El mundo descifrado

El Tribunal Supremo salva el culo a las autonomías

08.11.18 | 09:17. Archivado en Acerca del autor, Política

“Lo más maravilloso de la historia es la paciencia con que hombres y mujeres se someten a las cargas innecesarias con que sus gobiernos los abruman.” (William Borah).

El Tribunal Supremo se come un marrón intragable. La ilegalidad del Reglamento de Pedro Solbes provocaría que las Haciendas autonómicas tuvieran que devolver miles de millones de euros a los indebidos pagadores del AJD.

Me estrené en mi carrera profesional solicitando una devolución por ingresos indebidos por ese impuesto escondido en la legislación llamado Actos Jurídicos Documentados –en adelante AJD-, que recaudan las voraces Comunidades Autónomas.

Si relevante es el AJD en su recaudación es porque grava el timbre del papel utilizado en documentos notariales, y especialmente las escrituras que contengan contratos que puedan acceder al Registro de la Propiedad. Y esto es clave, porque la capacidad económica que debe asociarse al hecho gravado es lo que justifica en términos teóricos que deba pagarse este impuesto y quién debe pagarlo.

No sé los criterios que ha utilizado el Tribunal Supremo por este marrón que le ha caído y que tiene tres directos responsables. Uno, las Comunidades Autónomas y el PSOE que hizo una gran chapuza a la hora de regular el impuesto. Por supuesto, ningún gobierno del PP hizo después nada por resolverlo. Otro, la Banca que de manera irresponsable concedió a diestro y siniestro hipotecas cuyos gastos no debían haber financiado. Otro, el contribuyente, que no sabía que lo que pagaba, el AJD, que no debía pagar ni financiar. A los tres les venció su avidez, por recaudar, por financiar, y por ser propietario.

No me puedo permitir ni una gran extensión ni un mayor grado de precisión a la hora de explicar lo que para mí pasa con el problema del impuesto AJD que grava no las hipotecas, sino el hecho de que se escrituren y accedan al Registro de la Propiedad. Como a nadie le gusta pagar los impuestos (a nadie que sea un auténtico ser humano) pocos saben de impuestos, y casi nadie los sabe explicar. Ni el Tribunal Supremo va a saber hacerlo. A la vista está el marrón, la división y la mala imagen que está dando.

EL PROBLEMA JURÍDICO

Dos normas, una legal y otra de desarrollo reglamentario. Una la elabora y aprueban las Cortes, la otra el gobierno. Este tema es fundamental, porque una Ley tributaria debe elaborarse y aprobarse por las Cortes y por la vía ordinaria (las Cortes nacieron precisamente para un fin principal: establecer impuestos y controlar o presupuestar el gasto del Monarca y el Estado).

La vía ordinaria garantiza que el proceso de debate y deliberación entre diputados y senadores sea sereno y exigente. Es por ello que el Tribunal Constitucional declara inconstitucionales los Decretos Leyes que modifiquen o creen tributos (son leyes que emanan del gobierno en situaciones de extraordinaria y urgente necesidad, tienen vigencia inmediata y han de ser luego convalidadas o derogadas por las Cortes).

En la práctica todo se queda en nada, la posterior convalidación o no convalidación no impide que el Decreto Ley entre en vigor desde el momento uno de su publicación en el BOE.

El gobierno del PSOE persiste en la chapuza legislativa de establecer o modificar tributos por Decreto Ley.

El AJD se regula por Ley en Título III, artículos 27 a 44, del Real Decreto Legislativo -LEY compilativa-1/1993, de 24 de septiembre (BOE núm. 251, de 20/10/1993). Su desarrollo reglamentario se encuentra regulado en el Real Decreto 828/1995, de 29 de mayo (BOE núm. 148, de 22/06/1995).

Quién ha de pagar el impuesto. En Derecho Tributario a ese alguien se le llama Sujeto Pasivo.

El Sujeto Pasivo es quien está obligado según la Ley (y no el reglamento) a pagar el impuesto. Así lo determina un artículo fundamental, el 36 de la Ley General Tributaria, pero también su artículo 8 letra c).

La Ley de AJD establece en el artículo 29:

Será sujeto pasivo el adquirente del bien o derecho y, en su defecto, las personas que insten o soliciten los documentos notariales, o aquellos en cuyo interés se expidan.

Por si la Ley resultara “poco clara” en la identificación del condenado a pagar este impuesto, el artículo 68 del Reglamento de AJD dice que:

Será sujeto pasivo el adquirente del bien o derecho y, en su defecto, las personas que insten o soliciten los documentos notariales, o aquellos en cuyo interés se expidan.

Cuando se trate de escrituras de constitución de préstamo con garantía se considerará adquirente al prestatario.

Y aquí empieza el FOLLÓN:

Qué hace el reglamento determinando que es el prestatario de una hipoteca, o sea el deudor, el que debe hacerse cargo del AJD.

ESO LO DEBE HACER LA LEY.

Consecuencia, este último párrafo del Reglamento debe ser ilegalizado por el Tribunal Supremo por vulnerar la Reserva de Ley que establece el artículo 8 y 36 de la Ley General Tributaria y el 29 de la Ley del impuesto.

Pero es que además la chapuza de ese párrafo es monumental. Es imposible que el adquirente sea el prestatario (el deudor) en un contrato de préstamo.

En un contrato de préstamo con garantía hipotecaria quien adquiere el derecho es el prestamista, o sea el acreedor, de cuyo derecho al cobro, la escritura pública da Fe Pública notarial. Con elevación a público de la escritura, se procura que su derecho sea inscribible en el Registro de la Propiedad. Hecho que es necesario, su inscripción, para garantizarse que su derecho de cobro figure como carga del inmueble que constituye su garantía real, frente al resto de presentes o futuros acreedores del deudor y propietario con los que pueda concurrir.

Todo tributo debe gravar hechos que manifiesten riqueza o capacidad económica del contribuyente (artículo 31 de la Constitución). Y quién manifiesta aquí esa capacidad económica: ¿el banco o la caja por financiar o el contribuyente por comprar un inmueble?

El contribuyente ya pagó el Impuesto de Transmisiones o el IVA por esa compra. Es un negocio totalmente distinto, que sólo paga el AJD en el timbre del papel de la escritura.

En la Hipoteca el prestatario o deudor no adquiere ningún derecho relevante, más bien al contrario, asume la obligación de devolver el préstamo para lo cual además aporta la garantía de un inmueble. Para que esa garantía además otorgue derecho preferente de cobro o ejecución frente a otros, la escritura de hipoteca debe inscribirse en el registro de la propiedad. Queda clara la capacidad económica y el interés económico y jurídico del prestamista en la operación. Adquiere un derecho de cobro que se hace preferente y se garantiza a través de dos actos, una escritura y una inscripción en el registro de la propiedad.

Nada justifica que ese impuesto deba ser pagado por el prestatario de una hipoteca.

Y ahora de lo que sorprendentemente se OMITE en las noticias de los medios de comunicación.

Quiénes son los RESPONSABLES de esta lamentable situación.

1º Las Comunidades Autónomas.

Qué carajo hacían cobrando a quien no correspondía pagar ese impuesto.

Son directas responsables de la ilegalidad. Ya sé, tenían amparo en una norma para cometer esa ilegalidad, pero era reglamentaria no legal.

2º Los Bancos.

Qué hacían los bancos financiando en muchísimas ocasiones este gasto al deudor, y por qué no alertaron al gobierno del increíble riesgo que suponía determinar por reglamento y no por ley esta figura. Deberían haber reclamado y presionado en cualquier caso para la eliminación de este impuesto, que económicamente encarece los préstamos y el acceso a la vivienda.

La connivencia Banca-Política es un desastre. Como la de la Iglesia y el Estado. Cuanto más lejos estén unos de otros mejor.

3º Los políticos.

Adivinen de donde procede ese Reglamento con ese artículo chapucero que está ahí desde su redacción y publicación original. SÍ SEÑORES. Del cuarto gobierno de Felipe González Márquez y su flamante ministro de Hacienda Pedro Solbes Mira, que tras su retirada de la política fichó por Barclays Bank.

4º Los españoles y su santa paciencia y supina ineptitud tributaria.

Sí, los ineptos españoles que no cuestionan la rapiña fiscal que sufren por culpa de las Comunidades Autónomas, y sólo se interesan de estos asuntos cuando pueden sacar beneficio a cambio.

Todos los contribuyentes debemos saber qué impuestos estamos pagando, por qué nos los exigen, a quiénes se los estamos pagando, y cómo se lo están gastando.

GRAVÍSIMAS CONSECUENCIAS.

La ilegalidad de una disposición reglamentaria implica que los actos que derivan de ella no surtan efecto alguno. La Comunidad Autónoma debería devolver por indebida la recaudación por este impuesto desde que ese Reglamento entra en vigor, o sea, desde el 12/07/1995. Antes del boom inmobiliario!

O sea, conduciría a la quiebra del Estado autonómico.

Los bancos deberían pagar ese impuesto por el tiempo que prescribe el derecho a liquidar de la Administración, los últimos cuatro años. Algo que compromete sus cuentas pero que no las condena.

LA MANIPULACIÓN POLÍTICA.

Del PSOE. Trata de que nadie se entere de que el problema lo generó él. Aprovecha la ocasión para establecer el impuesto a la banca que le salió frustrado hace unos meses.

Del PP. Por perpetuar durante sus gobiernos esta chapuza reglamentaria, apuntándose ahora a lo que es necesario hacer, eliminar este impuesto que grava la financiación del acceso a un bien básico como es la vivienda.

De PODEMOS. Por tratar de erosionar la legitimidad del alto Tribunal que juzgará próximamente a sus camaradas golpistas. El Rey y los jueces del Tribunal Supremo han sido las dos únicas instituciones que han frenado el golpe de Estado de Cataluña. El proyecto de Podemos es abrir un proceso de cambio de régimen hacia una República a través de la inestabilidad política.

Compadezco al Tribunal Supremo. Entre salvar a la Banca y salvar de la quiebra al Estado, ha tenido que decidir esto último, aunque parezca lo primero. Conozco muchas sentencias que han declarado ilegales disposiciones reglamentarias en materia tributaria. Pero con las consecuencias de esta, ninguna.

Dios mío, en manos de qué políticos estamos y hemos estado.

Quién es más peligroso, el malo o el idiota. Descarto a los buenos. No los conozco. Pero buenos jueces, conozco a bastantes.


Profecías filosóficas (2)

29.10.18 | 09:38. Archivado en Sociedad

La filosofía implica una movilidad libre en el pensamiento, es un acto creador que disuelve las ideologías (Martin Heidegger).

Las mentes más brillantes y proféticas pertenecen a la filosofía. Ellos anticiparon el tiempo presente, y en cierta forma también lo modelaron pues adquirieron una fuerte influencia. Estudiarles ayuda a entender el presente y vaticinar el devenir humano.

Con Marx, Nietzsche y Freud no acaba la filosofía contemporánea. El ser humano no puede explicarse sólo desde su dimensión socio-económica y auto-referencialidad moral y radicalidad vital. Tampoco desde su realidad inconsciente. Por eso he escogido un ramillete de filósofos que me parecen muy influyentes y han perfilado al ser humano y la sociedad que tenemos hoy. No están todos, pero sí creo, los más importantes.

EDMUND HUSSERL (1859-1938) “La ciencia genuina, hasta donde alcanza su verdadera doctrina, carece de profundidad. La profundidad es cosa de la sabiduría”

Es el padre de la fenomenología. Además de filósofo fue matemático. Fue judío y maestro de Heidegger, el cual acabaría aplicando las leyes raciales antisemitas en su universidad y contra su ex maestro.

Tenía una visión multidisciplinar de la filosofía (era matemático), lo cual pasaría a ser común en muchos filósofos posteriores. Quizás ello contribuya a entender que su concepción de la filosofía fuera novedosa. La filosofía ante todo y antes de filosofar era una concepción individual del mundo (Weltanschauung). La realidad es aquello que aparece como evidente incompleto. Requiere analizar su intencionalidad para percibir su totalidad. Por eso afirma la necesidad de trascender el empirismo científico (que él concibe como experiencial) e introducirse en su finalidad (lo llama intencionalidad). Fue de los primeros grandes pensadores en cuestionar la ciencia (empírica) como forma de conocimiento absoluta y excluyente. Fue discípulo de Franz Brentano (sacerdote secularizado), del que adopta la tesis de la intencionalidad y que a su vez lo fue también de Bernard Bolzano (que fue también sacerdote).

Con él empieza a derribarse el muro del mito científico empírico.

MARTIN HEIDEGGER (1889-1976)

Abandona inclinaciones de convertirse en sacerdote católico y se convierte en filósofo. Fue moralmente ultraconservador y tras perder la Fe, se hace ateo. Es el más sesudo ariete contra-argumental de la Metafísica occidental. Fue un ambicioso cretino que se hizo colaborador de los nazis, aunque no fue ideológicamente un nazi (no era cientifista). Tuvo una amante judía, la famosa filósofa Hannah Harendt, gran analista de la cuestión judía y del desarrollo de los totalitarismos. Quizás cierta culpabilidad biográfica le condujera a su fatalismo existencial. Fue el primero en cuestionar de forma contundente la metafísica que hasta entonces regía en la cultura occidental, y que viene a ser esa primera filosofía de fundamentos básicos relativos a la realidad (la naturaleza y finalidad de lo existente). Heidegger considera que no somos nada ni venimos a nada, somos sólo consciente temporalidad. Hemos sido arrojados a la existencia. Toda banalidad tiene excusa y sólo a nivel poético o literario consigue trascender el ser humano su angustia vital. Muchos dicen que es el pensador del siglo XX más influyente.

Con él empieza a derribarse el muro del mito del sentido trascendente de la vida.

LUDWIG WITTGENSTEIN (1889-1951) “De lo que no se puede hablar hay que callar”

Hijo de una de las más ricas familias austríacas de origen judío, aunque él fue bautizado y enterrado como católico. Tenía un carisma arrollador. Renunció a su fortuna familiar (una de las mayores de la época), y eligió retirarse repetidas veces a ejercer como maestro, jardinero o enfermero en sitios aislados de Escandinavia y Austria. Era ingeniero aeronáutico. Cruzándose en Inglaterra con Bertrand Russell, le convenció para hacerse filósofo, y vaya sí lo fue. Se retiró a un fiordo escandinavo y vivió aislado del mundo hasta concluir su gran obra con título en latín Tractatus logico-philosophicus. Su vida fue de película y sin embargo fue asocial y bicho raro. Fue profundamente admirado en el mundo anglosajón donde ha ejercido mayor influencia que en la Europa continental. Posiblemente fuera un homosexual reprimido.

Por lógica entiende el nexo entre pensamiento y lenguaje. Llega a decir “los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”. La realidad es esa composición de múltiples lazos entre pensamiento y lenguaje (a modo de composición de puzzle). Es Verdad aquello interrelacionado que se puede pensar en relación a un hecho y nombrar a través del lenguaje. Aquello que no pueda expresarse deja de formar parte de la realidad mundana, está fuera de ella, es lo trascendental o es mística. No lo niega (porque puede llegar a tener sentido) pero tampoco lo expresa porque sería ilógico o absurdo (no tiene explicación).

En una segunda etapa se detiene no en la estructura del lenguaje sino en los juegos del lenguaje que del mismo hacen sus usuarios, es decir, cómo aprendemos el lenguaje, para qué lo usamos, y sobre todo en qué contexto lo usamos, pues usar un lenguaje determinado fuera de su contexto conduce al absurdo. La función de la filosofía es desenredar los nudos de engaño del lenguaje, o lo que es lo mismo, asegurar que algo significa para todos lo mismo.

Y esto es clave, porque cuando hablamos de violencia, igualdad, libertad… ¿estamos seguros de que todos damos el mismo significado a estas palabras?

Con él empieza a derribarse el muro del mito de las grandes definiciones.

JOSÉ ORTEGA Y GASSET (1883-1955) “Hay tantas realidades como puntos de vista. El punto de vista crea el panorama”

Hay que citarlo porque los españoles no valoramos a este compatriota, del que también algunos dicen que es el más importante filósofo del siglo XX, por encima de Heidegger.

Nacido en el seno de la alta burguesía madrileña, su familia dirigía un periódico, el Imparcial. Se crió en un ambiente culto vinculado a la política y el periodismo. Abrazó, como tantos entonces, de forma entuasiasta la II República. Sin embargo, pronto se desencantó de ella. Fue contrario al reconocimiento de las autonomías regionales y al ostracismo al que fue relegada la Iglesia (siendo él agnóstico). La radicalidad del régimen y gravedad de los acontecimientos le hicieron frío con el Frente Popular. Huyó del país poco después del estallido de la guerra. Volvió estando Franco en el poder. La dictadura lo mantuvo siempre bajo sospecha y lo utilizó (como a Dalí) como icono de modernidad. Es el más extraordinario analista filosófico de la Historia de España –España invertebrada-.

Ortega bebe de la filosofía alemana, entonces historicista o genealogista, y funda el perspectivismo filosófico. Cada cual se hace una visión del mundo particular y ajustada a él. La suma de todas estas perspectivas, y de las que hayan de desconocerse, suma la realidad completa. La realidad es una experiencia biográfica y por tanto está moldeada por múltiples circunstancias. Integrarlas constituye el proyecto vital.

El ser humano es una individualidad, no tiene naturaleza sino historia (es realidad biográfica). Ortega es profundamente racionalista y a la vez profundamente vitalista. Su racio-vitalismo es esa relación inexcusable entre racionalidad e impulsividad vital.

Con él empieza a derribarse el muro del mito de la abstracción o generalización.

Tras estos grandes filósofos llegamos a la POSMODERNIDAD. En cierta forma ellos la prepararon pues cuestionaron mitos hasta entonces asentados (Progreso, Dios, Racionalidad, Ciencia, Trascendencia, Expresión y Abstracción). Lo que no previeron fue lo que había de llegar. Sus teorías fueron utilizadas y manipuladas para derribar (y no reformar) el apriorismo por excelencia de la cultura occidental: el carácter consciente y por ende, racional del ser humano y, su digna capacidad para adquirir un pensamiento propio, que es el auténtico motor del desarrollo.

Con la posmodernidad entramos en una etapa de la cultura del pensamiento, en la que el estado de ánimo habrá de prevalecer sobre el estado de consciencia.


Profecías filosóficas (1)

29.10.18 | 09:33. Archivado en Sociedad

Si entendiéramos completamente las razones del comportamiento de otras personas, todo tendría sentido. (Sigmund Freud)

Todos debemos pensar, que es cosa distinta a pensar igual. La Filosofía vuelve reforzada a las aulas, y se convierte en asignatura obligatoria en tres cursos.

La filosofía enseña a pensar, a escudriñar la realidad desde un punto de vista crítico. La filosofía es la ciencia más subversiva del plan de estudios y ayuda a superar la mediocridad imperante.

Cuando se estudia Historia de la Filosofía se está estudiando a las mentes más agudas y perspicaces de cada época. Si alguien se pregunta para qué sirve la filosofía, hoy podría ser contestado de esta forma. Marx, Nietzsche y Freud fueron profetas o adivinos en su época de la realidad presente. Uno porque cuestionó el orden social y económico del capitalismo, otro porque trató de superar y crear una alternativa a la tradición moral cristiana, el último porque puso de manifiesto la preponderancia de la subjetividad y las emociones sobre la razón objetiva o el pensamiento racional. Estudiar a los tres nos sitúa en la comprensión de nuestra realidad presente.

Marx anticipó el análisis histórico-político y la preponderancia en occidente de ese socialismo (light) llamado socialdemocracia, que hoy hace prevalecer la igualdad a la justicia social (bastante conseguida). Nietzsche anticipó la secularización de una cultura que ha recluido a Dios a la vida estrictamente privada cual tabú sexual de antaño. Freud anticipó el individualismo cultural (y consumista) del ser humano hoy de moda, el condicionado esencialmente por sus emociones.

Los tres han influido decisivamente desde la filosofía a que el ser humano contemporáneo sea de forma destacada: sensible con su entorno, vital en su acción y subjetivo en su análisis.

Para qué sirve pues estudiar filosofía. Sirve para entender el trasfondo de la realidad, la propia y la ajena. Y más le vale a uno tener una buena base filosófica para tomar decisiones y posiciones realistas y acertadas.

Lo más difícil de una filosofía (y cada uno tiene la suya), es mantener una coherencia entre vida y pensamiento. Si no lo conseguimos, nuestra filosofía no es convincente. Podremos pensar algo nuevo, pero no algo auténtico por exigente, y por tanto real.

Pues bien, veamos si eso se cumple en los tres grandes genios de la filosofía más influyentes hoy día.

La cultura contemporánea es el compendio de tres pensamientos provenientes de tres mentes brillantes, las de Marx, Nietzsche y Freud, las cuales se anticiparon proféticamente al futuro. Los tres partían de una premisa común, eran ateos. Los tres aspiraban de forma megalómana a superar el judeo-cristianismo. Los tres fueron conscientes de que en su época la civilización occidental alcanzaba su zénit gracias a un progreso científico y tecnológico imparables. Sin embargo, los tres acabaron temiendo el devenir de la historia pos-cristiana porque eran conscientes de los riesgos que acarrearía construir una nueva idea de sociedad, de moral, y de persona. Los tres asumieron la construcción teórica de estas realidades en una Edad ya pos-cristiana.

Cuando Marx analiza desde un punto de vista materialista la realidad comunitaria pues para él la realidad personal o individual es secundaria, detecta las desigualdades sociales y hace una crítica al capitalismo basándose especialmente en las relaciones de servidumbre y esclavitud que los seres humanos han mantenido unos con otros a lo largo de la historia. Él parte de una compleja teoría. El robo por parte de unos hombres a otros de la plusvalía del trabajo. Para poner remedio a ello, propone el socialismo como modelo alternativo al capitalismo. La abolición de la propiedad es el remedio frente a la desigualdad. Para garantizarla justifica la existencia de un Estado totalitario. PROBLEMAS: su materialismo reduce al ser humano a la condición de ser meramente un factor económico. Su dimensión individual (y espiritual) es irrelevante y potencialmente anti-revolucionaria, por eso el marxismo es represivo en materia de derechos y libertades. El marxismo rechaza pasiones intrínsecas de la naturaleza humana como la codicia y la avaricia materiales, o esa búsqueda de plenitud espiritual y ese deseo de prosperar que está unido inexorablemente al acceso a la propiedad privada. Para superar estas pasiones tan humanas el marxismo exige una especie de ascesis religiosa que con carácter general sus líderes nunca han tenido, pero que imponían a los demás.

Para Nietzsche, el ser humano emancipado definitivamente de Dios, necesita llenar el vacío que antes llenaba la religión, el de dar sentido a la vida y la muerte, y el de establecer un código moral. Nietzsche otorgó valor y vitalidad a la experiencia humana como nunca se había hecho después de la cultura clásica greco-latina. Para Nietzsche la realidad radical era personal (o sea integral, material y moral). El fin de la vida era que el ser humano debía explicarse y justificarse a sí mismo. Superar el sufrimiento y trascender la banalidad eran las metas del nuevo hombre, del nuevo super-hombre. Para Nietzsche vivir era algo así como tirar del carro de la vida con toda la dignidad posible. PROBLEMAS: su intento de buscar un sustitutivo filosófico para la religión acabó llevándole a constantes contradicciones. Su código moral fue una obra inacabada. Al igual que Marx, rechazaba aspectos intrínsecos a la condición humana, en este caso la compasión, pues como radical anticristiano sentía que en la nueva moral ésta no tenía cabida pues la compasión era una moral para débiles (una moral cristiana), y la debilidad no debía acompañar al Hombre pos-cristiano.

Freud es el pensador del subjetivismo y las emociones. Para Freud la realidad radical es la individual y mental o psicológica. Para Freud el sentido de la vida radicaba en entender cómo dentro de nosotros interactúan tres tipejos. Un tipejo impulsivo (el ELLO o inconsciente) del que surgen los miedos y las pulsiones (sexual y destructiva). Un tipejo autoritario o moralista (el SUPER YO) del que surgen los prejuicios culturales o morales y; un tipejo corriente y en cierta forma gestor de los otros dos (el YO) atado siempre a la realidad consciente. PROBLEMAS: Freud desprecia la realidad social y personal del ser humano al que considera desintegrado, incapacitado para trascender, un ser humano traumatizado con su pasado, un enfermo mental en esencia y un objeto de terapia.

Qué es lo inquietante de estos tres grandes filósofos. QUE LOS TRES NO VIVIERON COMO PENSABAN O NO VIVIERON LO QUE PENSABAN.

Marx vivió toda su vida del sablazo a amigos como Engels (hijo de un rico industrial) y a su mujer (aristócrata y rica heredera). Mandaba trabajar a sus hijos mientras él gastaba en vicios (padecía dolores terribles debido a la sífilis) o se abandonaba tanto al alcohol y a la desidia como a su obra. Terminó su vida viviendo plácidamente como un burgués londinense y pudo permitirse hasta invertir en Bolsa. Murió como nació (en el seno de la burguesía acomodada), y no murió ni vivió como pensó (como un trabajador. Heredó de su padre el carácter rebelde y revolucionario. Su padre, abogado judío, vivió resentido porque la aristócrata y cristiana élite prusiana dificultaba la ascensión social de los judíos. Se mete en constantes problemas políticos y su economía sale mal parada. Marx hereda estos caracteres y da un pelotazo matrimonial, casándose con una aristócrata con posibles económicos. Los prusianos le expulsan y persiguen policialmente y es testigo de que la Europa de 1848 aún no está madura para su revolución porque aún ésta es burguesa (es decir sólo es política no es económica). Marx vivió con grandes escrúpulos morales tras el fallecimiento de tres de sus siete hijos (los que le sobrevivieron muchos se suicidaron), y posiblemente también por haberle encasquetado a Engels (que asintió) otro para salvar su matrimonio (y herencia) y que tuvo con su criada en ausencia de su mujer, que andaba en Alemania a la búsqueda de la herencia que les sacaría de la pobreza.

