El Acento

Un juego irreverente

11.12.18 | 12:17. Archivado en Sobre el autor

Hay obras que se sitúan más allá de la novela, llegando a traspasar unos límites innecesarios. Ocurre muchas veces cuando al autor se le ocurre mezclar distintos efectos, como novela-ensayo, o ensayo-reflexión, o reflexión-adoctrinamiento…, en un juego experimental que no siempre proporciona unos resultados apetecidos.
Recientemente me interesó recordar la visión de Kundera sobre la existencia, y cómo ésta envuelve las conciencias de los personajes que deambulan por sus escritos. Intenté, de nuevo, leer La insoportable levedad del ser, con unos resultados verdaderamente desastrosos. Un ejercicio totalmente insoportable, el mío. Lógicamente el autor parte del Ser, para ir construyendo poco a poco una trama insulsa en un marco frío y tenso, no sólo en el sentido sociopolítico, sino también en el puramente literario. Puede que cuando este libro se publicó, a mediados de los ochenta, tuviese un sentido y justificación evidentes, incluso necesarios. Pero con el paso del tiempo la “novela” referida ha ido, para mí, de más a menos.
Como buen comunista, este checo-francés nos va exponiendo la historia sentimental (con todos sus elementos de acercamiento, frustración, odio, coquetería…) de seis figuras, como si se tratase de seis pétalos que salen despedidos al menor soplo creativo. Pero, no lejos de conformarse con ejercer un grandioso y espectacular esfuerzo de creación, nos deleita con mil consejos y explicaciones sobre lo que vendrá más adelante. Utiliza el recurso de mezclar los esclarecimientos filosóficos a través de un diccionario que va salpicando la historia, precediendo cada párrafo, para (supongo) ayudar al lector. A ese lector pueril, ignorante y desdichado, que no entendería esa levedad (de lo banal) sin la estimada y apreciada ayuda del autor.
Este diccionario-novela resultaría aún más insoportable sin el catálogo-muleta. Personalmente prefiero que desde el comienzo el autor me aclare qué me presenta. Si se trata de un simple glosario-registro o si, por el contrario, intenta que yo, como lector, a través de su historia inventada, extraiga todos los matices que mi capacidad de comprensión me permita.
Si nos aproximamos a la manera de entender el tema que tendría, por ejemplo, Henri Michaux, el Ser de Kundera sale mal parado. Un poco tullido y lisiado, digamos cojitranco. “El ser interior -afirma Michaux- tiene todos los movimientos”. Con estas pocas palabras queda todo, o casi todo, dicho.
En El ojo y el espíritu, Maurice Merleau Ponty afirma: “La profundidad, el color, la forma, la línea, el movimiento, el contorno, la fisonomía…, son ramificaciones del Ser, y porque cada uno puede traernos todo el ramo, no hay “problemas” separados en literatura, ni caminos verdaderamente opuestos, ni “soluciones” parciales, ni opciones sin retorno”.
Reconozco que, en esta ocasión, la lectura comenzada volvió a presentarse ante mis ojos como La broma que nos conduce, irremediablemente, al mundo De la Risa y el Olvido.
En fin, cuando Alcibíades le preguntó a Sócrates qué somos de verdad, éste le respondió: Granos de arena en el vientre del tiempo.
Me quedo con este último pensamiento.
Vale.


Domingo, 16 de diciembre

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