El Acento

"Buscamos las acequias" por Miguel Montoya

11.04.19 | 12:21. Archivado en Sobre el autor

Mi artículo sobre este gran escritor, Miguel Montoya. Lo podéis leer en resonancias.org

Buscamos las acequias por Miguel Montoya

Estamos ante una creación literaria donde el autor busca la esencia auténtica del Ser. Comprender la integración ineluctable entre la Tierra y el Hombre. Dos símbolos. Dos realidades inseparables. Dos elementos telúricos.
Miguel Montoya nos regala un sabroso texto utilizando una técnica exquisita e inusual en el panorama actual del cuento. Defiende la voluntad obstinada por la vida. Nos habla del eterno retorno, del niño en hombre, del hombre en ave (libertad), y de nuevo ese niño que nunca debimos olvidar. Prosa poética con incesantes referencias a filósofos como Platón (unidad indispensable entre la doxa y la episteme), Sartre (existencialismo), Nietzsche (cuando nos alude al qué puede el hombre, esto es, la paciencia y el énfasis en alcanzar la infinitud a través de lo caduco)…
Hermosa e imperdible narración donde enlaza la paciencia con la conciencia del devenir, de las abras montañosas y de la calma de un agua en la que no podemos dejar de mirarnos. El Amor, como elemento fundamental de la vida, la efímera presencia de lo banal. Dice: “Es posible un mundo mejor”, alejando su pensamiento del tradicional discurso de Leibnitz.
La voluntad del escritor que vive creando, envejeciendo, jugando. Amar y jugar constituyen, tal vez, las voces más elocuentes de este brillante cuento.
Miguel Montoya consigue emocionar con sus frecuentes pinceladas al drama de la vida, a ese viejo ahínco del hombre que se empeña en resistir a toda costa. Pero nos recuerda de vez en cuando la calma, esa tibia elocuencia en la que las palabras del autor van sucediendo en poemas y salmos terrenales, en el amor a la mujer y al otro.
Calma y silencio, dejar las cosas que sucedan, observar y ser, llegar a ser verdaderamente, sin enmiendas, tapujos ni justificaciones. Un viaje extraordinario al que todos estamos invitados. Antonio Florido Lozano (España).

Buscamos las acequias por Miguel Montoya


"Buscamos las acequias" por Miguel Montoya

11.04.19 | 12:20. Archivado en Sobre el autor

Mi artículo sobre este gran escritor, Miguel Montoya. Lo podéis leer en resonancias.org

Buscamos las acequias por Miguel Montoya

Estamos ante una creación literaria donde el autor busca la esencia auténtica del Ser. Comprender la integración ineluctable entre la Tierra y el Hombre. Dos símbolos. Dos realidades inseparables. Dos elementos telúricos.
Miguel Montoya nos regala un sabroso texto utilizando una técnica exquisita e inusual en el panorama actual del cuento. Defiende la voluntad obstinada por la vida. Nos habla del eterno retorno, del niño en hombre, del hombre en ave (libertad), y de nuevo ese niño que nunca debimos olvidar. Prosa poética con incesantes referencias a filósofos como Platón (unidad indispensable entre la doxa y la episteme), Sartre (existencialismo), Nietzsche (cuando nos alude al qué puede el hombre, esto es, la paciencia y el énfasis en alcanzar la infinitud a través de lo caduco)…
Hermosa e imperdible narración donde enlaza la paciencia con la conciencia del devenir, de las abras montañosas y de la calma de un agua en la que no podemos dejar de mirarnos. El Amor, como elemento fundamental de la vida, la efímera presencia de lo banal. Dice: “Es posible un mundo mejor”, alejando su pensamiento del tradicional discurso de Leibnitz.
La voluntad del escritor que vive creando, envejeciendo, jugando. Amar y jugar constituyen, tal vez, las voces más elocuentes de este brillante cuento.
Miguel Montoya consigue emocionar con sus frecuentes pinceladas al drama de la vida, a ese viejo ahínco del hombre que se empeña en resistir a toda costa. Pero nos recuerda de vez en cuando la calma, esa tibia elocuencia en la que las palabras del autor van sucediendo en poemas y salmos terrenales, en el amor a la mujer y al otro.
Calma y silencio, dejar las cosas que sucedan, observar y ser, llegar a ser verdaderamente, sin enmiendas, tapujos ni justificaciones. Un viaje extraordinario al que todos estamos invitados. Antonio Florido Lozano (España).

Buscamos las acequias por Miguel Montoya


PRIMER CERTAMEN DE PROSA NARRATIVA Y POESÍA, convocado por el grupo Post-Vanguardia

31.03.19 | 12:45. Archivado en Sobre el autor

CERTAMEN DE PROSA NARRATIVA Y POESÍA
Convocado por Post-Vanguardia (Facebook)
Teresa Moncayo

Amigos y compañeros de Post-Vanguardia, como administradora de esta página y con la idea de dinamizar y fomentar la creatividad literaria, he creído conveniente desarrollar el Primer Certamen de Prosa Narrativa y Poesía. Ampliamos, pues, este Certamen, incluyendo al verso. Considero que podrán participar todos aquellos poetas y escritores que forman parte del grupo Post-Vanguardia y aquellos otros que, generosamente, deseen participar. El Jurado clasificador para la PROSA NARRATIVA estará compuesto por: Antonio Florido, Silvia Ortiz y Teresa Moncayo. Asimismo, el Jurado que clasifique la Poesía estará a cargo de: Antonio Arroyo y Luis Ángel Marín.

Las Bases que regula a este Certamen son las siguientes:
-Se convocan dos modalidades:
-POESÍA MODALIDAD LIBRE. La extensión del poema será de entre 15 versos mínimo y un máximo de 25 versos (en poemas que no haya recibido ningún Premio anteriormente).
-PROSA NARRATIVA LIBRE:
Los relatos han de ser inéditos.
-Cada participante podrá remitir una sola obra que será de absoluta libertad temática y formal.
-La extensión máxima será de cinco folios y mínima de dos, en cuerpo de 12 y con un interlineado de espacio de 1,5.
-La presentación de los trabajos se cerrará el día 30 del mes de Abril.
-El archivo, en formato de Word, debe contener:
*Datos del autor (nombre y apellidos), que será enviado a esta dirección de correos junto con el trabajo escrito, en dos archivos diferentes y adjuntos:
revistacincoarcos@hotmail.com
*La Narrativa ganadora, así como el Poema ganador, se publicarán en nuestra página de Post-Vanguardia , además de en todos los muros de los participantes y, en el periódico digital cuyo Director es Alfonso Rojo (maestro que fuera de Pérez Reverte y tertuliano actual en Tv) y donde Antonio Florido tiene una columna de Cultura y cuyo enlace es:
www.periodistadigital.com
Es importante establecer las inscripciones de aquellos interesados en participar para tener un registro de los interesados. Podéis hacerlo a través de esta dirección: revistacincoarcos@hotmail.com.
Os animo a todos y empecemos a activar la imaginación... Un ab


PRIMER CERTAMEN DE PROSA NARRATIVA Y POESÍA, por Post-Vanguardia

31.03.19 | 12:44. Archivado en Sobre el autor

CERTAMEN DE PROSA NARRATIVA Y POESÍA
Convocado por Post-Vanguardia (Facebook)
Teresa Moncayo

Amigos y compañeros de Post-Vanguardia, como administradora de esta página y con la idea de dinamizar y fomentar la creatividad literaria, he creído conveniente desarrollar el Primer Certamen de Prosa Narrativa y Poesía. Ampliamos, pues, este Certamen, incluyendo al verso. Considero que podrán participar todos aquellos poetas y escritores que forman parte del grupo Post-Vanguardia y aquellos otros que, generosamente, deseen participar. El Jurado clasificador para la PROSA NARRATIVA estará compuesto por: Antonio Florido, Silvia Ortiz y Teresa Moncayo. Asimismo, el Jurado que clasifique la Poesía estará a cargo de: Antonio Arroyo y Luis Ángel Marín.

Las Bases que regula a este Certamen son las siguientes:
-Se convocan dos modalidades:
-POESÍA MODALIDAD LIBRE. La extensión del poema será de entre 15 versos mínimo y un máximo de 25 versos (en poemas que no haya recibido ningún Premio anteriormente).
-PROSA NARRATIVA LIBRE:
Los relatos han de ser inéditos.
-Cada participante podrá remitir una sola obra que será de absoluta libertad temática y formal.
-La extensión máxima será de cinco folios y mínima de dos, en cuerpo de 12 y con un interlineado de espacio de 1,5.
-La presentación de los trabajos se cerrará el día 30 del mes de Abril.
-El archivo, en formato de Word, debe contener:
*Datos del autor (nombre y apellidos), que será enviado a esta dirección de correos junto con el trabajo escrito, en dos archivos diferentes y adjuntos:
revistacincoarcos@hotmail.com
*La Narrativa ganadora, así como el Poema ganador, se publicarán en nuestra página de Post-Vanguardia , además de en todos los muros de los participantes y, en el periódico digital cuyo Director es Alfonso Rojo (maestro que fuera de Pérez Reverte y tertuliano actual en Tv) y donde Antonio Florido tiene una columna de Cultura y cuyo enlace es:
www.periodistadigital.com
Es importante establecer las inscripciones de aquellos interesados en participar para tener un registro de los interesados. Podéis hacerlo a través de esta dirección: revistacincoarcos@hotmail.com.
Os animo a todos y empecemos a activar la imaginación... Un ab


La Película, cuento de Ariel Azor (Uruguay)

30.03.19 | 11:26. Archivado en Sobre el autor

La Película
Estaba viendo una película, tirado en el sillón, tomando una cerveza y comiendo un par de aceitunas, estuve un buen rato buscando hasta que al final me decidí por una. Trataba sobre un tipo que trabajaba para los que parecían ser dueños del mundo, era, junto a un equipo que estaba bajo sus órdenes el encargado de encontrar a aquellos habitantes que no generaban algo positivo para sus intereses. Directa o indirectamente nos involucraba a todos nosotros, a todos los seres vivos. Me pareció que podría tener algo de realidad. Alguien desde algún lugar nos maneja con invisibles hilos como si fuéramos títeres. Allí reunidos tomando café decidían quien debía vivir y quien no, quien vale la pena y quien no, primero hacen lo posible por arruinarte, por sacarte todo, incluso las ganas de vivir y después dicen que no vales nada y mandan al actor este a matarte. Claro está, que también están los humanos que son inservibles por voluntad propia, es cierto que hay personas que no saben hacer nada, no les preocupa aprender ni salir adelante en la vida, las hay también las que están traumatizadas o incluso algunos nos hemos vuelto unos viejos inservibles ya. Parece que el tipo este de la película había matado ya catorce millones de personas. No era que quedaran tantas personas en el mundo, otros antes habían inventado virus, enfermedades contagiosas, gases que caían de las avionetas desde el cielo y millones morían masivamente. La sobrepoblación era un problema ya resuelto. Los países, las ciudades y luego las personas en ellas eran catalogadas en una escala del uno al diez. Algunos habitantes se rebelaban, otros no se preguntaban los por qué de esto o aquello ni cuestionaban nada y otros denunciando a vecinos, amigos o familiares buscaron salvarse siendo parte de la maquinaria asesina y al final murieron como todos los demás, traicionados como ellos habían traicionado. Los menos necesarios eran los número diez, ya no quedaba nadie en el mundo con ese número en la lista, ni los nueve, ocho, siete, seis o cinco, ya iban a por los cuatro, algunas especies animales o incluso vegetales también se habían considerado innecesarias para el futuro, estaban dentro de esos números y ya tampoco existían. Los dueños del mundo, quienes eran también dueños de las compañías asesinas y algunos trabajadores de ellas (que en su mayoría eran robots) estaban en el número uno, los políticos, monárquicos y algunas familias millonarias en el número dos (consideraban afuera a los líderes religiosos ya que habían inventado una nueva forma ideológica que lo abarcaba todo, ya no era necesaria la fragmentación) y por ultimo digamos que los ejércitos, compuestos en su mayoría por robots o humanos vistos como obedientes esclavos además de algunas personas catalogadas como súper inteligentes estaban en el numero tres. Todos los que estaban dentro de esas categorías estaban salvados, serian parte del futuro, del nuevo mundo.
¿Será acaso que el actor de cine este es un robot entonces?, pues no, hay una diferencia entre los ojos y la mirada de unos y otros. ¿Y quiénes serán los número cuatro?, cuando empiecen a exterminarlos nos enteraremos, sabremos ahí que tipo de personas el actor va matando y entonces si tienes características similares a aquellos vendrán por ti y ya nada podrá salvarte.
Yo tenía un bunker que no lo podían captar con sus drones y satélites. Mi perro se había salvado, allí estaba, todo el día, echado, despreocupado, no se pregunta ni le interesa nada, todo el día ahí con su buena vida, igual que el gato, se llevan mal y a veces se pelean o el maldito gato ataca a el pájaro en su jaula y el perro no sé porque lo defiende y todo es un insoportable barullo. Debería catalogarlos, ¿Qué tal el número diez para el pájaro? ¿Para qué carajo sirve un pájaro en un bunker? ¿Y el perro con el número nueve?, se pasa todo el día acostado allí sobre su almohadón comiendo de lo que sé que me hará falta más adelante y el ocho para el gato, me parece (aunque no sé muy bien porque) más inteligente y necesario que los otros dos. Así que empezaré por el pájaro y al otro día el perro y por último el gato, granos y comida que ahorraré y guardaré para mí. ¿Y Nelly?, ella desde que pasó todo esto y perdió a su familia está en depresión, todo el día acostada, ya no le quedan pastillas para eso ni para dormir, se toma la poca agua que queda y come por comer, ¿para qué quiere seguir viviendo?, la pondré con el número siete, es otro gasto innecesario.
No hay canales de aire desde hace meses ya, tengo un Dvd y un televisor y unas quince películas que siempre estoy viendo, es lo único que puedo hacer, mirar películas todo el tiempo. Nelly llama y pide agua, no le voy a dar, no se levanta tampoco, así que mejor será ahorrarla, pronto terminará todo para ella también. La película tomó otro rumbo y como siempre aparece una linda joven que termina siendo pareja del actor principal, siempre es lo mismo. En un principio escribía yo distintos finales de todas las películas, hasta que me quedé sin ideas, se me agotaron todas las posibilidades, rayos, me había vuelto un inservible, ya no tenía que escribir.
Le puse pausa a la película y fui a hablar con Nelly, «Si te dijera que eres un número siete y puedes pedir un deseo antes que te vengamos a buscar, ¿qué sería? », sus ojos estaban tristes, pero siempre últimamente lo estaban, «Que pusieras en un papel: SOY NELLY, quiero que Dios sepa quién soy, solo eso pediría» volví al sillón y lo escribí con letras grandes en un papel, ya la ultima letra casi no se veía por la falta de tinta, era la última lapicera que me quedaba. Quité la pausa y la película continuó. Había sido un escritor famoso, sobre todo para la causa, era de los número tres, estaba entre los necesarios y súper inteligentes y ahora no tenía ni una maldita idea ni tampoco lapicera. Le daré un beso en la frente cuando sea el momento y todo el sufrimiento y el mundo acabará para ella. Me quedé mirando el resto de la película y la ultima lapicera buscando un resto de tinta en ella y entonces se escucharon ruidos a motor arriba y después como abrían la puerta del bunker. «Eres el número cuatro, escritor que ya no puedes escribir ni una palabra » dijo el actor de cine apuntándome con esa maquinita que te pulveriza en un segundo, a un costado de él la muchacha bonita dejaba volar su pelo y se movía en cámara lenta con movimientos sensuales y atrás los robots militares fuertemente armados todos apuntándome. Sabía que me iban a encontrar. «¿Cómo sabes que no serás traicionado como tú me traicionas y si después de matarme uno de esos robots, o ella, te mata a ti también? » le dije y la pieza inmediatamente quedó oscura.
El maldito gato le pegó un arañazo al perro al pasar y este lo sacó corriendo, el pájaro empezó a cantar, a reírse, apagué el televisor y me fui a acostar. Nelly ya se había dormido, mañana veré otra película y las cosas serán diferentes.
FIN


La Película, cuento de Ariel Azor (Uruguay)