Nietzsche vivió de sus clases y sus obras y gozó intensamente de su gran pasión, la ópera. Recorrió Europa y sufrió el desamor. Llevó una vida intensa. Nació en una familia cuyo padre era pastor protestante y con el que mantuvo muy buena relación. Su padre fue bueno con él, pero murió joven. Nietzsche nunca pudo asumirlo y pierde la Fe cuando se preparaba para ser pastor. La pérdida de su padre supuso una declaración de guerra a Dios y una enorme decepción para su madre y hermana que le querían pastor. Tanta vitalidad e intensidad puso en su vida, que muere loco y cuidado por su hermana, que es la directa responsable de que su obra fuera manipulada por los nazis.

Freud llevó siempre una vida de burgués liberal (común entre judíos austríacos). Aunque su familia pasó apuros económicos en un principio, él gozó siempre de un trato de favor por mostrar aptitudes de genialidad ya desde niño. Tuvo una buena relación con su padre. Él fue afortunado en su biografía afectiva. Desde esa superioridad tendía a considerar a los demás como pacientes patológicos (incluso a discípulos tan eminentes como pensadores como Jung) y, por tanto, inferiores. El Psicoanálisis se convirtió en una especie de Cabalá que obtiene una formidable difusión, porque Freud toca un aspecto muy sensible en la modernidad, la represión sexual, pues comenzaba la Revolución sexual.

Los tres grandes filósofos, y esto es lo más inquietante y silenciado de su trabajo, no fueron optimistas con el futuro de la humanidad tras ellos.

Marx moriría con terribles remordimientos de conciencia. Nietzsche moriría inmerso en una locura que vaticinaba la mediocridad ad-viniente de una sociedad secularizada y entregada a la comodidad (adiós al deber de trascendencia del nuevo Hombre). Freud moriría con terribles dolores (sobredosis de morfina) por un terrible cáncer de mandíbula o carcinoma que contrajo pues era un fumador empedernido. No supo controlar una pulsión sencilla relativamente de remediar, el tabaquismo. Decía que fumar era un acto tan placentero como la masturbación (o la masturbación misma).

Estos genios crearon una nueva filosofía para una nueva Humanidad, y sin embargo tuvieron una mala muerte y no fueron optimistas con el futuro de la humanidad.

Entonces algo pasa y algo no encaja. Habrá que volver a empezar desde el principio.

“Una vida sin examen no merece la pena ser vivida” (Sócrates).


VOX, partido anti-sistema

11.10.18 | 09:14. Archivado en Política

“Enfrenta la realidad tal como es, no como era o como deseas que fuera.” Jack Welch Jr.

La realidad hay que buscarla como decía Baltasar Gracián bajo las tejas, bajo lo aparente. La realidad tiene vida propia y todos debemos respetarla para construir sobre roca nuestros proyectos, para ser personas sólidas y no líquidas.

Maduramos cuando: 1) aprendemos a separar el grano de la paja; 2) nos preocupamos de lo importante y real; 3) trivializamos lo accesorio e irreal; 4) resolvemos los problemas conforme se van presentando y de frente sin delegar en otros y; 5) sabemos distinguir entre gigantes y molinos de viento y asumiendo nuestros errores sin culpar a otros. La vida es dura y exige sacrificios, lo auténtico y valioso es exigente, el verdadero amor es fruto de una decisión y no de una emoción. La recompensa llega de la mano de la aceptación de estas realidades.

Todos los partidos, también Podemos, con representación parlamentaria en España actualmente sostienen y forman parte de la oligarquía política, mediática y financiera que dirige este país. Esta oligarquía (o casta) ha de ser analizada dentro de un fenómeno más global: la complicidad y alianza entre el Gran Capital y la heterogénea corriente Progre, frente a su adversario común: el Estado-Nación.

Al Gran Capital le sobran las fronteras nacionales, al pensamiento Progre, la existencia de cualquier otra moral o ideología que no sea la suya. A nivel internacional se está dando una guerra por la conquista de posiciones de influencia entre la Plataforma The Movement que dirige Steve Bannon, ex asesor de Trump y que impulsa movimientos nacional-populistas en los países occidentales, y la Fundación Open Society de Georges Soros que impulsa movimientos de ideología progresista y anti-nacional.

Que las ideologías o las religiones tratan de pensar por nosotros sin dejarnos pensar por nosotros mismos, es algo que ha tratado de hacernos entender uno de los más geniales filósofos de la posmodernidad, Lyotard.

Tras la guerra fría primero y tras el estallido de la reciente crisis económica después, el liberalismo y el comunismo, los dos últimos supervivientes dogmáticos del siglo XIX acometieron para no desaparecer, la tarea de transformarse y de disfrazarse, dado que han sido muchos los que de ellos se han desencantado.

El neo-liberalismo, orgulloso vencedor del comunismo, cayó gravemente desacreditado tras descubrirse que sus promesas de prosperidad para siempre y para todos, tardaban en sostenerse lo que una familia asalariada empezaba a dejar de pagar su hipoteca.

¿Quién fue el irresponsable que le vendió la promesa al asalariado de que durante toda su vida mantendría su buen sueldo para pagar su bonita y carísima casa? ¿Quién fue capaz de creerse que podría mantener un buen sueldo durante la longeva vida de su hipoteca? Es curioso, mucha gente puso más fe en la estabilidad de su situación económica a la hora de firmar su hipoteca que en la estabilidad de su matrimonio o pareja a la hora o de casarse o de irse a vivir juntos.

Porque esa ha sido la gran lección de la Posmodernidad: los dogmas están contaminados de falsedad. Nunca ha habido un paraíso socialista ni tampoco existe un paraíso liberal. Tampoco existe un paraíso progresista, pues el progresismo es el pretexto ideológico para que unos pocos consigan vivir mejor que otros que son muchos. El progresismo se vende como ese factor de éxito, dinero e influencia en esa realidad virtual, en esa vida de película, que se nos quiere hacer creer que vivimos.

Liberalismo y comunismo no han desaparecido, se han transformado. El uno, en un capitalismo amable que disfraza de globalización y multiculturalidad lo que es sencillamente una migración de la producción industrial a otros países y un abaratamiento y desmantelamiento de la clase media trabajadora occidental sujeta a una alta presión fiscal. El otro, en un marxismo amable que disfraza de ideología de género y de servicios públicos gratuitos y universales lo que es una subordinación a la moral del Estado y de sus recursos por parte de una población mal retribuida, endeudada y cada vez más dependiente porque envejece rápidamente. Ambos instituyen una servidumbre comunitaria de doble sentido, material y moral.

Y es curioso que vayan de la mano en vez de estar enfrentados. Así nos enteramos que Soros financia movimientos progresistas asociados a esa “izquierda” multicultural y global (aunque la llamen internacionalista) que dejó hace mucho tiempo de ser nacional. También financia a movimientos separatistas por su carácter anti-nacional.

En ese sentido Marcelino Lastra ha sabido dar con la clave para explicar buena parte de la realidad escondida bajo lo aparente. Que dos opuestos, el liberalismo del gran capital y el socialismo del gran buenismo, en realidad van de la mano.

Por eso a VOX es el único partido hostil abiertamente a los dos, y por ello se le silencia o ataca en los medios de comunicación. Sólo la demanda de la audiencia o el que sea utilizado por unos para fragmentar a los otros, le dará protagonismo mediático.

Y por qué es hostil. Al gran capital porque defiende el Estado-Nación fronterizo. Las fronteras fastidian los planes del gran capital de evadir impuestos y de liberalizar el mercado de trabajo y la producción a través de la deslocalización industrial. Cuando estos resultan excesivamente caros, se trata de incentivar la entrada masiva de inmigrantes. Téngase en cuenta que con una clase media “tocada” en Occidente el horizonte consumista se limita (hoy impera el consumismo low-cost). Al Gran Capital le interesa convertir a los sólidos Estados-Nación occidentales en los Estados frágiles y corruptos de las otras zonas del planeta.

Y es hostil a ese Gran Hermano de Buenismo progre, porque es reaccionario. En una sociedad libre corresponde a personas y familias elegir libremente su escala de valores. La conciencia personal y no la ideología estatal fija la moral particular que debe prevalecer sobre la pública si no queremos volver a los tiempos de la inquisición, del censor o del comisario político.

En relación con el Gran capital; este debe entender que la más eficaz y perdurable de las leyes, la de la de la oferta y la demanda, no debe jugar sólo a favor suyo, debe jugar también a favor de la debilitada clase asalariada, y eso se consigue protegiendo nuestras fronteras y garantizando un régimen laboral que ponga límites a los abusos.

En relación con el Buenismo Progre; la Igualdad es esa condición necesaria para que haya orden y paz social, de que la Ley trate con igual exigencia al fuerte que al débil. Igualdad ante la Ley nada tiene que ver con su falsa Igualdad que es Igualitarismo, que es algo así como que todos debemos pensar, merecer, tener e incluso vestir lo mismo. ¿Todos? Todos no. El rigorismo cartujano no rige para esa superior casta sacerdotal progre que vive mejor que los demás y a costa de ellos.

Como pensar lo mismo y recompensar a todos por igual lleva a la pobreza porque nadie se esfuerza, y porque eso de prosperar tiene que traducirse en un desacreditado por insolidario acceso a la propiedad (el fruto de mi trabajo es mío y de con quien quiera compartirlo), entonces nace la dependencia de lo público, la cultura esclavista del subsidio, que es la forma más exitosa de perseverar en la pobreza…y en el poder.

Y es aquí que llegamos a esta alianza que no es tan antinatural como pareciera. El Progresismo aporta al Gran capital la ideología y el relato, y el Gran Capital la cobertura financiera y mediática que este necesita para inocularla en la población e imponerla desde el Boletín Oficial.

La deteriorada clase trabajadora española y europea (del Precariado que llaman algunos) descontenta con la prosperidad sin límite que unos le prometieron y por ella se endeudaron y descontenta con esa izquierda que en vez de defender con absoluta prioridad sus intereses antepone los de animales, ecosistemas, sexos, orientaciones sexuales e identidades regionales, está hoy más vendida que nunca.

Todos estamos vendidos a ese Gran Capital que busca endeudar de por vida a familias y Estados. A unos bajo la ilusión del consumismo indefinido low-cost, a otros bajo la ilusión de la sostenibilidad del Estado de Bienestar.

Si queremos mantener nuestro nivel de vida y Estado de Bienestar hemos de defender a la clase media celosamente, favorecer su acceso y conservación, y eso sólo se consigue con un Estado-Nación fuerte, que procure que la ley de oferta y demanda juegue a favor de ella, y que fuertes y débiles seamos tratados por igual ante las Leyes. Un Estado que salga barato de mantener sin perder su eficacia y una Nación que reivindique el protagonismo y autonomía de la sociedad civil frente a los que pretenden tutelarla para dominarla (las oligarquías política, financiera y mediática).

Todos los seres humanos necesitamos para progresar, motivos sólidos que justifiquen el sacrificio y el esfuerzo. En Occidente eso se ha resuelto en su Historia siempre de una sola manera, y por ello su éxito. La búsqueda de la prosperidad a través del acceso a la “propiedad” (la recompensa al esfuerzo), y el ejercicio de derechos y libertades para que los de arriba no se lo impidan (siempre nos quisieron clientes, siervos o esclavos) y los de abajo también lo consigan (los quieren temerosos, dependientes, resentidos y parte de impersonales masas que sean fácilmente manipuladas a través de sus emociones). Con la protección y el fomento de la clase media se garantiza la movilidad social, sin ella volvemos a los estamentos sociales (ya tenemos castas).

Así que no es de extrañar que VOX sea el apestado del sistema. El auténtico fenómeno político anti-sistema. Y es que cuando se defienden dos realidades, la Nación española y el interés de los españoles, se levantan esas fronteras naturales que son los últimos límites a la imposición de los intereses particulares de la plutocracia financiera, la aristocracia política, y el clero mediático progresista.


En la posmodernidad no se dialoga

11.10.18 | 09:10. Archivado en Sociedad

“A pesar de la nostalgia, ni el marxismo ni el liberalismo pueden explicar la actual sociedad posmoderna. Debemos acostumbrarnos a pensar sin moldes ni criterios. Eso es el posmodernismo”. (J.F. Lyotard).

La posmodernidad es el pensamiento popular que se caracteriza por dar prioridad a la Emoción frente a la Razón, a la imagen frente al contenido, a la diversidad frente a la identidad, a la conveniencia social frente a la convicción personal, al individualismo frente al compromiso comunitario.

El Hombre es así puro deseo y tiende a buscar a toda costa un placer que le suele negar la realidad. Por eso huye de ella o la imita (Posverdad) adaptándola a sus deseos.

Por ello en la posmodernidad el debate y la dialéctica exigentes, por la resistencia que ofrecen las ideas diferentes, están proscritos.
Buscamos coincidir con quien piensa como nosotros y evitamos confrontar nuestras ideas con las que son diferentes por temor a que las nuestras nos parezcan equivocadas.

La posmodernidad como dice su nombre es aquello que viene tras la modernidad. La Modernidad supuso una ruptura con la forma antigua de entender la realidad, que de forma o indirecta se explicaba desde Dios. La Modernidad opuso a la religión nuevas creencias o certezas (nuevos relatos).

Coincidían con la Religión en creer que el ser humano y su Historia compartían una finalidad y un sentido, en este caso, la plenitud humana a través del progreso y no de la reconciliación con Dios.

La modernidad crea sus grandes relatos (en terminología de Lyotard): 1) el Racionalismo, con su promesa de plenitud a través de la Razón y el conocimiento mediante la abolición de la superstición y la tutela religiosa sobre el conocimiento; 2) el Liberalismo, con su promesa de plenitud material a través del libre mercado mediante la abolición del rígido sistema de estamentos sociales y de la doble autoridad moral y legal del Estado y; 3) el Marxismo, con su promesa de plenitud política a través de la colectivización mediante la abolición de la sociedad de clases y de la propiedad privada. El siglo XIX es el siglo de la emancipación revolucionaria, política e industrial y tiene por relato dominante el liberalismo.

Llegados al siglo XX, éste será en gran parte el siglo de los materialismos filosóficos (marxismo y liberalismo), y también de los totalitarismos (fascismo y socialismo). Las dos guerras mundiales, causadas por el control de las materias primas y por el supremacismo racial, traen como consecuencia la guerra fría. Se produce una hecatombe y un ocaso de los totalitarismos. A partir de Mayo del 68 (hay descontento en occidente con el marxismo) y la caída del muro de Berlín (colapso político y económico de los regímenes comunistas) aparece un nuevo protagonista que ya ha contado con importantes precursores filosóficos (Nietzsche), la posmodernidad.

La posmodernidad ha sido esencialmente filosofada en Francia y por intelectuales marcados por el Mayo del 68 (Lyotard, Derrida, Baudrillard, etc.), sin embargo también creo que la Escuela de Frankfurt lo incubó sin pretenderlo. La Escuela de Frankfurt (Adorno, Horkheimer y Habermas) se opone tímidamente como reacción intelectual, al éxito del modelo liberal y capitalista sobre el marxista y comunista. La Escuela de Frankfurt nace como un neo-marxismo emancipado del marxismo político pero no del filosófico. Su dialéctica es fuertemente crítica con su contexto histórico. Emplean el psicoanálisis freudiano, y advierten de la decadencia cultural de Occidente por la pérdida por parte de éste de la fuerza emancipadora que transmitió la ilustración. Analizan las causas culturales y políticas por las que el marxismo no resulta triunfante sobre el capitalismo, y abren definitivamente la puerta, desde la resignación y la hipercrítica al modelo capitalista, a la posmodernidad, que es expresión filosófica de los sucesivos desengaños que han provocado las utopías del siglo XX. Si la Escuela de Frankfort fue con Occidente un agente erosivo, la Posmodernidad lo ha sido abrasivo.

No obstante, el verdadero precursor de la posmodernidad fue Nietzsche, ya que su radical vitalismo y autoreferencialidad moral opuesta a la religión cristiana sustentan postulados posmodernos de importancia capital: la valoración radical del presente y de la capacidad de gozarlo, y la supresión de cualquier tipo de autoridad moral que imponga limitaciones a ello.

La posmodernidad es filosóficamente una DES-creencia. Supone una ruptura con la tradicional visión lineal y finalista de la historia (Hegel). En terminología heideggeriana, realiza una deconstrucción histórica. Los grandes relatos u utopías son de-construidos. Con esta labor de desmontar, de detectar los fallos o contradicciones a través de los conceptos utilizados en las ideologías, la posmodernidad provoca una fragmentación de raíz nihilista de los principios universales o absolutos, desembocando en un relativismo moral que desemboca en la frivolidad, en un relativismo lingüístico (abuso de los eufemismos) y en un relativismo cultural (diversidad que fagocita la singularidad o identidad).

Para la posmodernidad, la Historia está fragmentada a modo de cuestionario de Trivial, es una multiplicidad de hechos agotados en sí mismos, una exposición caótica de datos sin finalidad ni orden ni sentido. Se defiende en lo filosófico y moral una tesis de singularidad radical anti-universalista.

Cuánta posmodernidad sustenta esas expresiones tan de moda como “DERECHO A DECIDIR”, “NO NOS REPRESENTAN”, “LO LLAMAN DEMOCRACIA Y NO LO ES”. Que son expresiones desligadas de un análisis de contexto, que son pura emoción plasmada en pancarta, chorizos de cómic en un guión sin más finalidad que entretener. Nada hay más difícil y desagradable que sufrir un análisis racional de tu estado de ánimo.

