
Umizuki no
hara o kakaete
taue kana
産月の腹を抱えて田植かな
KYOROKU
Este mes saldrá de cuentas,
le pesa la barriga
¡y está plantando arroz!
Con toda seguridad el tema de la Compasión Universal no es sino una intromisión de la sensibilidad budista en el mundo natural del japonés tradicional. El japonés es un individuo al que se le ha educado para no dejarse llevar por emociones personales que le hagan actuar por su cuenta, sea movido por la compasión o por cualquier otro sentimiento. Las necesidades del grupo no contemplan sino como una carga la existencia de miembros inactivos, parásitos o débiles. A pesar de que exista entre muchos occidentales la idea de que los japoneses son una cultura budista, algo tan esencial en el Budismo como la Compasión Universal apenas ha calado en la escala de valores japonesa y en sus claves de organización social, uno de cuyos conceptos fundamentales es lo tanin, lo ajeno, lo que no nos incumbe.
Lo que es tanin a cada uno de los japoneses no le interesa, o mejor dicho, no debe interesarle. La sociedad está organizada para que todo el que es activo en su construcción y consolidación esté protegido en todo momento, de la cuna a la sepultura. La protección de lo que se encuentra desvalido no pertenece a la esfera de lo privado, sino a la de lo público. Y por eso mismo, si uno siente compasión, no tiene demasiado sentido expresarla y mucho menos dejarse llevar por ella y tomar medidas por cuenta propia al margen de lo estipulado por el grupo social para esa situación. Expresar compasión puede llegar a significar que la sociedad tiene defectos en su forma de organización, puede debilitar la autoestima del compadecido, puede crear cierto hábito de ampararse en el victimismo en todo aquel que necesite de cierto protagonismo y que no le importe canjearlo por su desgracia. La compasión no es operativa, no sirve a los intereses del grupo; no contribuye a la resolución de las situaciones con eficacia. La laboriosidad, la abnegación, la disponibilidad son un valor; la compasión es un lastre.
Y en una cultura con tales claves, de pronto, encontramos haikus que muestran la preocupación de un poeta por algún sufrimiento que le rodea.
El haiku que hemos puesto de ejemplo de haiku de Compasión Universal, sin embargo, es un haiku cuya naturaleza puede resultar controvertida para algunos. Hekigodô defendía su carácter satírico, y lo explicaba como una crítica a la actitud masculina en la sociedad japonesa respecto a la mujer. Habrá también quien lo presente como un haiku de lo sagrado, toda vez que hay una curiosa resonancia en este poema cuyo tema es una mujer embarazada trabajando en un campo “embarazado”; lectura muy forzada a nuestro juicio. Para nosotros es claramente un haiku de Compasión: al poeta le desasosiega que una mujer embarazada de nueve meses, a punto de dar a luz, siga trabajando el campo. Este haiku se resiste a que la propia cultura que lo ha gestado le dé un sentido diferente al que desgraciadamente tiene, disfrazándolo como divertido o solemne. Así pretendan los críticos japoneses maquillar su verdad, es un haiku de compasión cuyo entendimiento desde el punto de vista nipón es claro e inequívoco. Cualquier japonés que lo lea sentirá en su interior algo así como: “Me avergüenza lo que este haiku cuenta al mundo de mi país, pero así es como ocurre en verdad”.
Martes, 29 de mayo
Josemari Lorenzo Amelibia
Manuel Mandianes
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez