
Ishiyama no
ishi yori shiroshi
aki no kaze
石山の石より白し秋の風
El viento de otoño
más blanco que la piedra
Montaña de Ishiyama
También hay un acercamiento auditivo al haiku. No se trata de enredarse en juegos de palabras, ya hemos dicho que el haiku huye de todo eso. Pero a veces las palabras elegidas son un recurso sobreañadido para que con sólo oír el haiku lo estemos “viendo”:
Ishiyama no
ishi yori shiroshi
aki no kaze
石山の石より白し秋の風 BASHÔ
El viento de otoño
más blanco que la piedra
Montaña de Ishiyama
El sonido shi, como el del silbo del viento, se repite hasta cuatro veces, evocando al viento de otoño:
Ishiyama no
ishi yori shiroshi
aki no kaze
Ciertamente que en Bashô la habilidad pedagógica llega a ser a veces más un problema que un talento. Por ejemplo, en este caso, resulta ingenioso que los términos usados nos hagan escuchar el viento, pero ¿a qué precio? Responderemos esta pregunta con otra pregunta: ¿Ha conseguido Bashô contagiarnos la impresión que él recibió? ¿O sólo ha logrado que apreciemos su arte, su habilidad poética? Si vemos al poeta en su haiku no es un buen haiku.
Mucho mejor, en el sentido de que usa los sonidos de las palabras sin perder el objeto de su asombro, es este otro haiku contemporáneo:
かりかりと蟷螂蜂の皃を食む SEISHI
Karikari to
tôrô
hachi no kao o hamu
Crunch-crunch
Una mantis masticando
la cara de una abeja
Karikari-to es el sonido crujiente que hace, por ejemplo, una galleta de arroz inflado cuando se mastica. Seishi consigue que este haiku suene rítmico, como el sonido de una máquina: kari-kari to… too-roo..., kari-kari to… too-roo... Esa mantis es percibida como una máquina de matar. El ruido que hacen sus mandíbulas, obvio es decirlo, está sólo en la mente del poeta, retumbando dentro. No es únicamente una abeja y una mantis; es la compleja e insaciable maquinaria de la existencia: la muerte generando vida, la vida generando muerte... Este haiku tiene en japonés una dimensión tan fuertemente kankakuteki (sensorial), resulta tan sokubutsuteki (material), que más que imaginar la escena la sentimos en todo nuestro cuerpo. Nos estremece como si nosotros mismos hubiésemos sido alguna vez insectos pajizos y crujientes para otros depredadores. Y hubiésemos sido desmembrados por las mandíbulas de una mantis como son machacadas las cañas en una trituradora. Sea como sea, Seishi ha logrado que estemos allí, no ante la mantis, sino entre sus mandíbulas.
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creo que no rima
¿Rima? Bajo ningún concepto. La rima le haría perder su ritmo interno al haiku. Lo desarticularía. Hay traductores al castellano que cometen este lamentable error. El haiku tiene en japonés una cadencia natural, como todo en la Naturaleza, que no cansa aunque sea incesante: el sonido del arroyo, el sonido de la lluvia sobre la madera de la terraza... Te voy a dar un argumento definitivo: ¿Sabes por qué nunca podría tener rima el haiku? Porque la rima distrae. Distrae de lo que está pasando.
¡Mi amado, las montañas,
los valles solitarios nemorosos,
las ínsulas extrañas,
los ríos sonorosos,
el silbo de los aires amorosos.
No es un Haiku sino una lira pero el silbo del aire amoroso entra en los oídos por las eses y en alma por la presencia del amado que evoca tan bella estrofa.
¿Puede el Haiku formar rima?
Sólo con el español:
El primer haiku me pone ante una montaña blanca, enorme, que contagia al viento de su color, pero no sé si esa fue la impresión del autor.
En el segundo no hay sitio más que para ese repelús espeluznante, sea quien sea quien lo vea.
Me parece que voy entendiendo.
Viernes, 17 de febrero
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