
Kasa o nugi
shimijimi to nure
笠をぬぎしみじみとぬれ
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Por regla general, si el haijin habla de sí mismo –y apenas lo hará en un “haiku de lo sagrado”- se referirá a cómo le ha afectado algo del exterior y no usará ningún pronombre personal:
Kasa o nugi
shimijimi to nure
笠をぬぎしみじみとぬれ SANTÔKA
Literalmente, kasa o nugi (sin sujeto: “hay alguien que se desprende de su sombrero de bambú”), shimijimi to nure (sin sujeto: “hay alguien que está empapado hasta lo más íntimo”). Aunque una traducción literaria –como en el caso anterior- nos demandará un sujeto:
Calado hasta el tuétano,
ya me puedo quitar
el sombrero de bambú
El “yo” -manifiesto o presupuesto- es lo de menos. No importa a quién afecten las cosas, mientras la sensación haya tenido lugar en el mundo de lo real. La fuerza de este haiku no está en el sujeto sino en el término que lo vertebra: shimijimi, que comunica la impresión de algo que se ha sentido con una profunda intimidad.
Shimijimi es un adverbio que procede de una sensación cutánea como los verbos de shimu, shimiru, shimikomu, nijimu, najimu. Por paradójico que pueda parecernos, el haiku en general es un arte menos visual que tactual. El sentido que nos lleva al haiku es el tacto, no de las manos, naturalmente, sino de toda nuestra piel. Por eso afirma Kôbô Abe en "La mujer de arena" que si alma existe está en nuestra piel:
文明の高さは、皮膚の清潔度に比例しているという。人間に、もしか魂があるとすれば、おそらく皮膚に宿っているにちがいない。
«Se dice que la altura de una civilización se mide por el grado de limpieza de la piel. Si la persona tiene un alma, ésta debe sin duda morar en su piel»
Hay poetas de haikus más visuales, como Buson, porque también son pintores y tienen educada su percepción con cierta deformación profesional. Pero lo corriente es que un poeta de haiku llegue a serlo por la capacidad de su piel de sentir el mundo que le rodea.
Nuestra traducción de shimijimi en este caso, aplicándose a la lluvia que está mojando al poeta, puede atender al doble sentido –físico y emocional- de nuestra expresión “Calar hasta el tuétano”.
Este haiku es de una belleza rotunda, que no deja margen a nuestros caprichos de belleza. Se nos hace ver a un hombre abandonado al mundo con una sola protección: un sombrero de bambú; y que incluso esta única protección se le torna inútil en cierto momento. Más que inútil: cuando lo que le resguardaba pierde su utilidad, pasa a ser un peso más del caminante. Podría habernos dicho lo mismo con otras palabras: “Un sombrero ya innecesario / Reconozco que no puedo estar más empapado”. Hay un sentimiento elegante y profundo –sin victimismos de ningún tipo- de no haber obtenido esta vez la protección de la existencia. Por eso, el poeta puede hacer referencia a sí mismo; porque él no importa. Lo único que importa es la acción que tiene lugar en él. Como en este otro haiku:
Shimijimi
kasarete iru koto ga
hokorobi nû toki
しみじみ生かされていることがほころび縫うとき SANTÔKA
Profundamente emocionado
por seguir vivo,
es hora de remendar mis ropas
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Pues perdonad que arrime el ascua a mi sardina, pero el trabajo de atención y liberación respecto a la "realidad voraz" (bonita expresión de Vicente) a la que nos arrastra ese "yo" en el fondo diminuto pero implacable en su voracidad me recuerda mucho a lo que se asiste durante una sentada de meditación zen.
Y respecto a lo del maestro (¡ojalá pudiera yo conocer a uno!, que también dice Vicente) en la tradición budista-zen es conocida la expresión que dice: "cuando el discípulo está a apunto aparece el maestro". Y eso también forma parte del misterio.
Entiendo bien lo que dices. Pero el "yo" es una realidad voraz. Atiendes su legítima hambre y en cuanto te das cuenta lo ha devorado todo. La misma fortaleza que lícitamente te sirve para protegerte del mundo exterior la usas en cuanto puedes para conquistar el territorio vecino. Cuando un maestro de sabiduría (¡ojalá pudiera yo conocer a uno!) te habla de matar tu "yo" no quiere decir que lo pulverices a fuerza de aporrearlo sino que lo desmontes como se hace con un reloj. Para poder luego volver a montarlo una vez arreglado el problema.
...sino el sujeto metafísico, el límite –no una parte del mundo–.” (“Tractatus”, 5.641); este sujeto metafísico es el sujeto ante el que se hace presente el mundo, pero también el sujeto que actúa en el mundo, el sujeto volente del que se puede predicar el valor moral."
¿No estará el problema en no discernir ese uso del "yo" gramatical (lógico y necesario) del psicológico?
http://www.e-torredebabel.com/Historia-de-la-filosofia/Filosofiacontemporanea/Wittgenstein/Wittgenstein-LoTrascendental.htm
"“El sujeto no pertenece al mundo, sino que es un límite del mundo.” (“Tractatus”, 5.632), y por lo tanto es condición para que exista el mundo (es trascendental). El yo metafísico no coincide con el yo que se ofrece en nuestra experiencia: el que se ofrece en nuestra experiencia es el yo empírico (tanto el yo físico, como el yo psicológico), puede ser estudiado por las ciencias empíricas, y no es esencialmente distinto a las otras cosas del mundo. Wittgenstein cree que en un nivel más profundo existe otro yo o sujeto: en el “Tractatus” lo compara con el ojo que, en cuanto órgano de la visión, no pertenece al campo visual, pero es condición necesaria para la existencia de éste (“Tractatus”, 5.633 y ss.). “El yo filosófico no es el hombre, ni el cuerpo humano, ni tampoco el alma humana de la cual trata la psicología, sino el sujeto metafísico, e...
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