Hablemos de Educación
06.12.10 @ 11:11:31. Archivado en El acento político
En estos apuntes quiero plantear otra visión de lo que, a mi juicio, debería ser la Educación. Todos los días observo el comportamiento de los jóvenes que van al centro educativo donde deben pasar un mínimo de seis horas escuchando de todo. Desde las consideraciones lógicas y sensatas de unos profesores dignos y profesionales, hasta las monsergas de algunas asignaturas que lo único que les proporcionan son conocimientos débiles, la mayor parte de las veces asentados en adoctrinamientos gubernamentales.
Asignaturas como Educación para la Ciudadanía sustituyen la función de los padres. Éstos delegan en el Sistema lo que debería ser una actividad de responsabilidad inalienable para el núcleo familiar. Es más sencillo, claro está, decirle al maestro: “Ahí lo llevas”, que entenderse con los hijos en la lucha diaria que es y debe ser la educación.
Los valores deben emanar de la familia. Por tanto, el Estado está obligado a establecer las bases para que estas relaciones familiares funcionen y sean sólidas. El padre sólo quiere que su hijo titule. Nos encontramos, así, con una caterva de zánganos, con un título descafeinado bajo el brazo, enfrentados a un sistema laboral hermético y excluyente. Pues este mercado de trabajo busca personas comprometidas e ilusionadas con su labor diaria, buscando un futuro viable que de otra manera difícilmente lograrían alcanzar.
Deberíamos plantearnos lo que desean los empresarios. Hacía dónde queremos dirigir nuestra sociedad y, según esto, qué objetivos debería plantearse la Educación.
Vamos a la cola de resultados en el marco europeo. ¿Por qué? La respuesta es la pérdida de valores. En los centros de enseñanza no se enseña a leer ni a escribir. Los hechos están ahí. La mayor parte de los universitarios cometen faltas de ortografía. No digamos de sintaxis. Se obliga a los alumnos a leer cuando el acto de la lectura debería nacer en la familia y ser una actividad libre y gratificante. Per, ¿quién se pone con sus hijos delante de un libro después de una dura jornada de trabajo? Pensemos.
Debido a estos detalles y a otros que no caben en estas letras propongo:
Que no se dé el título de ESO a los dieciséis años. Que se evalúen las características de cada persona, acabe con la edad que acabe, y que ese registro le sirva para acceder al mundo laboral. A veces hay jóvenes que no acaban la secundaria que tienen más sensatez y compromiso con el esfuerzo que otros con altas notas y que, en el fondo, son y serán siempre unos vagos e inútiles para ganarse la vida.
Que desaparezcan las asignaturas basura. Como ejemplo la citada antes e incluso la llamada Tecnología. Las empresas se encargan de formar en la técnica y metodologías propias de su sector a los futuros trabajadores.
Que sólo se estudie Matemáticas, Lengua, Literatura, Música (al estilo de los clásicos griegos), retórica, dialéctica, lógica y deportes.
Descargar de horarios inútiles a los alumnos.
Debemos dar la máxima libertad a las personas. No todos deben ni pueden ni quieren estudiar. Reafirmemos nuestro compromiso con la verdadera educación. No adoctrinemos a nadie. Libre el pensamiento, la razón y la sensatez para entender la vida en toda su crudeza y en todo su esplendor.
Sé que lo que digo es una mierda que nadie tendrá en cuenta, pero es lo que pienso. Seguiremos hablando en voz alta de estos asuntos. Por hoy está bien. Vale.
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Antonio Florido Lozano
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