Jean François LYOTARD (para mí UN GENIO) mantiene un profundo escepticismo frente a las teorías universalistas (religiosas, racionalistas, liberales o marxistas), y expone la prevalencia del formalismo y su eficacia —el impacto en las emociones— sobre los aspectos de contenido o esenciales que exigen un mayor componente racional, y una mayor base cultural en la persona. Subraya que la ciencia, tras la pérdida de su sentido trascendente en la búsqueda de verdades o absolutos, desempeña una nueva función, su utilidad como herramienta dialéctica del poder político e incluso como elemento legitimador de éste (v.gr. políticos con –pseudo- tesis doctorales o Máster), pues con su reputación de credibilidad la ciencia refuerza la legitimidad del discurso político (y de ahí esa sobrevaloración de datos, informes, encuestas, estadísticas y títulos). Subyace en Lyotard un agudo escepticismo acerca del éxito científico, al que atribuye la categoría de gran relato o mito, y ciertamente lo es cuando se trata de analizar el currículum de un político y su argumentario lleno de cifras y datos que poco tienen que ver en general con la realidad que a cada cual le corresponde vivir.

En la antropología posmoderna surge un hombre carente de ideales y proyección, anclado vitalmente en su presente, es hedonista y deviene fragmentado por su cada vez más empobrecido nivel cultural. Surgen así, los ANTI-HUMANISMOS (feminismo, ideología de género, animalismo) que adolecen de una radicalidad que mata los valores humanísticos que afirman defender. La posmodernidad los ha incubado, ya que ha desarmado culturalmente al hombre contemporáneo de su capacidad analítica, y racional, así como de su pensamiento originariamente crítico, ahora reducido a un nudo de emociones. En suma, lo ha fragmentado. Este hombre-deseo posmoderno es un producto cultural de la sociedad de consumo y es producto también de ingeniería social.

Y en este contexto padecemos una GRAVE CRISIS DEL HUMANISMO y por tanto de OCCIDENTE, pues no hay un real intercambio de ideas (que o no hay o temen enfrentarse con el fin de evitar el conflicto de tener que cuestionarse). Este es el análisis para mí más brillante de otro intelectual sobresaliente, Zygmund Bauman, autor de la famosa definición de sociedad líquida.

La des-creencia de la Posmodernidad se origina en un histórico y progresivo desencanto y desengaño con las viejas utopías. Todo desengaño auspicia un renacer de los extremismos (emocionales, resentidos y violentos), pero éstos son malos imitadores de sus predecesores (otra faceta posmoderna es la imitación). La falta de creencias y certezas (racionales) origina una crisis de creatividad. Se imita porque las emociones surgen castradas, no son estables por irracionales.

Estamos viviendo más un relevo intergeneracional que de ideas. Las pasiones humanas son las mismas de siempre (envidia, ambición, poder, superioridad, mentira, codicia, etc.). Las ideologías del siglo XIX y XX básicamente se han centrado en justificar filosóficamente estas pasiones. Hay quienes se empeñan en seguir haciéndolo, y hay quienes se empeñan en lo contrario, y una mayoría que es indiferente por inconsciente y que se deja llevar.

Este es un momento muy delicado, porque a través de las emociones se puede ejercer una gran manipulación. El hombre deseo está desarmado de sentido crítico y racional.

La realidad nos desvela sin embargo una dura verdad: que TRAS LAS EMOCIONES NO HAY CERTEZAS, y que son éstas las que buscamos desesperadamente, porque somos así. Necesitamos consistencia y estabilidad y eso nos vuelca en la búsqueda de autenticidad.
El que no crea destruye…o como un idiota sin criterio, imita. Ambas experiencias no satisfacen y desencantan. Surge así la epidemia de la depresión.

Lo que haya de venir nuevo en lo esencial no será moderno, es decir, no será material.

Vivimos en una contagiosa rebelión frente a los idiotas y los operarios de las demoliciones.

Hoy creo, la cultura occidental está escribiendo un epitafio como reacción frente a esta inanidad imperante y deprimente (más que nihilismo): Nietzsche ha muerto, no Dios.

La Posmodernidad sufre agotamiento ante la necesidad de la persona de sostenerse en certezas y en una vida auténtica.


No es tesis doctoral todo lo que reluce

14.09.18 | 12:45. Archivado en Sociedad

Podrás engañar a todos durante algún tiempo; podrás engañar a alguien siempre; pero no podrás engañar siempre a todos (Abraham Lincoln)

Detrás de la noticia sobre el escándalo hay una jugosa realidad sociológica. Cómo entendemos la moral pública hoy y cómo podemos explicar tanto envilecimiento moral en nuestra sociedad y clase política.

El puritanismo es ese grandilocuente rigorismo moral, de origen protestante, que impone rigor moral en la vida pública, pero que descubre laxitud moral en la vida privada. El puritanismo es Pos-verdad moral, mentira revestida de verdad.

La esquizofrenia moral que surge de tener una doble vida, el puritanismo tradicional lo pretendía resolver enfatizando vistosamente su rigorismo en público y aportando buenas dosis de aparente auto-desprecio personal en privado (en realidad es narcisismo moral).

Se dice de los puritanos oficiales que es gente que tolera mal la felicidad ajena. El problema del puritanismo moderno es el mismo que tenía el tradicional, el rechazo a la naturaleza humana, que es tan proclive al bien como al mal, que aglutina virtud y corrupción. En suma, el rechazo a la realidad de la naturaleza humana.

Juan Manuel de Prada, que para mí en su cualidad de intelectual católico es el que mejor ha analizado este puritanismo moral que se extiende como una epidemia en nuestra sociedad, y que tiene raíces en la cultura protestante, dice acertadamente: El puritanismo es el vicio disfrazado con las plumas de pavo real de la virtud.

En la cultura católica siempre se ha admitido la culpa y la posibilidad de redimirse a través del perdón y la reparación. En la cultura protestante, donde nace y se gesta el capitalismo que conocemos hoy y que es el artífice de este nuevo patrón moral, no se admite la culpa (sí el arrepentimiento) ni la necesidad del perdón, ni tampoco la reparación. Si te equivocas debes asumir hasta las últimas consecuencias, te caes como Lehman Brothers.

Admitir el arrepentimiento y la culpa no son lo mismo. Para admitir el arrepentimiento uno debe exponer sus vergüenzas en público. Para admitir la culpa uno debe admitir sus vergüenzas en público y en privado, incorporarlas al conocimiento de sí mismo, y debe reparar el daño ocasionado pidiendo y recibiendo el perdón de los otros.

La admisión de la culpa en privado supone admitir que no estamos justificados, que hay una parte buena y mala en todos nosotros, y que cargamos con ambas a golpe de trabajo personal, decepciones y satisfacciones.

El que se justifica parte de una superioridad moral de tipo paulino: "Andaba equivocado pero caí del caballo y vi la luz…y ya nada volvió a ser igual". ¿Qué nada volvió a ser igual? Seguiste arrastrando tus defectos y sobre todo tu inclinación a ellos.

Puede haber muchos católicos que actúan como protestantes sin saberlo. Pero también he conocido protestantes que actúan como católicos, también sin saberlo. Lo decisivo para entender estas sutilezas morales radica en analizar la imagen que tenemos de nosotros mismos, ¿realista o idealista?

El que posee una imagen realista de sí mismo suele llevarse bien consigo mismo. Se conoce bien a sí mismo, tiene en cuenta sus limitaciones y por eso mismo suele ser tolerante con las limitaciones de los demás, pues nadie puede pedir a otros lo que así mismo no se pide. Su autenticidad es muy natural porque ha sido capaz de integrar con afecto e inteligencia sus defectos y cualidades. Es un trabajo de por vida, uno de los más exigentes y bonitos con el fin de adquirir una sabrosa madurez (o sabiduría) de la que uno disfruta y los que tiene alrededor también.

El puritano siempre pone el nivel de exigencia moral muy alto. Se pavonea de forma grandilocuente en su rechazo de la corrupción, pero se lleva mal consigo mismo. No tolera que los demás le indiquen sus contradicciones, y mucho menos que le bajen del púlpito, porque es muy celoso guardián de una falsa auto-estima basada en su arrogante superioridad moral.

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Periodismo, manipulación y bulos

07.09.18 | 10:40. Archivado en Sociedad

“Nadie aplica la moral mientras sueña” (Platón)

Realidad es todo aquello que de mil maneras nos opone resistencia. La realidad tiene vida propia y puede expresarse de forma tangible o virtual.
La realidad no cambia por efecto de nuestros deseos, está ahí por oposición a ellos o por complemento circunstancial de ellos.

