Podredumbres de Año Nuevo
03.01.08 @ 22:46:21. Archivado en El acento político
El ministro Moratinos, el ínclito e inefable Moratinos, pone a España a los pies de los caballos moros con su visita al país vecino a ver si el mosqueo del rey alauí va a menos. Vaya tela con la política exterior de nuestro país, puesta en manos del mofletudo izquierdista y vividor profesional de la política. La diplomacia del perdone usted si le he molestado, que así no vamos ni a la esquina del mundo civilizado. Sería impagable poder leer la carta que Moratinos entregó a Mohamed VI de parte del insigne Zapatero. Qué le diría la tal misiva, de seguro que empieza con eso de cómo está usted señor rey moro, por aquí todos bien gracias a Dios, y de seguro también, parece que lo estoy viendo, que acaba como aquellas cartas de los antiguos que terminaban con besos y abrazos en forma de cruces y ceros. De risa. Y de pena.
Pero a lo que vamos. A pesar del disgusto de la bajada de pantalones a que nos obliga nuestro representante diplomático, la izquierda de nuestro país ha inventado a un telepredicador a lo Robert Mitchum en aquella película que muchos recordamos con sal en la garganta y bilis estomacal. Lo de telepredicador no es mío, que conste, pero me gustó y ahí lo pongo, que suena bien. Pepiño Blanco, que me apuesto lo que sea no sabe dónde tiene la nariz (generosa nariz la suya, dicho sea de paso), harto ya de vapulear lo invapuleable, esto es, la oposición del PP, desbarra ahora en los foros mitineros y se mete con la Iglesia y con todo el que se cruza en su camino vocinglero. Pepino sabe de Biblia, sabe de religión, es perito en la mentira, pero no importa porque vomita críticas inverosímiles y estúpidas. Pepiño da clases a los obispos españoles, les aconseja y les adoctrina, porque él es docto en materias prosopopaicas e intelectuables (esto es fábula del que escribe).
Cabe preguntarse, empero, que diría don Alberto ( a éste no le conoce Pepiño) si debemos regurgitar nuestra última comida al oír las necedades de un político a quien los españoles le pagamos precisamente las idioteces que suelta por la boca.
Tomamos aire. Seguimos. El 2008 ha empezado con una defensa clara de la familia como valor sustancial, mollar, nuclear y medular, de la sociedad en la que nos ha tocado vivir. Salir a la calle a defender pacíficamente este inmenso valor no es ponerse en contra de nadie, es usar el derecho a la libertad de expresión para manifestar un convencimiento, cimiento y aglutinador de multitud de conciencias individuales. Sin embargo, el PSOE, al que debemos quitarle la O de obrero, la E de español (qué queda de España), la P de partido, pues más que eso es un clan mostrenco y arcaico y cambiamos la S de socialista por la I de integrista, digo, dice, oigan bien, dice, proclama y vocifera que para opinar hay que presentarse a las elecciones, coartando de esta manera tan burda y obscena el derecho constitucional de todo español a decir lo que le venga en gana siempre dentro del respeto más absoluto a las opiniones contrarias. Nos preguntamos entonces si el PSOE es un partido tolerante, si es un partido respetuoso, si es un partido sensato y centrado. Me temo que la respuesta es NO.
Pero acabemos por hoy con una gran noticia. La Audiencia Nacional ha condenado a treinta años de cárcel al etarra Juan Antonio Olarra Guridi por el asesinato de Luís Portero. Vean ustedes si pueden, esto es, si son capaces de reprimir una ligera arcada de bilis, la imagen de este imbécil que pasará el resto de muchísimos días encarcelado como un animal. Incluso tiene cara de tontovaina. A este ETARRA se le acabó la vida. Y pienso yo, por qué, por qué tanta idiotez en los actos de estos desaprensivos, qué tienen en la cabeza, si es que tienen algo, para que de buenas a primeras descerrajen un tiro a alguien que no conocen y exponiéndose a perderlo todo. Quizás sea este un dilema inescrutable porque el que tonto nace tonto muere. Se le caerán los días encima de los hombros como hechos de plomo, pesados, monótonos, con una puntualidad enloquecedora, entre barrotes, maldiciendo en el patio de reclusos, levantando el puño de euscalerría, como ellos dicen, para que nadie les vea, sirviendo de mofa para todos aquellos más listos que él que quedaron fuera de la cárcel. En fin, que se pudra, pero que tarde, que lo haga con la lentitud exasperante de la carne muerta que no quiere desaparecer, que levante el puño avejentado por los años y que cuando salga, si sale, se siente en un banco de una cualquiera, de una población cualquiera de las provincias vascongadas y con la cabeza gacha llore por sus víctimas y por su vergüenza de no haber sabido vivir con decencia. Vale.
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Antonio Florido Lozano
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