
Meigetsu ya
kotachi narabu
dô no fuchi
名月やこたち並ぶ堂の縁
Luna llena
Los niños alineados
en la galería del templo
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Sólo a partir de la naturalidad y la modestia “vemos” el mundo, eso que está fuera de nosotros: la realidad. Un haiku es la realidad traducida en palabras:
Meigetsu ya
kotachi narabu
dô no fuchi
名月やこたち並ぶ堂の縁 BASHÔ
Luna llena
Los niños alineados
en la galería del templo
Esa instantánea que capta el poeta nos permite a veces la aplicación del zoom. Fijémonos cómo una escena parecida a la que antes describía Bashô –unos niños alineados en la galería de un templo- permiten a Senna aplicar un efecto zoom sobre los labios de uno de esos chicos:
唇に墨つく兒のすゞみかな SENNA
Kuchibiru ni sumi tsuku
chigo no
suzumi kana
Tomando el fresco,
un estudiante con una mancha
de tinta en los labios
El motivo es parecido en ambos haikus: los niños descansando en la galería del templo tras la clase. Pero el ambiente los diferencia. El de Bashô está situado en la noche temprana de un día de otoño con una preciosa luna llena, y éste de Senna en la caída de la tarde de un día de verano, cuando el día comienza a refrescar.
La diferencia es que mientras Bashô ha logrado una atmósfera quieta, muy del gusto zen, una escena más de la Naturaleza (toda vez que los niños están en ella como hechizados por la luna llena), Senna nos lleva a una situación totalmente distinto, al reino propio de lo humano, con sus defectos y sus miserias. Habla de un chigo (un niño de entre 5 y 10 años) en una terraza de madera tomando el fresco, descansando del afanoso arte de aprender a escribir, con una mancha de tinta en los labios. Esa mancha es la prueba de que estaba tan concentrado tratando de hacer lo mejor posible lo que se le encomendó, que llegó a ausentarse de sí mismo, y no se dio cuenta de que el pincel que estaba chupando ya tenía tinta. Y ahí sigue el niño, sin limpiarse los labios, sin percatarse, porque la tinta no le supo a nada, y porque nadie acaba de decirle que tiene los labios manchados. Ni siquiera el poeta que lo ve. Un niño ausente tomando el fresco con los labios manchados de tinta desborda las estrechas dimensiones de un haiku cómico, si es que ésa fue la intención inicial de Senna. Cuando Blyth –la indiscutible autoridad occidental en materia de haiku- lo tradujo al inglés añadió el siguiente comentario: “En esa mancha puede verse toda la “niñeidad” (childishness) de la infancia (childhood)”. Así es. Este haiku nos trae en 17 sílabas una imagen de la inocencia, de la naturalidad, de la indefensión. Y, efectivamente, aunque fuera concebido como un haiku cómico, es de facto un “haiku de lo sagrado”. Únicamente como excepción el “haiku de lo sagrado” acepta al ser humano dentro de la Naturaleza. Éste es uno de esos casos.
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Muy interesante .....
Microcosmos y macrocosmos. Es preciso el zoom para acercarnos a ambos.
Lo que diferencia lo sagrado de lo profano es la percepción del poeta. O la interpretación del lector.
Una mancha en los labios de un niño puede considerarse dentro de lo sagrado ('aunque fuera concebido como un haiku cómico') porque así es visto por el comentarista.
Lo sagrado puede captarse en los detalles aparentemente sin importancia. Si la mancha de tinta percibida por el poeta puede conformar un "haiku de lo sagrado" .... ¿es precisamente por eso?.
He estado leyendo haikus en la red y ahora me alegro más de que estés explicando lo que es un haiku.
No basta con escribir 17 sílabas.
Martes, 29 de mayo
Josemari Lorenzo Amelibia
Manuel Mandianes
Francisco Margallo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez