Modos de analizar un haiku
06.10.08 @ 12:00:00. Archivado en Buson, Clásico, haiku de lo sagrado

Akeyasuki yo o
iso ni yoru
kurage kana
明やすき夜を磯による海月哉
BUSON
Cede la noche
A la costa rocosa se acerca…
¡Una medusa!
Analícese, para comenzar, el aspecto “narrativo” de este haiku:
• En primer lugar, nos muestra la claridad –ideograma compuesto de sol y luna-, una claridad "fácil" para la noche, es decir, una noche que fácilmente amanece, una noche corta, noche de verano. Buson ha iniciado su haiku presentándonos un cielo en el que despunta la aurora.
• En segundo lugar, “enfoca” a la tierra bajo sus pies: una costa rocosa. (Les invito a que miren detenidamente este ideograma. No representa simplemente una costa marina. Está lleno de aristas y tiene la dureza del tipo de lugar de que “habla”)… Seguimos leyendo: se nos dice -a continuación- que iso ni yoru, “a la costa rocosa se acerca”, sin que nos pase desapercibido el hecho de que el verbo yoru (acercarse) es homónimo del sustantivo yoru (noche). La costa rocosa sigue oscura como la noche; sólo es la línea del horizonte la que apunta cierta claridad.
• El poeta lleva nuestra mirada, en tercer lugar, al mar… Del firmamento hemos ido a la tierra rocosa y de ésta al agua… Y allí ¿qué encontramos? Una medusa. “Medusa” en japonés puede escribirse “luna de mar” o “agua madre”. En este caso, el poeta ha preferido la opción menos corriente: “luna de mar”: Una “luna de mar” en el agua junto a una costa dura y oscura, bajo un firmamento a punto de amanecer… ¡Qué difícil es escribir un haiku perfecto!
Hemos analizado este poema desde el punto de vista “narrativo”. Pero hay otros muchos niveles para acercarse a un mismo haiku:
• Podríamos acometer un acercamiento auditivo, casi musical, en el cual el haiku debe hacernos sentir lo que trata de expresar. Naturalmente, sin el conocimiento de la lengua original nos faltarán los mecanismos necesarios con que esta sensación auditiva entre en nuestro corazón. En este caso, es de sonoridad dulce, con sonidos planos (akeyasukiyo-o-iso), que suenan como un mar calmado en la noche. Ese mar sólo tiene un cuerpo extraño, un sonido “gue” de kurage, medusa, que va a “pesar” –se dice en japonés- más que el resto. La cesura métrica que lógicamente hay que dar al poema también nos cuenta algo de su objeto: será un haiku que vaya de la extensión inusitada de su primer verso (el que habla del firmamento) a la concreción y brevedad enfática del último (en el que sólo hay una medusa con un signo de interjección).
• Podríamos plantear un acercamiento visual al haiku en cuestión. Veremos, entonces, los kanjis que lo han compuesto -uno tras otro- como si contempláramos un espectáculo: “Sol-luna”, “noche”, “roca”, “mar-luna”. La claridad y la oscuridad, lo duro y lo blando, concatenándose, entremetiéndose unos en otros ante la mirada atenta del poeta. Estos ideogramas esconden todo un juego de contrarios yin-yang que nos envuelven en su elegante alternancia: claridad-noche, firmamento-mar, mar-tierra, roca-medusa.
O, por último, podríamos estudiar un acercamiento conceptual al mismo. Ahora no serán los sonidos los que nos hagan escuchar lo que ocurre, ni los ideogramas los que nos hagan ver los elementos presentes en la escena, sino los conceptos que se expresan. En este caso, “amanecer”, “costa de roca”, “acercarse”, “medusa”. Tal vez el poeta ha pasado la noche entera en contemplación junto al mar, en la intimidad de ambos (océano y oscuridad), sin poder distinguir nada, hasta que al alba es capaz de vislumbrar una primera forma bajo el agua, la de una medusa, quizá muerta o que viene a morir a la orilla. Una medusa que va en dirección a la costa a herir su cuerpo contra las rocas .
Comentarios:
Muchas gracias, maestro.
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Vicente Haya
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