
Amagumo ni
hara no fukururu
kawazu kana
雨雲にはらのふくるる蛙かな
La rana
infla el buche
ante las nubes que traen la lluvia
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Hasta aquí alcanza la exigencia de vaciarnos de los prejuicios con los que llegamos al haiku; el abandono de las presunciones de haberlo comprendido antes de que él mismo se nos hubiera mostrado, el haiku japonés de Bashô y Buson, no el de Octavio Paz ni el de Borges ni siquiera el de Suzuki.
Sólo vacíos podemos acceder a sus secretos. Si no ha habido un proceso previo de vaciamiento de nuestras certezas, sólo podrán entrar en nosotros -de tantos aprendizajes que nos esperan- los que quepan hasta cubrir el hueco que le dejamos.
Comenzamos ahora las moradas de un entendimiento más sutil del haiku, intentando averiguar los mecanismos concretos con los que una poesía tan breve consigue conmovermos de la forma en que lo hace. E iniciamos este tramo con un extraño haiku de Chiyo-jo:
Amagumo ni
hara no fukururu
kawazu kana
雨雲にはらのふくるる蛙かな CHIYO-JO
La rana
infla el buche
ante las nubes que traen la lluvia
Para saber apreciar un haiku en el que se habla de una rana, hay que ser una rana. Si no, ¿cómo ver una nube con ojos de rana y desear comérsela? Se emplea la expresión hara ga fukureru (“inflar la barriga”), que en japonés coloquial significa lo que en nuestra lengua “comer con los ojos”. Nosotros –los seres humanos- sabemos que las ranas no comen lluvia. Pero –al parecer- ellas no lo saben. Y ahí está la rana delante de Chiyo, inflando el buche mientras ve venir nubes grises de lluvia, relamiéndose como el que anticipa un festín. Esta confusión le ha debido resultar cómica a la poetisa. Sin embargo, estamos ante algo más que un simple haiku cómico. Bajo su sencillez inquebrantable, este haiku esconde un misterio. Un misterio que es capaz de viajar lejos, de un corazón a otro, sin mostrarse. La clave para comprenderlo no está en los tres sustantivos (nubes de lluvia, vientre, rana) ni en el único verbo (inflar), sino en una partícula: に (leída: “ni”), que en este caso puede tener una doble traducción: “ante” o “por causa de”. Es esa partícula la que está soportando toda la tensión entre los dos polos: la rana y las nubes. El genio del haiku japonés es su habilidad para captar relaciones entre cosas. En este haiku de Chiyo, tenemos, de una parte, el “estar” de una rana –quieta en su lugar, con sólo un movimiento de vientre que pretende mágicamente atraer hacia sí a las nubes que son el objeto de su deseo; de otra parte, tenemos el suave fluir –casi también el “estar”- de esas nubes grises que han hechizado a una rana, y que van discurriendo hacia el exacto lugar donde ella detenida las espera. Dos polos claros, dos elementos en relación: unas nubes que parecen dispuestas a contener su lluvia hasta que se dicte el instante de soltarla, y una rana que cree poder alimentarse de esa lluvia. La relación como misterioso malentendido. El mundo tal como es. El misterio donde dejamos de percibirlo.
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HOLA VICENTE
DICULPA QUE ACUDA A TI, PERO SE VE QUE SABES DE ESTO, TENGO UN HAIKU DE DOBLES PAGINAS CON ANIMALES PLANTAS SON UNAS A CUARELAS ATERCIOPELADAS,INCREILES, TE DAN GANS DE TOCAR LA FLORES, PARECEN VIVAS, Y LOS POEMAS LO TENGO EN CASA, NO SABIAMOS LOQ UE ERA HASTA HOY, Y NO CONOCEMOS SU AUTOR, YO LO TOME EN UN ALIBRERIA DE COSAS ANTIGUAS POR BELLO, Y EL DUEÑO ME LO REGALO, CREEMOS QUE ES ISSA PERO NOE STAMOS SEGURO, ME ESCRIBES PORFA A MI MAIL Y SEGUIMOS ESTA CONVERSACION
Sí, gracias, Vicente, por toda tu paciencia y trabajo para que vayamos aprendiendo a paladear los misterios del haiku!
Muchos ánimos!
Mis felicitaciones por este blog que acabo de descubrir en "Religión Digital".
De momento continuaré meditando el misterio de la rana y las nubes.
Martes, 29 de mayo
Josemari Lorenzo Amelibia
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