Kozue yori
ada ni ochi keri
semi no kara
梢よりあだに落ちけり蝉の殻
BASHÔ
Desde lo alto del árbol
cayó sin el menor significado
la cáscara de una cigarra
La existencia de la cigarra es un signo al que el pueblo japonés no ha permanecido ajeno. Una cigarra pasa de cuatro a siete años bajo tierra hasta que nace. Una vez que despierta a la vida, sube al árbol más cercano, deja su cáscara, y –tras ello- vive unas dos semanas. Una vida breve, tras una nada eterna y antes de una nada eterna. Y, el poco tiempo que está en la existencia, lo pasa haciendo ruido. Ese ruido significa para la cultura japonesa tantas cosas… A pesar de que el haiku no trabaja con simbologías conscientes, los elementos que emplea tienen sus naturales resonancias en la cultura en la que se insertan. Y la cigarra (semi) siempre fue en Japón el símbolo de lo que es hakanai [儚い], de lo efímero. De hecho, ese ada ni que aparece en el segundo verso del original – “sin el menor significado”- tiene en el diccionario japonés también el significado de hakanaku: “lo que está al límite de la nada”.
En este haiku, escrito cuando Bashô tenía 34 años y acababa de convertirse en un escritor “profesional”, los versos están dispuestos según las normas que iban a caracterizar al haiku clásico: Bashô coloca en el primero la referencia espacial -“Desde lo alto del árbol” (Kozue yori)- igual que hubiera podido dedicar ese primer verso a cualquier especificación temporal. En el segundo, como debe ser, está “el eje”: “sin el menor significado cayó” (ada ni ochi keri). El tercer verso habrá de restañar la “herida poética” que causó el segundo, para que el lector vuelva a la calma de su vida ordinaria tras la conclusión del haiku. Por eso, de tercer verso, se suelen poner, o bien elementos añadidos a la escena de valor secundario (cuando en los dos primeros versos ha quedado perfectamente expuesto el suceso), o bien el protagonista del haiku (cuando es una criatura poco espectacular). Se reserva para el primer verso el espacio de los protagonistas más impactantes (el rayo, la lluvia de primavera, el olor de los ciruelos…). En este caso, que la cáscara de la cigarra estuviese en el primer verso habría sido de una pretenciosidad intolerable. Fue Bashô quien consagró estas reglas del haiku bien construido; así que ahí está como tercer verso su semi no kara (cáscara de cigarra), que en japonés se conoce con la palabra utsusemi. Este término –utsusemi- es muy rico en sugerencias. Además de “cáscara de cigarra”, y además de ser el nombre propio de un personaje del Genji Monogatari, significa “cuerpo mortal”, y también “fuera de sí” y “sin fuerzas”. Por ejemplo, en japonés se dice: miwa utsusemi no kokochi shite (“tener la sensacion de haber salido del propio cuerpo”).
Respecto a la clasificación de este haiku, con evidentes resonancias budistas, nos parece que pretendía hacer reflexionar al lector –haiku para ser pensado-, pero que, sin embargo y prodigiosamente, ha escapado al control de su autor y se ha vuelto un haiku de lo sagrado. Al haber sido captado -en ese intento de pensamiento poético- un rasgo de lo real tan íntimo al ser de las cosas, este haiku ha dejado de ser el fruto de un pensamiento, y ha abandonado su misión autoimpuesta de hacer reflexionar a nadie. No vamos a defender a estas alturas el “haiku filosófico”. Y, en la medida que la intención original de este haiku al escribirse, fue hacernos pensar y no hacernos sentir, nos desmarcamos de cualquier elogio del mismo. Este haiku no es el fruto de una impresión sino de una reflexión, de una valoración de las cosas. Pero hay que reconocerle a Bashô el talento de hacer que esa valoración –“sin el menor significado”- encaje tan bien en la naturaleza del mundo –un mundo que es en su totalidad ada- que a poco de leerlo ya hemos conseguido ubicarnos en la escena, en el momento del haiku. Lo que importa es que Bashô nos ha llevado allí y que estamos contemplando lo que él contempla. Que cada cual esté luego en el lugar del haiku del modo que crea mejor. Bashô, reflexionando sobre el sin sentido; y, nosotros, sin pensar en nada, liberados de nuestra cárcel de pensamientos, dejándonos cercar de cáscaras de cigarra que caen sin ton ni son. Exactamente como es todo en el universo; un universo donde lo más trascendental sucede porque sí y para nada.
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Considero que, en el segundo verso:
"cayó sin el menor significado" y, luego, en el comentario, "...cáscaras de cigarra que caen sin ton ni son", están suprimiendo la enorme significación que el hecho tiene, desde el momento que la concatenación de
las ínfimas fugacidades es la que genera el constante devenir, su flujo continuo. Y restarle importancia es no reconocer en lo efímero su trascendencia.
Mis saludos.
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"No vamos a defender a estas alturas el “haiku filosófico”. Y, en la medida que la intención original de este haiku al escribirse, fue hacernos pensar y no hacernos sentir, nos desmarcamos de cualquier elogio del mismo. Este haiku no es el fruto de una impresión sino de una reflexión, de una valoración de las cosas. Pero hay que reconocerle a Bashô el talento de hacer que esa valoración –“sin el menor significado”- encaje tan bien en la naturaleza del mundo –un mundo que es en su totalidad ada- que a poco de leerlo ya hemos conseguido ubicarnos en la escena, en el momento del haiku".
Pues sí. Sin embargo, sin la fórmula "sin el menor significado" habría conseguido el mismo efecto. Y quizás habría despertado en nosotros la idea de que la caída de la cáscara se pruduce sin significado.
Martes, 29 de mayo
Josemari Lorenzo Amelibia
Manuel Mandianes
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez