El cambio climático
11.01.09 @ 20:04:53. Archivado en El acento político
Cuando entré en mi casa el otro día noté una ráfaga de gélido aire golpeando mi cara y me dije, ya está, esto es el cambio climático que ha llegado hasta el barrio donde vivo. Luego entré en el salón y del calor que hacía se me saltaron hasta las lágrimas y es que mi niña había puesto el aire a reventar y echaba calorías hasta por la placa de características. Y me volví a decir de manera reflexiva, el cambio, el cambio climático que se ha colado por bajo la puerta. A la hora de comer puse el parte – el telediario dicho con palabras de los sesenta- y salió el presentador muy serio explicándonos que el aeropuerto de Barajas estaba cerrado a cal y canto, y no sé por qué me acordé de la jungla de cristal de brus güilis y me dije, vaya, vaya tela con lo del cambio climático. Después salieron las calles de Madrid blancas y llenas de coches y la reportera enchufó el micro a un par de currantes y los dos estaban cabreados. La noticia duraría lo que tardé en llevarme a la boca dos o tres cucharones de garbanzos, poca cosa.
El locutor explicó que en Madrid había estado nevando toda la mañana y que las quitanieves pues no se sabe bien dónde estaban, de si había muchas o había pocas, pero la verdad es que ese día muchísimos trabajadores no habían podido acudir a sus curros, la gente se resbalaba al andar por las calles llenas de hielo, los viajeros se encontraban atrapados en el aeropuerto y que todo, en fin, era un caos. Y claro, uno se pregunta, si esto sucede en Madrid, cómo demonios lo estarán pasando en Oslo, en Berlín, en Moscú, es decir, en donde se sabe que nieva por un tubo. Luego salió la ministra de fomento, la magdalena y, entre cucharón y cucharón, nos dijo que los fallos se habían cometido en todas las administraciones, como si hubiera miles y miles de administraciones y las cosas se las echaran de uno a otro en cascada. La ministra dijo, señores, la culpa es de todos, todos han fallado, el ministerio, la comunidad madrileña, el alcalde de Madrid, todos. Miré a mi mujer que ya iba por los postres y miré, sobre todo, a mis dos niños, que comían haciendo miguitas de pan y ajenos a todo y entonces les dije apenas susurrando, queridos míos, esto es lo que tenemos, este es nuestro país, esto es España.
La magdalena es una mujer (hasta ahí bien) que se dedica a la política (seguimos bien), que se dedica a la política porque un buen día, cuando la magdalena era la maleni, alguien le dijo en su casa, niña, eso de trabajar es muy duro, métete en algo, en donde sea, pero quítate del curro, niña. Y la niña obedeció. Y se metió en un lugar rojo que ponía Psoe en la puerta y en ese lugar cuando la moza cruzó la puerta el portero le dijo, muchacha, tú vas a llegar lejos. Y de tan lejos que apuntó la mocetona llegó a Madrid y allí se encontró con otros jovenzuelos que venían de todas las puntas de España y venían, según ellos, a jacé carrera.
Hoy nos encontramos a una verdadera calamidad puesta a dedo al cargo de responsabilidades que la desbordan. Pienso que la pobre mujer ni siquiera comprende lo que tiene entre manos. Hasta para vender en el mercaíllo hay que tener don y sabiduría y arrestos para colocar a evro lo que apenas llega al céntimo. Por supuesto, de lo de dimitir nada, faltaría, ella dimitir, pero dónde se ha visto tamaña injusticia. Que se apliquen los del tiempo que esos son los que tienen la culpa de que en Madrid nieve cuando no corresponde; y la nieve, la propia nieve, quién es para caer a peso sobre las calles de la villa sin el permiso de su señoría.
Para cuándo unas exigencias de calidad a la hora de buscar y de poner ministros. Por qué debemos aguantar y pagar el sueldazo de personas que no han dado un palo al agua en su vida porque toda su vida se dedica a la política. Por qué no se les cae la cara de vergüenza de hacer lo que hacen y no se van a su casa de una vez.
Entre nosotros. En mi pueblo hay una concejala que no tiene trabajo, digo bien, trabajo. Sólo usa la política para vivir del cuento. En las últimas elecciones –o en las penúltimas, esta cabeza mía- se le desencajaba la boca al decir lo que su pueblo le importa, que si tal que si cual, y de vez en cuando un golpe de pecho para exclamar, esta soy yo. El otro día me entero que se va a la capital porque le han buscado algo, algún puestecillo, para trabajar. Se acabaron así, de golpe, las apetencias por mejorar su pueblo. Y saldrá seguramente con la farsa inmoral de que estando en la capital luchará más y mejor por la mejora de todos.
Así nos va. Vale.
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Antonio Florido Lozano
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