30.03.19 | 11:25. Archivado en Sobre el autor

La Película
Estaba viendo una película, tirado en el sillón, tomando una cerveza y comiendo un par de aceitunas, estuve un buen rato buscando hasta que al final me decidí por una. Trataba sobre un tipo que trabajaba para los que parecían ser dueños del mundo, era, junto a un equipo que estaba bajo sus órdenes el encargado de encontrar a aquellos habitantes que no generaban algo positivo para sus intereses. Directa o indirectamente nos involucraba a todos nosotros, a todos los seres vivos. Me pareció que podría tener algo de realidad. Alguien desde algún lugar nos maneja con invisibles hilos como si fuéramos títeres. Allí reunidos tomando café decidían quien debía vivir y quien no, quien vale la pena y quien no, primero hacen lo posible por arruinarte, por sacarte todo, incluso las ganas de vivir y después dicen que no vales nada y mandan al actor este a matarte. Claro está, que también están los humanos que son inservibles por voluntad propia, es cierto que hay personas que no saben hacer nada, no les preocupa aprender ni salir adelante en la vida, las hay también las que están traumatizadas o incluso algunos nos hemos vuelto unos viejos inservibles ya. Parece que el tipo este de la película había matado ya catorce millones de personas. No era que quedaran tantas personas en el mundo, otros antes habían inventado virus, enfermedades contagiosas, gases que caían de las avionetas desde el cielo y millones morían masivamente. La sobrepoblación era un problema ya resuelto. Los países, las ciudades y luego las personas en ellas eran catalogadas en una escala del uno al diez. Algunos habitantes se rebelaban, otros no se preguntaban los por qué de esto o aquello ni cuestionaban nada y otros denunciando a vecinos, amigos o familiares buscaron salvarse siendo parte de la maquinaria asesina y al final murieron como todos los demás, traicionados como ellos habían traicionado. Los menos necesarios eran los número diez, ya no quedaba nadie en el mundo con ese número en la lista, ni los nueve, ocho, siete, seis o cinco, ya iban a por los cuatro, algunas especies animales o incluso vegetales también se habían considerado innecesarias para el futuro, estaban dentro de esos números y ya tampoco existían. Los dueños del mundo, quienes eran también dueños de las compañías asesinas y algunos trabajadores de ellas (que en su mayoría eran robots) estaban en el número uno, los políticos, monárquicos y algunas familias millonarias en el número dos (consideraban afuera a los líderes religiosos ya que habían inventado una nueva forma ideológica que lo abarcaba todo, ya no era necesaria la fragmentación) y por ultimo digamos que los ejércitos, compuestos en su mayoría por robots o humanos vistos como obedientes esclavos además de algunas personas catalogadas como súper inteligentes estaban en el numero tres. Todos los que estaban dentro de esas categorías estaban salvados, serian parte del futuro, del nuevo mundo.
¿Será acaso que el actor de cine este es un robot entonces?, pues no, hay una diferencia entre los ojos y la mirada de unos y otros. ¿Y quiénes serán los número cuatro?, cuando empiecen a exterminarlos nos enteraremos, sabremos ahí que tipo de personas el actor va matando y entonces si tienes características similares a aquellos vendrán por ti y ya nada podrá salvarte.
Yo tenía un bunker que no lo podían captar con sus drones y satélites. Mi perro se había salvado, allí estaba, todo el día, echado, despreocupado, no se pregunta ni le interesa nada, todo el día ahí con su buena vida, igual que el gato, se llevan mal y a veces se pelean o el maldito gato ataca a el pájaro en su jaula y el perro no sé porque lo defiende y todo es un insoportable barullo. Debería catalogarlos, ¿Qué tal el número diez para el pájaro? ¿Para qué carajo sirve un pájaro en un bunker? ¿Y el perro con el número nueve?, se pasa todo el día acostado allí sobre su almohadón comiendo de lo que sé que me hará falta más adelante y el ocho para el gato, me parece (aunque no sé muy bien porque) más inteligente y necesario que los otros dos. Así que empezaré por el pájaro y al otro día el perro y por último el gato, granos y comida que ahorraré y guardaré para mí. ¿Y Nelly?, ella desde que pasó todo esto y perdió a su familia está en depresión, todo el día acostada, ya no le quedan pastillas para eso ni para dormir, se toma la poca agua que queda y come por comer, ¿para qué quiere seguir viviendo?, la pondré con el número siete, es otro gasto innecesario.
No hay canales de aire desde hace meses ya, tengo un Dvd y un televisor y unas quince películas que siempre estoy viendo, es lo único que puedo hacer, mirar películas todo el tiempo. Nelly llama y pide agua, no le voy a dar, no se levanta tampoco, así que mejor será ahorrarla, pronto terminará todo para ella también. La película tomó otro rumbo y como siempre aparece una linda joven que termina siendo pareja del actor principal, siempre es lo mismo. En un principio escribía yo distintos finales de todas las películas, hasta que me quedé sin ideas, se me agotaron todas las posibilidades, rayos, me había vuelto un inservible, ya no tenía que escribir.
Le puse pausa a la película y fui a hablar con Nelly, «Si te dijera que eres un número siete y puedes pedir un deseo antes que te vengamos a buscar, ¿qué sería? », sus ojos estaban tristes, pero siempre últimamente lo estaban, «Que pusieras en un papel: SOY NELLY, quiero que Dios sepa quién soy, solo eso pediría» volví al sillón y lo escribí con letras grandes en un papel, ya la ultima letra casi no se veía por la falta de tinta, era la última lapicera que me quedaba. Quité la pausa y la película continuó. Había sido un escritor famoso, sobre todo para la causa, era de los número tres, estaba entre los necesarios y súper inteligentes y ahora no tenía ni una maldita idea ni tampoco lapicera. Le daré un beso en la frente cuando sea el momento y todo el sufrimiento y el mundo acabará para ella. Me quedé mirando el resto de la película y la ultima lapicera buscando un resto de tinta en ella y entonces se escucharon ruidos a motor arriba y después como abrían la puerta del bunker. «Eres el número cuatro, escritor que ya no puedes escribir ni una palabra » dijo el actor de cine apuntándome con esa maquinita que te pulveriza en un segundo, a un costado de él la muchacha bonita dejaba volar su pelo y se movía en cámara lenta con movimientos sensuales y atrás los robots militares fuertemente armados todos apuntándome. Sabía que me iban a encontrar. «¿Cómo sabes que no serás traicionado como tú me traicionas y si después de matarme uno de esos robots, o ella, te mata a ti también? » le dije y la pieza inmediatamente quedó oscura.
El maldito gato le pegó un arañazo al perro al pasar y este lo sacó corriendo, el pájaro empezó a cantar, a reírse, apagué el televisor y me fui a acostar. Nelly ya se había dormido, mañana veré otra película y las cosas serán diferentes.
FIN


BLATTARIA, novela de Antonio Florido, a la gran pantalla

18.03.19 | 09:27. Archivado en Sobre el autor


Aida Morales Franco

16.03.19 | 10:21. Archivado en Sobre el autor

Poesía de mujer. Voz en clave.

Aida Morales Franco

Ya nunca más la risa

Con esto que nos pasa, quizá ya esté perdida, quizá los desalojos, los palos, las caídas
nos roben los segundos de risas compartidas. Quizá las concertinas,
los muros, los desahucios, nos roben la trinchera del desahogo franco,
la cómplice mirada, los labios aún bailando. Quizá tanta mentira, tanto robo, tanto atraco

a la dignidad, la vida, le quiten lo bailado.
Quizá sea ya hora que a tanto perro flaco
sus pulgas se le rían
y ya, que en cada esquina, en la cola del paro,
la tienda de tu barrio, la casa de tu tía,
tu hermana o tu vecina, se escuchen carcajadas reventando cortinas
y haciéndonos la vida más digna a cada rato. Que cada risa floja, afloje los tornillos
a este sistema infame que come en nuestro plato.

Ese cuento que yo cuento

Ese cuento que yo cuento lo contaron otras mil antes que yo y no derramaron ni una gota de ese vaso
que se pasa mano a mano abuelas-nietas
hijas-yo.
Ese cuento que yo cuento lo cantaron con canciones nanas rimas
con su voz
las mujeres boca-oreja van creando
esa historia que es la mía y cuento hoy.
Ese cuento que no cuentan los diarios ni los libros en la Historia

lo recogen
ni lo cuentan hombres blancos con corbata
ni lo narran en la Escuela ni lo estudia la Academia ni la Ciencia disecciona su valor.
Ese cuento que es la guerra del nosotras lo escucharon las cocinas
lo reviven las vecinas lo sostienen las abuelas pedacito a pedacito
van cayendo los sonidos se entrelazan las palabras y resuena en las gargantas ese grito contenido
que es el cuento de la vida
-y atención-

pon la oreja escucha mira
y verás por las ventanas que aunque nos quieran calladas
no acallarán nuestra voz.

Nocturnidad y alevosía

Ahora que hemos
roto para siempre la cuarta pared, matado a dios
engañado al diablo probado todos los pecados pervertido los formatos.
Ahora que el dinero
ha roto todas las fronteras que siguen ahogando personas.
Ahora que los sueños en sueños se quedaron y la vida no es sueño ya, sino plató.
Ahora, en este mundo viejo,

hastiado de la novedad, que matamos con nocturnidad
y alevosía Ahora
cómo (no) seguir escribiendo poesía.


EN EL POZO

05.03.19 | 10:28. Archivado en Sobre el autor

La película uruguaya EN EL POZO, dirigida por los hermanos Antonaccio, cosecha excelentes críticas y reconocimientos.

Revista Film
Según Juan Andrés Belo, “La narración es buenísima, el relato no para de avanzar de forma sutil, engaña bien y sin golpes bajos, agregando pequeños componentes que van a jugar un papel más adelante. Siembra un importante antecedente para el thriller nacional".

El Tungue Lé
Realizadores y actores acentuando un cine bien uruguayo y con mirada de últimas generaciones. Realista y llena de significados sobre género y contradicciones sociales y culturales.
El jueves de 7 de marzo se estrena en cines de Montevideo y del interiordel país, la película uruguaya En el pozo, dirigida por los hermanos Bernardo y Rafael Antonaccio.
Una salida de un grupo de jóvenes amigos a una cantera es el disparador de esta historia. Para la mayoría de ellos esa cantera es un lugar especial. El amor, la amistad y también la dicotomía entre los de la capital y el interior están presentes en la película.
“Todos tienen una cuota de soledad en su interior”, contó a El Tungue Lé Paula Silva, una de las actrices.
Previo al estreno, el también actor del filme Augusto Gordillo recomendó que “para las películas uruguayas es bueno que la gente vaya sobre todo la primera semana, porque según eso los cines o te bajan o te dejan en cartelera”.
El elenco lo completan Rafael Beltrán, Luis Pazos y Natalia Tarmezzano.

Además, En el pozo fue seleccionada para competir en el 52º SITGES Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya, que se celebrará en octubre de este año, y en el 35º Chicago Latino Film Festival.


Llanto de un central cualquiera

01.03.19 | 19:12. Archivado en Sobre el autor

Carlos Serrano Martín
Monologuista. Guionista y Director de Cortometrajes. Ha colaborado en diversos medios de comunicación: A un metro de Sevilla, A vista de Águila, Lebrija Digital. Radio Triana Y Onda Guillena. Colaborador habitual del periódico Montilla Digital con su sección de relatos La putada de ser piano. Es Miembro del Grupo de Investigación Influencia de los Géneros Periodísticos y de las Tecnologías en la Comunicación Social de la Facultad de Comunicación de Sevilla.

Qué puede decirse. Mucho se ha escrito y hablado, siempre metiendo la pata y con el objetivo de hacer sangre. Nadie puede ponerse en mi situación. Nadie por tanto puede depositar en un papel, volcar en un micrófono de la radio, cómo me sentí o los motivos que me impulsaron a actuar. Ni siquiera el entrenador. Ya falla la memoria, así que disculpen el baile posible de fechas y acontecimientos que llevan al día de autos.
Hay quienes nacen con un don para este deporte. Otros sólo tienen el barro y sudar la camiseta para justificar presencia en el once. El fútbol tiene un extraño sentido del humor, roza lo cabrón. No por mucho trabajar serás mejor jugador, ciertos aspectos no entienden de carreras, ni pizarras manchadas con rotulador. Con la literatura ocurre igual. Escribes y lees, la técnica mejorará. Aunque si eres malo con las metáforas, lo serás toda la vida.
No hay profesores de visión de juego. De dónde enviar el pase en cada momento. Del poder de saber dónde enviaras el balón en cada golpeo. Está la intención y está el hecho científico de voy a mandarla a ese punto del terreno de juego exactamente. Yo era de los de sudar la camiseta y poco más. Nunca ficharía por un grande ni llegaría lejos con la selección. No lleno titulares ni tengo un coche deportivo.

Saben de quién voy a comenzar a hablar, no era igual. Lo hacía todo fácil. Siempre con esa sonrisita de estudio fotográfico. Da igual que hubieras corrido detrás de él ochenta minutos. Que el equipo hubiera anulado sus cualidades. Bastaba un toquecito y todo tu trabajo iba a la mierda. Un toquecito. Así sin más.
Era o un pase de gol, o remate imposible, o provocar un penalti. Repito, eso no se entrena. Y parecía no sudar. El esfuerzo era una nube lejana. No recuerdo en nuestros enfrentamientos nunca verlo bajar a defender, meter pierna y frenar un contragolpe. Nada. Él y su toque, ceros y ceros detrás de una cifra par en su nómina.
Reconozco que no hay una justificación. Me encantaría. Sólo hablo de un momento de oscuridad mental, eso no hay cómo describirlo. Era el momento de acabar en lo más alto, salvados del descenso y jugando una final copera. Navidad y un cumpleaños, todo en uno. Nadie naba un duro por aquel equipo. Y mordieron el polvo los grandes. Jugamos de tú a tú. Ellos ya venían calentitos de la Liga.
Les dejamos a cero. En el marcador y en todos los sentidos. No hubo foto de portada para el energúmeno. Fue de los primeros en no dar rueda de prensa y tampoco baños de masas de fotos para redes sociales. Cobarde.
Una final es otra cosa. Estábamos en el mapa. Teníamos voz en la mesa de los mayores. La motivación no tenía límites. Cuando quisimos darnos cuenta, llevábamos noventa minutos e íbamos empate a uno. Te pasan muchas cosas por la cabeza, pero no la falta de respeto. La lluvia tardó en pasar tarjeta de visita. Con ella, el césped mojado. Con terreno húmedo, una carrera se va por el desagüe.

Fue superior a mis fuerzas. Todo sirvió para nada nada. Lo estábamos haciendo bien. Mejor que bien, de puta madre. No sabían dónde meterse. Cuando menos te lo esperas, de nuevo el toquecito de las narices. Vino de frente el descarado. Baile inútil, yo no me muevo. No me iba a regatear tan fácilmente. Le adivino que irá a mi derecha, su pierna buena de disparo. Me lanzo al suelo a por el balón, era él o yo. El fútbol dijo no. Mi mente dijo balón, pero el pie quiso resbalarse y caer de espaldas.
Otra vez ese gesto de triunfador. Avance, tiro y gol. Al carajo la final. Todo debido a un resbalón. El más inoportuno de mi vida. Y él ahí riendo todo el rato. Centro de los focos. No hubo más resbalones, la siguiente jugada fue un humillante túnel. Otra vez por el rabillo del ojo vi su expresión de júbilo. Esta vez no. Mi codo cobró vida propia y fue a parar a todo el centro de su cara. Cayó al suelo. Solo veía sangre entre sus manos.
Rojo en su cara y en la tarjeta. No hablé con nadie. El míster hecho una fiera. Mis aliados de equipo incrédulos. Quedé como un carnicero y un animal. No hubo piedad de un servidor. Hasta colegas del barrio salieron en los telediarios diciendo que siempre tuve genio. Mamones. Única expulsión de mi carrera. Ahí el dato.
Él parecía un héroe de guerra. Con esas vendas y tanta atención. Con la medalla de campeón y diciendo que no pasaba nada, lances del juego. Aunque no volví a ser convocado y chupé muchísimo banquillo. Hay quienes nacen con un don para este deporte. Otros sólo tienen el barro y sudar la camiseta para justificar presencia en el once. Yo esa noche, ni lo uno ni lo otro.


La novela BLATTARIA, próximamente en cines

27.02.19 | 10:03. Archivado en Sobre el autor

BLATTARIA, la novela del escritor español Antonio Florido, ganadora del II Certamen Nacional de Novela SOMNIUM, será llevada a la gran pantalla este mismo año por el cineasta peruano Héctor Marreros. Coproducción peruano-europea.

¡PRÓXIMAMENTE EN CINES!



LA ALDEA

31.01.19 | 11:05. Archivado en Sobre el autor

Autor: Ariel Azor (Uruguay)

Francisco nació con su vida resuelta desde que su madre lo trajo al mundo. Hijo único, heredó la estancia y capital que el general Julius, su abuelo, había empezado a construir y que su padre, ministro de la iglesia metodista y alcalde de la ciudad, consolidó y expandió. Francisco no solo heredó la estancia, sino que también los cargos de alcalde y pastor, a los que renunció cuando vio que otros discutían sus decisiones y abandonó la iglesia cuando Dios no lo escuchó al pedirle que no se llevara a su mujer y a su hijo luego de un terrible accidente que ocasionó su propia negligencia, hace ya un par de años.
Cuando cumplió sesenta y cuatro años, su nueva mujer, la hija del capataz, veintiséis años más joven, preparó todo como siempre para festejar junto a los peones. Ella, al igual que Francisco, vivía su vida adentro de los límites de la estancia, ya no recordaba cómo era el mundo exterior ni cuándo fue la última vez que salió de allí.
Andrea, así se llamaba la joven y hermosa concubina de Francisco, convocó uno por uno a los empleados para que a las dieciocho horas fueran a saludar al patrón. Preparó en el porche la mesa con manteles limpios, picadillos y el mejor vino casero.

Francisco permanecía en su alcoba; todo el día había estado allí, se sentía débil, enfermo y eso le recordaba a su primera mujer, su hijo y el terrible accidente. Se sentía cansado, agotado, física y sobre todo mentalmente. No tenía un heredero a quien dejarle todo lo que sus antepasados y él mismo habían construido, pensaba; además, las tisanas que diariamente le preparaba Andrea (por encargo de su médico personal) no parecían hacerle bien; después de tomarlas se sentía todavía peor.
A las seis de la tarde, todos los peones estaban frente a la mesa, respirando los olores a caballo, tierra húmeda, fiambre y queso fresco, esperaban que saliera Francisco y Andrea y dieran la orden para degustar el añejo y mejor vino de la estancia. Hace como un mes que no ven al patrón, todos saben que está enfermo. Francisco tomado de un brazo por su compañera, tapándose la boca con un pañuelo, saludó a todos y, con el otro brazo en alto, comenzó a decir:
— ¡Compañeros…! —y la tos no lo dejó continuar su estudiado discurso. Apoyó sus brazos sobre la mesa y cayó, él y la mesa con el vino. Todos se apresuraron a ayudarlo pero Andrea los paró gritando “déjenlo, déjenlo, denle aire, apártense” y allí quedó, un rato, inconsciente a la vista de todos.
Ya en su alcoba, donde tantos momentos hermosos había pasado con sus seres queridos, ahora medio inconsciente, oía lo que hablaban Andrea y su médico personal de lo sufrida, laboriosa y agitada que había sido su vida y que ahora lo que necesitaba era descanso. El médico, mucho