Tal como afirma Fernando Savater en un espléndido artículo titulado “Internet y realidad” (Ética de urgencia. Ed. Ariel), se ha hecho muy complicado diferenciar lo presente de lo virtual. La realidad virtual actúa a modo de espectáculo. Ello ha conducido a que adoptemos una actitud generalizada de anteponer las emociones a la racionalidad. Cuando la realidad no me gusta, me creo otra en la que puedo desenvolverme de forma virtual y amoral.

El mayor problema que nos plantea esa realidad virtual, internet, es la veracidad de la información que suministra. El uso de internet puede plantear una problemática moral y legal, puesto que otorga un adictivo poder de actuar con total impunidad. Y ello de múltiples formas, entre ellas suplantando identidades o abusando del anonimato para en general, injuriar o calumniar al oponente.

En lo que a medios de comunicación se refiere internet los ha sacudido. Nuestra participación en internet en medios de opinión y redes sociales nos ha convertido en poderosos artífices de la formación de la opinión pública, o lo que es más sencillo de entender, nos ha convertido a todos en periodistas.

Soy de la opinión de que la sobre-información puede conducir paradójicamente a un alejamiento o desconexión de la realidad, porque la sobre-información nos sitúa en una realidad virtual que es más emocional por fragmentaria que tangible por racional. No podemos confundir información y realidad. Una puede formar parte de la anécdota, la otra del contexto. No se puede confundir la parte por el todo. Para casar información y realidad es preciso tener formación o cultura.

Muchos de los comunicadores se mueven sólo para los suyos. Muchos lectores pero también periodistas, buscan solamente reforzar sus ideas.
Seleccionan y filtran la realidad para transmitir o escuchar lo que quieren. Malos periodistas y malos lectores suelen elegirse precisamente porque unos ofrecen el producto que el otro demanda. En esta relación, conectar con la realidad es secundario. Lo importante es que uno oiga lo que quiera escuchar, y el otro lo venda u ofrezca. Esta mediocre dinámica de relaciones de interés ha ocasionado serios problemas de veracidad en la información y, por consiguiente, de falta de credibilidad de los grandes medios de comunicación.

Los problemas de veracidad afectan a comunicadores profesionales (medios de comunicación) y no profesionales (redes sociales) pero no desvirtúan en absoluto la positiva influencia que las redes sociales están adoptando en la formación de la opinión pública, que antes se formaba de arriba hacia abajo (medios de comunicación) y ahora es a la inversa (de abajo hacia arriba). Se está produciendo una transición desde el Despotismo periodístico a la Democracia periodística. El público puede y debe actuar como corrector de la falta de veracidad de las noticias que suministren los medios de comunicación, y viceversa, los profesionales de la información pueden y deben contrastar la información suministrada por las redes sociales, en su caso para denunciar la manipulación informativa, en la otra, para denunciar el bulo informativo.

No es un disparate afirmar que una mayoría de personas desconfía ya de los medios de comunicación convencionales y masivos. Sin embargo, eso no significa que haya renunciado a ser informado. Pasa que obtienen esa información a través de las redes sociales que actúan a modo de gran cooperativa de suministro de información. La televisión y prensa escrita están siendo desplazadas cada vez más por las redes sociales (entre ellas los foros de opinión en los medios, Twitter, Facebook e incluso WhatsApp).

Contrastar una información en internet es relativamente sencillo. Pero no hay que olvidar que no hay información por muy accesible que sea, que
pueda suplantar la formación que debe tener cualquiera para detectar y discernir lo verdadero de lo falso. Una proporciona el dato y la noticia, la otra la cultura y el análisis. Cuando además se acompaña de la experiencia (es decir de realidad vivida), el comunicador se dota de autoridad de opinión. Aunque todos podamos y debamos opinar, no todas las opiniones valen lo mismo.

Falsear la realidad de forma más o menos simple e incluso infantil se da frecuentemente en la realidad de la comunicación (bulo informativo). Formar una realidad paralela, vestir a una mentira con un manto de verdad, no es que se de en la realidad es que forma parte escandalosa de ella (manipulación informativa). Esto es lo que se viene a llamar Pos-verdad, y se crea para manipular las emociones del público con el fin de satisfacer intereses particulares. Se crea Pos-verdad cuando se rechaza la realidad por interés particular o corporativo, cuando se pretende forzar la realidad a conveniencia del manipulador.

Pos-verdad es cuando se pretende vestir de realidad lo que simplemente es ilusión-manipulación. Lo llaman República de Catalunya, pero es región catalana. Lo llaman Igualdad, pero es igualitarismo. Lo llaman Ideología de género, pero es imposición de género. Lo llaman Democracia, pero es revolución al saltarse las leyes. Lo llaman Referéndum, pero es sufragio Selectivo y no universal. Lo llaman Gintonic, pero es garrafón.

Cuando uno escucha o ve tertulias (y yo cada vez menos y de forma selectiva), uno tiene la sensación de que una gran parte del periodismo español: 1) vive en otro planeta; 2) no se da cuenta de que su influencia es cada vez menor; 3) confunde análisis con opinión porque tienen una escasa formación y escaso interés en conectar con la realidad y; 4) se muestran serviles con el poder político por pura conveniencia particular. En resumen, muchos periodistas no son conscientes aún de que se les ha pasado el arroz y de que sus modos e información están muy desacreditados.
La tendencia es a considerar desacreditados por lo general a los medios de comunicación apoyados en eso que se llama Línea Editorial, que es esa opinión corporativa que busca no trasladar un fiel reflejo de la realidad y los hechos dentro de una coherencia en la opinión (por honestidad intelectual), sino transmitir una visión interesada de la realidad.

No me extraña que haya medios de comunicación que cuando se centran en transmitir la realidad porque hacen primar los hechos a la opinión, el público en general los reconozca y siga.

No es que el periodismo esté en crisis por descrédito, es que está transformándose en un cada vez mayor y mejor gestor de la información. Como gestor de opinión, otorga prioridad a la opinión de sus lectores, tolerando ampliamente como garantía de que ésta sea todo lo diversa y plural que la realidad también es.

Gracias a esta interacción, surge de forma sencilla y apabullante lo principal y fascinante, la REALIDAD, que no se fuerza, sino que se tiene en cuenta decisivamente para tomar decisiones acertadas o emitir opiniones solventes.

Vivir de espaldas a la realidad solo puede conducir al fracaso.


Animalistas y taurinos

21.08.18 | 10:03. Archivado en Sociedad

“El hombre se diferencia del animal en que bebe sin sed y ama sin tiempo” (Ortega y Gasset).

La tauromaquia es un espectáculo que representa la realidad. Para los animalistas, la tauromaquia es un espectáculo cruel, para los taurinos es un espectáculo extremadamente serio porque un hombre se juega la vida.

Ponerse en el lugar del animal o del torero configura antropologías diametralmente opuestas entre ambos.

El Animalismo emerge como un movimiento social que parte de una singular antropología que básicamente reduce y asimila la condición humana a la condición animal, y viceversa, eleva la condición del resto de las especies a la dignidad del ser humano. Básicamente considera el igualitarismo entre las especies.

Ha habido construcciones doctrinales para sustentar este nuevo pensamiento.

Peter Singer por ejemplo eleva a categoría moral el derecho de todo ser vivo a no sufrir, y extiende el concepto de persona a todo ser vivo que sepa anticipar su ser en el pasado y en el futuro –su muerte- (homínidos y posiblemente resto de mamíferos). Otro ejemplo, para Tom Regan, el derecho a la vida y por tanto su respeto, es un valor intrínseco del que gozan los seres vivos que son sus titulares y por ello no deben ser medios para otras especies.

Qué lleva al ser humano a elevar tanto la atención y dignidad del resto de las especies con las que compite en el medio natural. He aquí la cuestión.

El pensamiento animalista puede encuadrarse dentro de la Posmodernidad. El ser humano posmoderno posee una cosmovisión fuertemente emocional. Se identifica no tanto con lo que es capaz de razonar como con lo que es capaz de sentir. El ser humano posmoderno es hoy ante todo un estado de ánimo.

Pese a encontrarnos en la cultura de las comunicaciones y de la información, el ser humano posmoderno se mueve en una ansiosa búsqueda de experiencias y sensaciones. Al ser posmoderno le aterra la soledad y por ello necesita establecer nexos de solidaridad y comunicación. Una saturación de información (quizás por su sensacionalismo en exceso tremendista) puede acabar produciéndole una visión pesimista de las relaciones humanas y de estas con el resto de los seres vivos.

Ante ello encuentra salida en establecer unos nexos de solidaridad e identificación con otros seres vivos con los que no puede comunicarse sino a través de las emociones, especialmente con otros mamíferos.

Se ha de valorar el deber moral y legal de respetar y proteger la naturaleza, y de no someter a un trato cruel a los demás seres vivos. Pero eso es una cosa, y otra atribuir cualidades humanas (conciencia y derechos) a las demás especies.

