Necesitamos otro 2 de mayo
02.05.08 @ 21:00:20. Archivado en El acento político
Madrid se sublevó. En un desafío brutal de los franceses muchos ciudadanos dijeron ya basta y salieron a las calles para defender lo que en su fuero interno creían suyo, esto es, un sistema de valores, un territorio, una patria, un hogar y unas ilusiones que los extranjeros querían manosear. Hoy se cumplen doscientos años, se dice pronto, de aquella epopeya callejera que puso a toda una nación en armas contra el invasor. Qué tendrán los españoles que viven, así, como si nada, pasando los días como se pasa sobre un puente imaginario de altísimas proporciones, ignorando la sima que ocupa todo el espacio bajo sus pies. Pero que cuando se habla de lo mollar, de lo medular, cuando lo que está en juego es la esencia misma del alma ciudadana, todos van a una y se sale a la calle pase lo que pase.
La historia nos ha contado distintas versiones de lo sucedido por aquellos incipientes pliegues del XIX, ya tan lejos; desde los episodios galdosianos de Gabriel de Araceli cabalgando a lomos de los primeros años del siglo, hasta las ideas benevolentes y modernas de José I de la mano del emperador. Cada uno que se quede con la versión que menos le desagrade, pero lo único que coyunda a todos estos puntos de vista es la realidad de la sublevación.
En España, sí, digo bien, en España, sufrimos en estos primeros años del siglo XXI una nueva fuerza invasora. La fuerza del enrasamiento, de la vulgaridad, del anonadamiento; la fuerza que todo lo quiere nivelar. Una fuerza, un ímpetu desolador que, con la falsedad de la igualdad, quiere (y lo consigue) atontar a muchos de nuestros conciudadanos haciéndoles creer a pies juntillas el catecismo de la igualdad, sea como sea. La naturaleza nos demuestra diariamente y con infinitos ejemplos que cuando los factores se igualan todo se acabó. Observen para este caso un remanso cálido, sereno y hermoso de agua suspendida en un estanque, donde la única fuerza existente sea la onda ligera que una brizna de hierba produce sobre su superficie, al caer. Comparen esta situación con aquella otra donde el líquido zozobra vertiginoso horadando las rocas encontradas a su paso, donde el desnivel se vuelve evidentísimo, bruto quizá, pero claramente definido. Qué diferencia de fuerzas, diríamos, qué bella la desigualdad y el desnivel que, en el proceso de nivelación desarrolla toda su potencialidad.
Con esta cursilería sólo queremos indicar que el hombre y la mujer no son iguales, nunca lo han sido y jamás lo serán. Lo único que debemos defender y conquistar es la igualdad de trato, de derechos constitucionales, de deberes y, más allá, la igualdad de oportunidades. Sin embargo la invasión de tonterías del gobierno de Zapatero lucha por que haya paridad en los Consejos de Administración de las empresas, por ejemplo, dejando de valorar en este caso a hombres y mujeres que por sus méritos debieran ejercer estas funciones. Supongamos que en una empresa hay veinte miembros en el ejecutivo; pregunto ¿por qué los veinte miembros no pueden ser mujeres dado el caso de que los varones del ejemplo fuesen unos lelos e ineptos?, ¿por qué no al contrario?, ¿qué derecho tiene un poder público para marcar las líneas de trabajo de un ente privado?, ¿dónde pone el Estado los límites, la frontera de su actuación?
En este país que aún llamamos España nos dan más puntos a la hora de matricular a un hijo en un colegio si estás divorciado o en proceso de, si eres una familia monoparental (qué coño de familia será esa), o si eres inmigrante, antes que si has formado una familia entre un hombre y una mujer, a lo tradicional. Pero en este caso de usurpación de estratos privados por parte del Estado, una invasión napoleónica en toda regla, la gente no sale a la calle ni protesta.
La gran invasión es la de la mente, la de la comedura de coco por parte de inútiles que han pasado por la universidad para afinar más aún su inutilería, permítaseme. Ya esta moviéndose la colita del PSOE, ya están saliendo casos de enchufismo descarado, de amiguismos, de aquí vale todo, ya ETA se engalana, ya sube el paro, los precios, etc. Y esperen a final de año, cuando los bancos comiencen a ejecutar embargos, esperen, porque será un lamentable espectáculo patrocinado por el Zapatero de los 400. Vale.
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Antonio Florido Lozano
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