la cesura métrica debería ser un 9-3-5 sin concesiones: Hashimori to katarite / tsuki no / nagori kana, y una traducción libre del mismo sería:
Charlando con el guarda del puente
una noche con luna
hasta que nos despedimos
Evidentemente, el haiku en este caso perdería una gran parte de su potencial poético. Es más probable que nagori afectase a la luna (tsuki no nagori). Si fuese así, la cesura métrica que con más probabilidad le habría dado el poeta sería la misma (9-3-5), aunque legítimamente pudiera forzarse el haiku en dos versos de 9-8 Hashimori to katarite / tsuki no nagori kana. En cambio, la traducción sí sería muy diferente, y tendría tres variantes:
A) tsuki no nagori, “el adiós a la luna”, puede ser interpretado como la última luna llena del ciclo anual (la última luna de otoño)
B) tsuki no nagori, asimismo puede referirse a la luna a punto de desaparecer al alba
C) Por último, los diccionarios japoneses “de las palabras antiguas” nos hablan incluso de una tercera acepción para ese tsuki no nagori: esa luna que hace dos días fue llena y ahora comienza a dejar de serlo, tomando una forma abombada.
Por tanto, tres nuevas posibilidades. Siempre en traducción libre, para que se entienda mejor la diferencia entre ellas:
Charlando con el guarda del puente,
me despido de la luna llena
hasta el año que viene
De conversación con el guarda del puente
La luna acaba ocultándose
para dar paso al alba
Hablando con el guarda del puente
¡Lo que queda de lo que fue
una luna llena!
Respecto a la clasificación de este haiku, es tan enigmática como su traducción. ¿Querría contarnos el poeta que estuvo toda la noche hablando con el guarda del puente y que acabó viendo cómo la luna “se despedía” de él? ¿Querría tal vez decirnos que la conversación le había impedido contemplar la luna más hermosa del año? ¿O que estuvo toda la noche en compañía de la luna y de su amigo sin que la charla fuera un obstáculo a la contemplación? ¿Se trataba de la última luna llena del otoño, o una luna que va perdiéndose en el horizonte al terminar la noche, o una luna deformada después de haber sido luna llena hace tres días? Casi todo, por tanto, son dudas. Tenemos, no obstante, algunas sospechas de lo que pudo –y no pudo- haber ocurrido. No creemos, por ejemplo, que fuera el guarda el que estuviera a solas con la luna, porque entonces estaríamos forzando a esa luna a hablar (kataru) con el guarda. Tampoco parece que el nagori sea una despedida de los que han estado hablando, sino algo relativo a la luna.
Nos inclinamos a pensar que este haiku resalta la angustia del poeta por el nagori de la luna y que dicho sentimiento se enmarca en un tipo de sensibilidad antigua, de calendario cíclico, donde cada día muere la luna al alba y cada año muere la luna llena tras el 13 de kugatsu (el noveno mes del calendario lunar). Las lunas llenas que habrá hasta el próximo 13 de kugatsu serán pálidas sombras de esta luna. El motivo poético con más pathos de este haiku es la muerte de la luna. Pero no creo que Taigi lo concibiera con tanta fuerza, porque Taigi no es Bashô ni Santôka, sino un maestro especializado en el haiku de jinji [asuntos humanos].
Aprendemos ahora a saborear lo inconcreto, la belleza de lo indefinido, cinco haikus en lugar de uno, la destrucción de la lógica que dicta que una cosa no puede ser su contraria. Traducir haikus es un ejercicio de humildad. Los traductores sólo conocemos con certeza las posibilidades de lo que queda recogido en el haiku. Es decir, la imposibilidad de la certeza.
Sábado, 18 de febrero
Salvador García Bardón
Alejandro Córdoba
Movimiento Rural Cristiano
Pedro Tarquis
Vicente Haya
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Jose Gallardo Alberni
Guillermo Gazanini Espinoza