Educación sostenible
04.04.10 @ 22:29:18. Archivado en El acento político
Colocar el atributo “sostenible” a cualquier categoría conceptual resulta dar por sentado que aquello que se califica debe ser “sostenido”, pues de lo contrario caería hasta la sima más profunda. Ocurre con el desarrollo, con la economía, y ahora nosotros lo pedimos para la educación.
Con desarrollo sostenible los políticos más cercanos a posturas radicales de izquierdas han gozado la oportunidad de sentirse legitimados a la vez que han declarado la guerra a los empresarios para que contaminen menos. Han conseguido también que muchas personas se sientan mal por el simple hecho de consumir productos fabricados en empresas eficientes desde el punto de vista técnico y competencial. Con la certidumbre de que al socaire de dicha legitimidad la clase dirigente seguiría sintiéndose protegida, dieron un paso más y comenzaron a culpar al ciudadano de todo lo que a juicio de los más puros de la política era malo, vil, impuro, desechable, abominable. Con la campaña contra los fumadores alcanzaron cotas cercanas al clímax y, sintiéndose endiosados, comenzaron a prohibir y a fabricar derechos como sólo la izquierda más vulgar sabe hacerlo.
Como todo lo que se hace sin mesura y sin sentido común, la izquierda, los rojos, los salvadores del mundo, cometieron errores mayúsculos, como por ejemplo que hoy sea un derecho asesinar a un nonato con un futuro envidiable y una vida por delante al amparo del Estado, y no tengamos derecho a fumarnos un cigarrillo mientras almorzamos en un restaurante.
Pasó el tiempo y a los socialistos se les ocurrió que como ya no fumábamos y no corríamos por la autovía, ahora lo que tocaba era volver a inventar. Y a un listillo o a un memo ignorante, que para el caso es lo mismo, se le ocurrió lo de economía sostenible.
El colmo de los disparates. En una economía cada vez más competitiva, cada día más internacionalizada, con mercados más dispersos y deslocalizados, con una división internacional del trabajo sin parangón en la historia económica universal conocida, ahora viene el presidente de nuestro gobierno y le dice a los empresarios que racionalicen y dirijan sus cuentas de resultados a la sostenibilidad. Claro está que el empresario, pequeño o grande, le mirará de soslayo con una sonrisa como diciendo, “¿será lerdo?”.
Y nosotros nos preguntamos al hilo de lo dicho por qué no una educación sostenible.
Sostener la Educación de este país es necesario a la vista de los informes internacionales elaborados por instituciones poco sospechosas. Que somos de los últimos en la mayoría de los ítems que estos informes evalúan no es una sorpresa, llevamos años así. Por tanto, aboguemos por una educación sostenible que respete la capacidad de decisión de los padres para matricular a sus hijos y para decidir lo que deben o no deben estudiar. Defendamos una Educación sostenible en la que los niñatos que van a dar la lata al instituto reciban la atención necesaria con medios materiales, temporales y humanos adecuados y no se dediquen a machacar la ilusión de los alumnos que van para algo más que para pasear la mochila. Hagamos de la Educación un marco donde los profesionales se sientan reconocidos humana, social y económicamente, donde ningún profesor se tenga que dar de baja por problemas de ansiedad o depresión. Hagamos que la Educación se sostenga por los pilares de la cultura y el saber, erradicando a todos los mojigatos que se dedican a impartir cursos de tonterías a profesores adormilados, por el sólo objetivo de dejar la tiza y meter la cabeza adonde sea con tal de no sufrir más en las aulas.
No creemos que sea un disparate lo que pedimos. Desarrollo sostenible, economía sostenible, educación sostenible. Al final, si no estamos atentos, el Estado nos va a convertir en ciudadanos y ciudadanas sostenibles. Al tiempo. Vale.
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Antonio Florido Lozano
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