más joven que él, de la edad de Andrea, alto, robusto, bien vestido, de ojos azules, tomado de la mano de ella (sin que él lo perciba), arrimó su afeitada cara, suave, casi femenina y, en voz baja, pero de médico, le dijo:
— Lo que precisas Francisco es un descanso, tomar aire puro. Hemos buscado y encontrado un lugar, en el oeste, que solo está rodeado de paz y tranquilidad. Y preparamos todo para que te lleven y puedas estar allí un tiempo y recuperarte.
Francisco, apenas escuchaba y aunque quiso contestar, gritar que no, que de ninguna manera, sus palabras no salieron. El esfuerzo de querer hablar hizo que se atacara más que antes y el joven doctor le inyectó un somnífero.
Así es como fue a parar a La Aldea, un lugar apartado del mundo y sus cosas. No supo cuando lo llevaron ni cómo. Inmediatamente dedujo que había sido dormido y puesto allí en el medio de la nada intencionalmente, que había sido traicionado por su nueva concubina y su médico que ahora manejarían sus bienes y se revolcarían en la cama donde había nacido su fallecido hijo. También dedujo que nunca podría salir de aquel lugar. Ahora su casa era una choza de madera y chapas y sus bienes unas bolsas llenas de latas de conserva y carne salada.
Descubrió que allí no hay policía ni política, ni religión ni bancos, ni tampoco se maneja dinero en aquella comunidad que ni siquiera nombre tiene ni se sabe dónde

está ubicada geográficamente y donde todo se construye de forma artesanal. Así como también descubrió que él no encaja en ese lugar.
Pero algo bueno tiene todo ello, su tos ha desaparecido, respira como respiraba antes, tal vez por el renovado aire nuevo o por dejar de tomar las tisanas que le preparaba Andrea. Cada mañana sale a caminar y cada vez que se cruza con alguien se para, se quita el sombrero y saluda, hace alguna pregunta, a veces estúpida, pero nadie parece querer hablar con él, agachan sus cabezas y siguen de largo sin ni siquiera mirarlo. “Son ignorantes, les hace falta educación”, se decía para sí tratando de entenderlos.

Todo le empezó a parecer aburrido y monótono, no había nada para hacer, nunca un problema o algo. Empezó a acumular pensamientos, a estar mucho tiempo consigo mismo, a idear la forma de ser escuchado por los demás, de hacer amistades, de ser parte de la comunidad y de organizar a la gente.
Tomó unas latas de conservas de la bolsa y se dirigió hasta el rancho del hombre que había visto que arregla los zapatos de todos. Varias veces cuando pasaba caminando lo había visto con su largo cuerpo inclinado tratando de darle forma de zapato a un pedazo de cuero. Se presentó ante él extendiendo su mano, mostrándole el obsequio, se sentó en uno de los rolos dispuestos frente a él y, viendo que aquel hombre ni siquiera levantaba la cabeza para mirarlo, le empezó a hablar de lo maravilloso que era su trabajo. Zapatero, así le dijo que lo llamaría de ahora en

más. Lo convenció de lo importante que era para la comunidad y que todos andarían descalzos si no fuera por él. El zapatero dejó de hacer lo que estaba haciendo. Comenzó a prestarle atención mirándolo a los ojos y, cuando Francisco terminó de hablar, entonces sí extendió su mano y aceptó el obsequio y el saludo de aquel extraño hombre venido de no se sabe dónde.
Sintiendo que su primer paso había sido un verdadero éxito, Francisco volvió a su choza. Tomó otras latas y se dirigió con ellas hasta donde había visto que alguien arreglaba las sillas o asientos de todos. Le habló de cómo todos se tendrían que sentar en la tierra si no fuera por él. Carpintero, así le dijo que lo llamaría de ahora en más. El carpintero, a diferencia del zapatero, era un hombre bajito y rellenito, de unos cuarenta años calculó Francisco, más pardo y, al igual que el otro, barbudo y de pelo largo.
Siguió sus días visitando más gente, además del zapatero y del carpintero. Se ganó la confianza de todos que, de allí en más, lo esperaban para escucharlo, lo saludaban al verlo pasar y lo invitaban a cenar. A todos les contó las ventajas y maravillas del mundo de donde él venía, del mundo moderno. Escondió alguna cosa del carpintero entre las cosas del zapatero y viceversa. Se puso en medio de los dos cuando estos se acusaron mutuamente y antes de que los golpes reinaran gritó:
— ¡Compañeros, estas cosas debemos resolverlas en una reunión de toda la comunidad! Por lo tanto, les propongo que mañana nos reunamos todos en algún lugar a definir y pacíficamente resolvamos qué hacer.

Todos siguieron las palabras de tan ilustre persona. Hombres, mujeres y niños fueron informados y todos decidieron participar de aquella primera reunión de la comunidad.
Así fue como todos los miembros de la comunidad, que no llegaban a doscientos, se hicieron presentes al día siguiente. Él fue el último en llegar, todos lo esperaban y, como intuía, al entrar se encontró con discusiones, agravios y acusaciones del carpintero y los suyos al zapatero y viceversa. Los demás escuchaban y miraban sin participar ni entender por qué alguien robaría algo del otro, hasta que fueron tomando partido por uno u otro y los insultos se generalizaron. Cuestiones del engaño, del amor y la traición, de los antepasados y otras salieron a luz. Algunos, sobre todo mujeres, comenzaron a preguntar y exigir al viejo que pusiera fin a todo aquello, pero él, sentado, sin decir palabra, observaba, pensando que su plan iba tomando la forma que deseaba. Se levantó, alzó los brazos al cielo, pidiendo silencio y los gritos se fueron apagando. Las caras tristes, apagadas y enojadas, lo miraron solo a él, el silencio lo invitó a hablar:

