Los sindicatos españoles son vergonzosos
18.06.10 @ 22:14:25. Archivado en El acento político
España se caracteriza por poseer una clase sindical formada por ex trabajadores que, hartos de aguantar las ocho horas de jornada laboral, buscan un enchufe para poder dedicarse a otra cosa. El enchufe es demostrar que se vocifera más que los demás y afiliarse a un sindicato donde ir escalando poco a poco hasta liberarse del yugo del trabajo.
En la etapa de ascenso los sindicalistas y sindicalistos manifiestan su aversión por los empresarios argumentando lo malos que éstos son para el trabajador. Se enfrentan a ellos y dicen defender a sus compañeros de las garras del maligno empresario. Cuando consiguen liderar un pequeño comité sindical, del ramo que sea, el sindicalisto y la sindicalista ven cercana la hora en que dejarán por fin de levantarse a las tantas y sentirán en su interior la tentación de convertirse en verdaderos felones. En ese momento deberán tragarse las miradas de los que no teniendo posibilidad de engancharse al carro siguen en el tajo como todos los días.
Si preguntásemos a las conciencias calladas de los sindicalistos por el motivo que les llevó a ocupar un cargo en el que no se hace otra cosa que rascarse la barriga, las respuestas que recibiríamos serían siempre las mismas: “vivir del cuento, que la cosa está mu mala”.
Vivir del cuento es cobrar por un trabajo que no existe. Vivir del cuento es engañar a los trabajadores decirles que van a salir a la calle a protestar, a paralizar el sector, el país, a defender sus derechos, derechos aplastados, según ellos, por un gobierno que legisla desde la distancia y de espaldas a la realidad. Vivir del cuento es realizar una huelga de funcionarios cuando todo está firmado. Vivir del cuento es convocar una huelga general dentro de varios meses. Es como si uno va al médico con cuarenta de fiebre y éste le manda antibióticos y antitérmicos y le dice a uno que se los tome dentro de, digamos, dos semanas.
Es bochornoso lo de este nuestro país con los sindicatos. No se puede ser más inoportuno ni más ruin, ni tampoco más pérfido con la propia clase trabajadora a la que dicen defender. En España quien no está enchufado en un sindicato y cobrando por aquí y por allá es tonto de remate. El trabajador, el asalariado, el autónomo, el funcionario, que cumplen todos ellos con su deber, que son los que verdaderamente mantienen a esta clase de zánganos y de parásitos, no están reconocidos, a esos que los zurzan. Y que paguen, por supuesto.
Mientras pasa la tormenta los sindicalistos hablan, rumorean, amenazan, se miran entre ellos y piensan y desean que esto pase pronto, por favor. Que lo mejor es que España enjugue su déficit, que los empresarios sean buenos con los empleados, que nadie proteste y que vengan los dineros del Estado para vivir como reyes, como reyes abdicados, para hacer menos aún. Da grima ver por la tele la cara ancha y bien jugosa de la mayor parte de los sindicalistos que llevan toda la vida sin dar palo al agua, con su chaqueta, su corbata, tomando café con fulanito y riendo las gracias al político de turno.
Y que conste que ser sindicalista de verdad, por convicción propia y sincera, es una tarea hermosa y digna, como digno es tratar de conquistar y consolidar derechos en el ámbito laboral para las personas. No hablamos aquí de los sindicalistas puros, de las personas honestas que después de la jornada de trabajo se reúnen para hablar de las condiciones laborales que se pueden mejorar, que debaten y pelean con algunos empresarios salvajes que todavía hay por ahí.
De esos no hablamos. Vale.
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Antonio Florido Lozano
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