Contar hasta 155

Cuando se planifica la instrumentalización del miedo para la consecución de fines espurios  (como ha hecho el Govern con los catalanes independentistas para salvar su “cul“) en el fondo lo que se está haciendo es inocular socialmente, y de manera consciente, un muy contagioso virus cuyo único y demoledor efecto es, paradójicamente, amedrentar a todos los que no son (somos) independentistas, colgándoles (nos) el sanbenito de “enemigos de…”, en orden a provocar en ellos (nosotros) la sensación de miedo-angustia ante peligros REALES.

Esta técnica político-social “instrumento-enemigo” (muy estudiada por Nietzchey y Milosz, entre otros) convierte al pensamiento en cautivo, anestesiando la parte racional de la que todo ser humano goza (con independencia del estado de las neuronas de cada cual).

Si al precitado esquema social lo aderezamos con otra técnica contemporánea como es la posmentira  (aseverar falsedades repetidamente descalificando ofensivamente a todo el que no comulga con las tesis predominantes) y hacemos que se desarrolle la ecuación entera con perfectos y ordenados trileros digitales de sentimientos tenemos lo que vemos actualmente en Cataluña:

  • Un Govern que dice que el “pueblo” catalán está oprimido por el Estado español.
  • Un Govern que dice que una Catalunya “independiente”sería casi un País de las Maravillas.
  • Un Govern que dice que lógicamente que el “pueblo” tiene Derecho a su felicidad y por tanto a autodecidir su propio futuro.
  • Un Govern que dice que la actuación policial (del Estado español) ha sido de una brutalidad inimaginable.
  • Los independentistas apedrean a las FFCCSE y señalan a todos y cada uno de los ciudadanos que no son como ellos, es decir, independentistas.

Se remarca la validez de un referendum (cuando yo también voté y jamás ha estado en Cataluña más de tres días seguidos en toda mi vida) y la brutalidad policial del Estado (vean las imágenes y los vídeos completos, y comprobarán que no ha existido tal “brutalidad”, más bien lo contrario) para justificar el asedio, señalamiento, descalificación y coacción generalizada contra todo aquel que disiente intelectualmente del pensamiento único.

Se dice que la imagen de “porras” sobre “gente pacífica” daña internacionalmente la marca España, pero nada se comenta acerca de si esa misma marca resulta siquiera mancillada o acaso reforzada por el hecho de que alguien se salte ya no la ley, sino el Estado de Derecho en pleno, pretendiéndose marcar una “autoproclamación política”. ¿Qué dirían esos países y medios de comunicación extranjeros si en sus domésticos territorios una ciudad o decidiera por las bravas declararse independiente?. Es evidente que otro “gallo” les cantaría.

¿Cuál es el problema?, que la solución “hay que dialogar” es imposible, y ello sencilla y llanamente porque dialogar implica pactar y conlleva realizar concesiones, y ahí al menos ya chocaríamos con el Govern y con el pueblo independentista: ellos YA no quieren un pacto fiscal especial, ni siquiera les contentaría un Federalismo modo suizo, ellos quieren ser independientes en derechos con mutualización solidaria de obligaciones.

Por ello, no hay otro camino que contar hasta 155. Todo lo que no sea ésto, conllevará cautivar ya no el pensamiento, sino el sistema de derechos y libertades públicas, y eso, yo, como ciudadano libre gallego residente en Madrid, no lo voy a consentir nunca.

A cuidarse, meus.

PGV.

 

 

 

Cataluña, Psicopolítica digital

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