―¡Compañeros! Como ustedes saben, yo vengo de un mundo donde estas cosas no pasan, porque todo está organizado para que justamente no sucedan. Por lo tanto, les propongo que imitemos ese mundo y empecemos a organizarnos nosotros también. Lo primero que deberíamos hacer para que todo funcione sin malentendidos o robos es elegir a una persona y a un

ayudante que sean quienes vigilen y guíen a la comunidad por ese camino.
Todos se miraron, sin entender muy bien, hasta que alguien habló:
— ¿Y cómo vamos a saber a quién elegir? ―preguntó alguien―. Yo lo elegiría a usted, nosotros no sabemos qué hacer.
— Le agradezco, mi estimado caballero, pero no puedo ser yo, debe ser una persona joven y fuerte, porque si alguien se resiste luego de haber cometido alguna falta en perjuicio de la comunidad, deberá utilizar la fuerza para poder encerrarlo un tiempo, así podrá reflexionar sobre lo que hizo. Y sobre cómo y a quién elegir, propongo que el zapatero y el carpintero sean los candidatos y que nosotros nos tomemos unos días para pensar y decidir cuál de ellos sea el elegido.
Todos hablaban entre sí tratando de descifrar y entender bien la propuesta.
— ¿Qué les parece si dentro de tres días nos reunimos aquí nuevamente y cada uno vota a uno u otro y elegimos al que tenga más votos?
Todos aceptaron el planteo. En la comunidad ahora sí hubo un motivo para dialogar, pensar y pelear.
Ese mismo día, en la tarde, Francisco fue a visitar al carpintero, lo encontró sentado, pensando, y le habló de cómo debía usar una táctica para ganarse los votos de los

demás, de cómo debía convencerlos, prometerles. Y después fue a visitar al zapatero. Ambos se dedicaron esos tres días a visitar familias casa por casa. Fueron bien recibidos y escuchados, sus mujeres e hijos los acompañaban caminando detrás de ellos gritando: “¡Voten por el carpintero!” o “¡Voten por el zapatero!”

El día tan esperado finalmente llegó. Nadie faltó. Y, como era de suponerse, se armó gran alboroto. El viejo Francisco se sentó frente a todos e invitó al carpintero y al zapatero a que se pusieran a ambos lados y explicó a todos el procedimiento a seguir:
— ¡Compañeros, silencio por favor! Les quiero decir, antes de la votación, que comencemos a construir inmediatamente un lugar seguro para aquellos que merezcan permanecer encerrados por un tiempo. Ahora, la votación la haremos alzando la mano; yo diré carpintero y los que quieran votar por él levantarán su mano y los contamos; lo mismo con el zapatero. Espero hayan pensado bien su voto porque esto es muy importante para el futuro de la comunidad. Empecemos.
No hubo grandes problemas a la hora de votar, excepto por el hecho de que algunos familiares levantaban ambos brazos tratando de engañar, pero eso fue fácil de descubrir y solucionar. Al final, el carpintero obtuvo 75 votos y el zapatero 119. Este último, junto a sus familiares y votantes, se abrazaron gritando y festejando cuando nuevamente sobrevino el caos entre ganador y

perdedor que se trenzaron a golpes. Cuando todo pareció calmarse, el nuevo líder se paró al lado del viejo Francisco y, tapándose con la mano un ojo que ya comenzaba a hinchársele, gritó a todos:
— Yo soy, como dice el buen hombre mandado por Dios desde el mundo de verdad, el elegido por todos ustedes y declaro que tomemos este lugar hasta que hagamos otro como el lugar para encerrar a aquellos que no obedezcan. Y también que fui atacado por este, el carpintero este ―a lo que el carpintero respondió con un insulto― y que debiéramos encerrarlo unos días para que piense y se dé cuenta que yo gané y ahora debe respetarme.
Esa noche hubo fiesta, de algunos. El zapatero a cada rato iba a ver que no se escapara el carpintero. Francisco fue y se acostó. Durmió profundamente, como todas las noches del resto de su vida, se olvidó de Andrea, su estancia y su antiguo mundo. Vio como todo iba progresando, sobre todo él, ahora se sentía mejor de salud y más importante, nadie discutía sus decisiones; él, tras otras caras, era el que tenía el poder.
El carpintero, tras cumplir su condena de encierro, fue elegido e instruido por Francisco para ser el emisario ante el mundo de contar las maravillas de aquella virgen tierra, de las riquezas de sus recursos naturales. Fue así como empezaron a llegar los curiosos, los turistas y luego los inversionistas.
Ahora la comunidad tiene hotel, calle, luz en las noches, escuela, alcalde, iglesia metodista y pastor, policía, banco,

almacén y un cartel en la entrada que dice: “Bienvenidos a La Aldea”.
Todos tienen trabajo, como les prometió Francisco. La nueva mina que administra para una importante compañía internacional no deja a nadie de la comunidad sin trabajo. Él percibe el cuarenta por ciento de las ganancias de la empresa, con ello paga los salarios, destina una cantidad al desarrollo de la comunidad y se reserva el resto para sí.
El zapatero y el carpintero afinaron sus asperezas y ahora son la mano derecha del viejo; ambos son importantes y respetados por el resto de la comunidad, ya no son lo que eran ni arreglan más zapatos ni asientos, eso lo hacen en la moderna zapatería y carpintería. Todos dejaron de ser lo que eran, ahora son una cosa u otra y esclavos del maldito trabajo, pero nadie dice nada por miedo a ser encerrado. Todos piensan votar diferente la próxima vez, tal vez elegir alguno de los nuevos comerciantes venido desde allá y con más experiencia. La paz y la tranquilidad nunca más reinaron entre ellos en el pueblo “La Aldea”, ahora que se lo puede ubicar en el mapa y visitar.


Miércoles, 24 de abril

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