El ministro cacique
19.02.09 @ 09:50:40. Archivado en El acento político
La crisis financiera afecta al mundo entero. Los inversores, los grandes inversores, buscan mejorar sus carteras y hasta que esa mejora no se produzca deberemos soportar la caída en picado de las variables macroeconómicas que, en última instancia, pasan a ser variables de andar por casa. Porque quien más quien menos tiene una hipoteca, un préstamo personal, una tarjeta de crédito y otras grietas parecidas que desangran su cuenta de resultados. Salir de esta situación sólo se puede hacer echando mano de lo de siempre: la austeridad. Ahorrar, desplazar gastos superfluos y comprar sólo lo que verdaderamente nos hace falta.
Pero este modo de actuar debe ser general, porque de lo contrario el gasto seguirá aumentando, el déficit se volverá cada vez más insoportable y las ilusiones por salir adelante se esfumarán. Dicho así suena bien, o puede sonar bien, pero una cosa es decirlo y otra hacerlo.
Que se lo digan, si no, al presidente del gobierno de Galicia. Díganle a este señor que ahora es tiempo de ajustarse el cinturón. Díganle todo esto al mismísimo presidente del gobierno español. Háganle ver que malgastar los dineros en levantar carteles propagandísticos para alabar la grandiosa gestión de la izquierda no es ético.
Estos días vemos en la tele al dictador Chávez, el endiosado presidente de la república bolivariana. Vemos cómo engaña y manipula al pueblo de Venezuela para perpetuarse en el poder. Oímos su discurso soez y populista mientras mucha gente de su país no tiene lo básico para salir a flote.
Aquí en España seguimos esa senda tenebrosa donde los discursos políticos se vuelven proclamas leninistas, donde ensalzamos a la izquierda progresista y la atiborramos con los euros de los trabajadores, donde se sataniza a la derecha y decimos de ella que son los malos, los franquistas, los fachas. Y, sin embargo, leyendo aun someramente los manuales más rojos de historia, comprobamos que en España seguimos con la vieja losa del caciquismo. Todavía no hemos sido capaces de desprendernos del señorito que mira por encima del hombro al campesino. Porque las clases siguen existiendo. El que tiene dinero y poder sigue creyéndose dueño de todo, hasta de la moral.
Tenemos en España a un ministro que se cree, el pobre, un señorito. Se va de caza a los montes de Jaén. Allí unos jornaleros le apañan el día, obedecen sus órdenes y entre todos crean el caldo de cultivo para que el señor ministro se vea asimismo importarte, imponente, majestuoso, divino. Al ministro le acompaña el juez. ¿Adivinan su nombre? El mismo. Entre disparo y disparo, el ministro y el juez dictan sentencia sobre los pobres jornaleros que van a pie y desde lo alto de sus cabalgaduras deciden la suerte de éste o de aquél.
Al menos Chávez no creemos que engañe a nadie a estas alturas. Todos le conocen y si les votan no es por coincidencias de ideas sino por miedo a represalias. Chávez maneja una dictadura con mano férrea, militar. Lo malo es aquí, donde los más se creen a pies juntillas las necedades de unos rojos que venden la idea del todo vale, del todo gratis, o la idea de que la crisis ¿qué crisis? , no existe. Vale.
Comentarios:
Aún no hay Comentarios para este post...
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Los comentarios para este post están cerrados.
Antonio Florido Lozano
autor
Contacto


