¿Hacienda (perdón, D. Ramón Espinar Jr.) Somos todos?.

 

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Hace escasos días, y en respuesta a una pregunta sobre su famoso caso inmobiliario, el Sr. Espinar Jr., que estaba siendo entrevistado en directo en televisión, dijo particularmente algo  que consiguió fijar definitivamente mi atención: “cualquiera en mi situación hubiera hecho lo mismo que yo hice”.  Repito, sus palabras literalmente fueron:“cualquiera en mi situación hubiera hecho lo mismo que yo hice”, un  #TodosSomosRamonEspinar en clave twittera doméstica, si se quiere.

Efectivamente, esa simple e insignificante locución me trasladó mentalmente  a un comentario que había pronunciado una tarde mi amiga Elena (psicóloga clínica de profesión) en el seno de una de esas apasionadas disertaciones que hacía acerca de sus nacientes experiencias prácticas profesionales como terapeuta: el cerebro humano no soporta bien la frustración, y, como racionalmente no puede aceptar la renuncia consciente a nuestros verdaderos y sinceros pensamientos y propósitos, en orden a la evitación natural e inconsciente del estrés, se inventa excusas del tipo “estoy muy cansado“, “mañana será mejor día” o “cualquiera hubiera hecho lo mismo que yo“.

Pues bien, es evidente y pacífico que el supuesto problema “psicológico” de Junior no tendría mayor relevancia si no fuera porque precisamente él (como cargo político-público) se presenta como el santo y seña de un novedoso discurso de hacer política por y para la gente, soslayando las excusas y explicaciones vagas y carentes de contenido por otra parte tan propias de la vieja clase política. Se conoce que la nueva política pone el listón de transparencia y honradez tan alto que a veces (y solo a veces) ni siquiera ellos se encuentran en condiciones de cumplir adecuadamente.

A mayores y por mucho que se esfuerce en desmentirlo, creo sinceramente que es incuestionable lo que habría opinado públicamente Junior si esos mismos hechos hubieran estado protagonizados por un joven político visible del PP o del PSOE (la casta en definitiva, ya saben), en vez de por su persona.

Sin embargo, a mí no me preocupa el todos somos Ramón Espinar (Jr) –allá cada uno-, lo que sí considero trascendental es, a la vista de la nula documentación exhibida en sus numerosísimas explicaciones, si por la conocida y legal operación inmobiliaria se ha tributado como nos habría tocado a cualquier ciudadano de a pie. No hay nada más democrático, social, cívico y solidario que pagar los impuestos que corresponden.

Veamos, desde un punto de vista tributario, vamos a reseñar exclusivamente dos aspectos:

  1. Si por las aportaciones que iba haciendo como Cooperativista desde 2007 se practicó o no deducciones en su Irpf por adquisición de vivienda habitual, sin haber finalmente destinado el piso a su permanente y habitual vivienda.
  2. Cuál fue el título jurídico por el que recibió ese dinero con el que pagó la entrada.

En lo tocante al primer apartado, se resalta únicamente por si hubiera podido recibir devoluciones en sede de Renta.

Con respecto al segundo punto, él ha declarado que tanto su padre, su madre como su abuela le prestaron unos 60.000 € para la entrada, dinero que les devolvió “hasta el último céntimo”. Pues bien, no habría estado de más que hubiera mostrado el soporte documental de todo ello (que seguro que conserva) porque al respecto se podrían plantear una serie de hipótesis que lógicamente tendrían incidencia tributaria.

Si le prestaron el dinero en las condiciones por él declaradas, ¿hay documento privado de préstamo civil sin intereses?; ¿lo hicieron en escritura pública?;  ¿qué condiciones tenía ese préstamo? en orden a su correcta calificación jurídica y fiscal; ¿lo presentó en la Dirección General de Tributos de la Comunidad de Madrid a los efectos del art. 1227 del código civil?; ¿hay registro bancario de la transferencia por la que entró el dinero en la cuenta de Junior?; si lo devolvió, ¿hay registro de transferencia a las cuentas de su padre, madre y abuela?.

Todo ello es importante puesto que si pudiera documentalmente demostrar que recibió el dinero pero no que lo devolvió podríamos estar ante una donación encubierta que, por no cumplirse los requisitos legalmente exigidos tributaría de manera muy gravosa en sede del Impuesto sobre Donaciones de la Comunidad de Madrid, sin perjuicio de la sanción que habría seguido.

De no conservar soporte documental alguno, podríamos estar ante una ganancia patrimonial no justificada en Renta, con las implicaciones que ello tendría en la factura fiscal de Junior al respecto.

Es posible que estos comportamientos se encuentren en parte prescritos  (o no), pero incluso de ser así no debería ello ser óbice para que Junior hiciera un voluntario ingreso a la Hacienda Pública por el coste fiscal real de su operación y así “matábamos” dos pájaros de un tiro: casábamos el Todos Somos Ramón Espinar Jr. con el Hacienda somos Todos y además Junior aprovechaba una oportunidad de oro para hacer nuevamente política de la gente para la gente, desde sus cargos de senador, diputado y secretario regional de su partido de nueva política.

A cuidarse, meus.
P.

 

 

 

Impuestos, Podemos

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