La homosexualidad es una enfermedad
14.11.11 @ 11:18:54. Archivado en El acento político
Dicho así estoy seguro que esta frase causará, al menos, indignación en algunas personas. No es mi intención, por supuesto. Sin embargo, escrita está y me reafirmo en ella. No ganamos nada con que alguien se sienta irritado. El único fin de esta nota es utilizar la libertad de expresión (mi libertad de expresión) para manifestar negro sobre blanco lo que pienso sobre este asunto.
No sólo lo pienso yo. Hay, dentro de la comunidad científica, muchos expertos que opinan lo mismo. Quien no lo crea que busque algo de información y se convencerá. Es verdad que la OMS retiró la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales. Y ya desde 1990 no es considerada como tal. Eso es cierto. Pero también es cierto que el sentido común nos dicta que la relación más lógica del ser humano es la heterosexual. Seguimos siendo una especie animal, no lo olvidemos. Por eso, que un hombre busque a otro hombre para mantener relaciones sexuales, o una mujer lo haga con otra mujer, es algo moralmente reprobable.
Aún no nos hemos puesto de acuerdo en esta sociedad en distinguir con claridad lo que es bueno de lo que es malo. Le seguimos dando vueltas a esta cuestión desde que los griegos presocráticos pensaron en ella. Por tanto, lo primero que deberíamos hacer es diferenciar con exactitud el bien del mal. Después, con esta diferenciación, establecer un código moral para poder convivir unidos. Y si esto no lo hemos logrado, ¿por qué no puede uno pensar, por ejemplo, que ser maricón es malo y perverso (o bueno y envidiable)? Cualquier desviación de lo normal está siendo defendida por diferentes sectores sociales y políticos interesados en ello. Defender a los maricones, a las tortilleras, a los transexuales (o las transexuales), está de moda, da votos, y constituye un caldo de cultivo para ensalzar ese discutible valor del todo vale.
Pues no vale todo. Lejos de estas perversiones políticas podemos afirmar que en cuestiones sexuales no vale todo. Y con el no vale todo no intento entrar en doctrinas religiosas, por ejemplo, católicas. En realidad, lo confieso, me importa un bledo lo que la Iglesia Católica opine sobre esto.
Sin embargo, por encima de estos matices, debemos tener presente unas normas elementales. Y la primera y más importante de ellas es el respeto. Personalmente tengo amigos maricones, algunas son lesbianas. Y yo digo: ¿Y qué? ¿Acaso reparo en ello? ¿No me da lo mismo lo que cada uno haga de su sexualidad? Pero una cosa no quita la otra. El mismo derecho tiene el que piensa que un homosexual es un enfermo que el que piensa lo contrario. Son solamente ideas, creencias, formas de entender las cosas. Y si usted que está leyendo esto siente en su interior un deseo irrefrenable de arremeter contra estas ideas, hágalo. Como yo, puede y debe usar su libertad de expresión.
Lo que me da pena es que en este país se pueda hablar y disparatar de muchas cosas, por el simple hecho de que son políticamente correctas, y, sin embargo, es mejor quedarse callado cuando de lo que quieres hablar es considerado un tema tabú.
Todos tenemos pre-juicios. Y todos debemos intentar despreciarlos para ver y comprender mejor al que tenemos al lado. Vale.
Comentarios:
¡Qué suerte tienen sus amigos maricas con usted!
Por descontado, lo que dice usted en su artículo me parece una estupidez, y ahora le considero a usted un tonto más de los que campan por el mundo. No lo conocía yo a usted, pero un tonto más... qué importa.
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Antonio Florido Lozano
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