El Acento

TABÚ: Mi esposa me maltrata

25.02.17 | 12:12. Archivado en Sobre el autor

TABÚ: Mi esposa me maltrata (EBOOK)
Autor: M. CRUZ
Año: 2017
Dónde encontrar: Casa del Libro

Impresionante ejercicio literario. El autor se sumerge en el sufrimiento de un hombre maltratado hasta lo inimaginable. Asistimos a un acto de pura degeneración de lo humano.

Este libro, escrito por M. Cruz, (su primera novela), acaba de salir a la venta y va dedicado a todas las mujeres maltratadoras, a todos los maridos humillados hasta lo impensable, y a los mismos profesionales de la mente, que sólo parecen observar procesos de depresión (o patologías al uso) donde en realidad únicamente hay miedo, angustia y terror hacia la esposa...

Mejor leamos la dedicatoria con sus propias palabras:

"Este libro va dedicado a todas las mujeres maltratadoras. A todas las esposas violentas. A todas las que insultan, golpean, humillan y menosprecian a sus esposos… Hablamos de esposas que invaden los espacios y los tiempos de ellos. Mujeres que, en su terrible debilidad, cruzan la frontera yendo más allá, a ese lugar que todo ser humano tiene prohibido: El otro. Salirse de uno mismo para asediar a la pareja no es humano. Es animal. Tal vez una exaltación miserable o un instinto insectívoro. Muchas de ellas usan la violencia para esconder su propia inmadurez, con la tranquilidad de saber que el sistema las ampara y las protege. Otras arrojan a sus hijos contra ellos, como dardos que hieren. Estas mujeres no aman. No pueden. No saben. Cosifican al marido y a los hijos. Son insensibles, arrogantes, eternas. Una plaga. Blatta repetida, multiplicada.

También lo dedico a usted, lector, al que aún no he tenido el gusto de conocer. Aunque eso de que no le conozco… Maduré lo indecible en la narración de esta historia. Me zambullí -en un esfuerzo de empatía sin igual- en su mente, en el propio ser que usted encarna. Quise oírle, verle, oler sus miedos, rozar con las yemas de mis dedos el sudor de su frente, calmar con la palma de mi mano la frenética pulsión de su corazón. Lo intenté. Y para eso no tuve más remedio que permanecer mucho tiempo a su lado, comprendiéndole, ayudándole, amándole.

Por último, me dirijo al señor que permanece sentado tras la maravillosa y cara mesa nogal de su despacho. Le descubro oyendo los ecos ocultos de esos pensamientos y temores callados. Frente al paciente que vomita sus miedos. Le veo tragando las humillaciones y los insultos y convirtiéndolos en simples casos de depresión y de menosprecio. Os observo a todos. A todos los que disimuláis y arrojáis las estadísticas al cubo de la basura. A todos los callados de las consultas. A estos tres grupos de personas va dedicada esta historia, con todo el sonrojo del mundo. El autor


Doctor Mario Crocco III

12.02.17 | 18:26. Archivado en Sobre el autor

La ciencia se disgrega cuando las disputas políticas meten la cola
Aquí sí, allá no: el resultado de Crocco cuadraba bien en la tradición iberoamericana; no cuadraba en la neurociencia anglófona. Las fuentes presupuestarias de ésta tenían motivos geopolíticos para apoyar la lucha contra "romanismo", "papismo" y "jesuitismo", contribuyendo a sustituir capilarmente la dominante cultura latina en los países de esta tradición. Sólo con suma lentitud empezó a disiparse, en esa neurociencia, la errónea creencia de que la lucha por el dominio geopolítico exigiese también negar que en la naturaleza existen realidades como los psiquismos, tan parecidos al viejo concepto de "alma" en su capacidad de iniciar series intencionadas de acciones (semoviencia) y de entonarse con las entonaciones subjetivas o caracterizaciones no estructurales unitestigo. Interpretándolo como una exigencia de los intereses globales de sus fuentes presupuestarias, la neurociencia anglófona resistió medio siglo estos aportes provenientes de Iberoamérica, y al globalizarse internet, a partir de 1995, fomentó con cuantiosos recursos una interfaz filosófica, distinguida como "consciousness studies", en parte destinada a proporcionar al gran público, en cuanto a relaciones entre el cuerpo y el alma, respuestas sustitutivas de las originadas en las presuposiciones "papistas" de la cultura latina y conformes al estado de la neurociencia anglófona. Con esto se procuró "taponar" toda otra línea investigativa. Crocco, como naturalista ajeno a todas esas cuestiones de intereses, destacó de inmediato un crucial resultado nuevo de los mismos anglófonos, del que sus propias y atrasadas neurociencias no podían advertir la relevancia.

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Doctor Mario Crocco (II)

05.02.17 | 13:53. Archivado en Sobre el autor

Haciendo cuentas
Dirigía la Escuela Normal de Profesores el Dr. Mariano Celaya, antiguo alumno de Jakob que fomentaba las inquietudes del alumno Crocco y le canjeaba especímenes, que éste recolectaba, por otros del museo de la Escuela. A Crocco le importaba calcular y, cuando leyó en un Más Allá que el Arca de la Alianza podía funcionar como un capacitor eléctrico capaz de fulminar a quien la tocase sin revestirse de una jaula de Faraday puesta a tierra, y comprendió que la sobreveste sacerdotal, de seda entretejida con hilos de oro, obraba precisamente como tal, pasó meses calculando los valores de capacitancia y descarga del Arca perdida: apreciaba que, aunque toda medición física es aproximada y su exactitud al principio demasiado poca, siempre reduce la incertidumbre y eso es ya información valiosa. Como Celaya hubiera lamentado que se desconociese la extensión de los vasos capilares que distribuyen la sangre dentro del cerebro humano, unos meses después Crocco le presentó extensos cálculos con resultados harto razonables: trabajando a tiempo completo, había medido la diferencia entre el "empuje" de la sangre que entra al cráneo por las carótidas y el de la que sale por las yugulares, y había dividido esa diferencia por el coeficiente de viscosidad medido a la temperatura del cuerpo, obteniendo, en decámetros cuadrados, la superficie de las ramificaciones vasculares dentro del cráneo. Un dato cuando explica se trasciende a sí mismo… ¡Para eso hay que forjarse modelos! Sólo así puede reconocerse, en esa tosca diferencia de empuje, un hecho empírico relevante para medir la superficie del lecho vascular adentro de la cabeza. Celaya profirió la única interjección de la lengua vascuence (sabía que Crocco champurreaba el idioma, por sus padrinos de Álava) y lo estimuló a tratar de visualizar otro espacio intersticial: el que dentro del tejido del cerebro separa entre sí las neuronas y otras células. Son en total un millón de millones, esas células; pero por entonces, hacia 1960, todavía se las creía cinco o seis veces menos, unas 150 mil millones nada más.

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