El problema del movimiento animalista es su base antropológica que es pesimista con la naturaleza humana. En esta antropología, el ser humano sólo puede beber si tiene sed, porque intrínsecamente la especie humana no crea, sólo destruye. El ser humano no puede trascender ni amar de por vida, porque el ser humano como animal no trasciende, se mueve y reacciona a través de impulsos. El ser humano no tiene espíritu, sólo instinto y como tal entra en ventajosa y amenazante competición con el resto de las especies. Su capacidad racional o tecnológica le sitúa en posición dominante.

En el contexto actual de neurosis igualitaria, el pensamiento animalista, adopta la dialéctica marxista del enfrentamiento, en este caso entre especies. Ciertamente, prolifera en personas con tendencia a ser de izquierdas o progresista. Y por ello considero al pensamiento animalista como una metamorfosis más del marxismo.

Y eso se expresa en su enfrentamiento con la TAUROMAQUIA que es un fenómeno intrínsecamente hispano que ha causado fascinación en todas las épocas por su alto grado de sofisticación y complejidad ética y estética.

La tauromaquia es un espectáculo de gran seriedad porque un ser humano se expone a perder la vida ante un animal salvaje y mítico, el toro bravo. Es serio por su extremo realismo, racional por su minuciosa reglamentación que se remonta a 1750, auténtico por su peligrosidad, y espectacular por su plasticidad y estética. Es un espectáculo normativamente muy acotado y su afición tremendamente respetuosa por lo que se juega el torero (su vida) y premiadora de su coraje y valor.

Y sitúo a la tauromaquia dentro de la excepcionalidad de la ética medioambiental por su singularidad y trasfondo racional y ético. Un hombre que se juega la vida ante un animal salvaje siempre ha formado parte del mito, su permanente lucha con la muerte en este caso en la lucha con la bestia, siempre será un espectáculo y causará fascinación.

Por ello, todo lo que se encuentra fuera de la tauromaquia (capeas, toros de fuego, el toro sacrificado con lanzas, dardos o escopetazos o atropellos) no me parece ético porque existe una gran desproporción de fuerzas. No hay nobleza en el enfrentamiento, ni coraje en el ser humano. Es por ello, desechable.

Y estas son las antropologías enfrentadas.

Si el animal (en este caso la Bestia que sólo es un personaje ficticio y domesticable en Disney) ostenta la dignidad del ser humano, ¿en qué valor consideramos al ser humano?

El irracional mérito puesto en los animales conduce al demérito o desprecio de los seres humanos.

La inversión de dignidades, la del animal contra la humana, es además de un disparate, un planteamiento irracional.

El movimiento anti-taurino sólo aglutina a camaradas unidos en una única dialéctica, odiar la tauromaquia y a su afición, hasta la abolición de la tauromaquia, que además es un fenómeno singular en la cultura española calificado como Patrimonio histórico y cultural protegido por la LEY 18/2013, de 12 de noviembre.

Cualquier abolición de la tauromaquia implica necesariamente la derogación de esta ley. Y fuera de ello, sólo existe una imposición que evidentemente ha de ser contrarrestada por la defensa de la tauromaquia por parte de quienes somos sus aficionados. Existiendo un conflicto inevitable entre anti-taurinos y taurinos, por la intolerancia de los primeros, la solución sólo puede ser jurídica.

No debemos ser tolerantes con los intolerantes. El siglo XX nos da importantes lecciones en este sentido.

Quién iba a decir que un espectáculo cruel (la cultura actual rechaza todo lo que considera desagradable y por tanto también real) estuviera fundado racional y humanísticamente.

Y todo porque situándonos en la perspectiva del ser humano o de la bestia, al final estamos valorando o despreciando nuestra condición humana preeminente dentro de la naturaleza.

Por ello, el movimiento animalista es un ANTI-HUMANISMO, su base marxista y su actitud peligrosamente totalitaria.


FRANCO, ese Hombre...cillo

22.06.18 | 14:54. Archivado en Política

«Yo no haré la tontería que hizo Primo de Rivera. Yo no dimito. De aquí al cementerio.» (Francisco Franco Bahamonde).

Antes de que pueda darse la grotesca situación en una Democracia de que una versión histórica única y oficial amordace la libre investigación y expresión, se debe juzgar a Franco y al franquismo desde todos los puntos de vista. Yo voy a hacerlo desde la Derecha. Distingo a Franco del franquismo, como se ha de distinguir a Marx del comunismo.

Franco tuvo una infancia triste. Su padre era alcohólico y asiduo a los prostíbulos. Abandona a su madre y a sus cuatro hijos para irse con otra mujer, algo que Franco nunca le perdonó. Franco no toleraba los escándalos sexuales en la familia. En eso era muy puritano. El dictador siempre idolatró a su madre, mujer muy religiosa, y rechazó la figura paterna y lo que ella representaba (alcoholismo y promiscuidad). Curiosamente Ramón y Nicolás Franco fueron alcohólicos y promiscuos, uno fue republicano y masón, el otro un corrupto empresario y artífice en la sombra del asentamiento del poder de su hermano.

Franco entra muy joven en la Academia y tiene una brillante carrera militar. Temerario en el frente finalmente es herido en el combate y parece que pierde un testículo. Su vida sexual es un misterio porque siempre se le han achacado problemas de impotencia, que quizás compensa con una desmedida ambición. Es responsable de sofocar el golpe de estado de las izquierdas de 1934 (el mismo año que Companys declara la independencia de Cataluña). Aunque monárquico no fue nunca hostil abiertamente a la República. Rechaza adherirse a la sublevación del general Mola hasta el asesinato del líder de la oposición Calvo Sotelo, por parte del capitán de la Guardia Civil Fernando Condés y un grupo de pistoleros. En ese momento, Franco se adhiere a la sublevación quizás porque comprende que ya nadie está a salvo dentro del régimen republicano. Él se mueve realmente sólo cuando se ve afectado en sus intereses. No es un ideólogo.

Franco le dedica más tiempo quizás que los otros generales a la gestión política del golpe de Estado. Retrasa el fin de la guerra porque no asume riesgos y porque pretende con ello asentar su liderazgo político. El 21 de Septiembre de 1936, la Junta de generales sublevados elige para el mando único a Franco como Generalísimo y mientras durase la guerra. Ante esta decisión el más veterano General Cabanellas, que conocía bien a Franco dijo: «Ustedes no saben lo que han hecho porque no le conocen como yo, que lo tuve a mis órdenes en el ejército de África, como jefe de una de las unidades de la columna a mi mando... Si ustedes le dan España, va a creerse que es suya y no dejará que nadie lo sustituya en la guerra o después de ella, hasta su muerte».

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España, de la corrupción autonómica a la federal

12.06.18 | 13:28. Archivado en Política

La corrupción en la España real es un fenómeno autonómico por excelencia.

Durante décadas el pactismo entre el bipartidismo y los nacionalistas se ha basado en el interés de proporcionar estabilidad política al país, pero a su vez en el interés de saquear las cuentas públicas a través del Estado autonómico con ciertas garantías de impunidad. No es casual que el proceso separatista se activara tras producirse la reacción judicial contra la familia Pujol. Es decir, un poder del Estado, el judicial, ha hecho estallar ese pactismo que es el que ha institucionalizado la corrupción como única forma lógica de entender el reino de taifas que es España.

El federalismo es el recurrido eufemismo de actualidad para legitimar al separatismo. Hoy como en 1873, el federalismo en España es sinónimo de separatismo y de aspiración al absolutismo político de las oligarquías regionales y locales organizadas a través de los partidos políticos, los sindicatos y el asociacionismo político, con un poder judicial bajo su control porque dejaría de haber jurisdicción única para todo el Estado.

España cuenta con uno de los Estados más antiguos y más experimentados. España no es ajena a crisis políticas, ha tenido muchas, y hasta cuenta con una República Federal, la de 1873, si bien duró un año y algunos meses porque acabó en un desastre por la virulencia de su separatismo y cantonalismo y estado de anarquía generalizados.

España tiene experiencia federal, el antes citado desastre de la República Federal de 1873, y el experimento fallido del Estado autonómico que saltó por los aires en la II República con la proclamación de la República catalana bajo la presidencia del genocida Companys en 1934. Pese a esta fatídica experiencia, el Estado autonómico fue recuperado por la Constitución de 1978. Porque el problema del Estado autonómico no es tanto el separatismo como su factor erosivo y corruptor para los intereses de la Nación española, los cuales pasan por hacer sostenible el sistema de solidaridad y justicia entre los españoles, es decir su sistema de pensiones, fiscal, de infraestructuras, mercado y de servicios públicos del Estado de Bienestar. Hoy el separatismo y el federalismo amenazan su sistema de solidaridad. Es sorprendente observar la indiferencia de la izquierda frente a esta amenaza.

Dos analistas ('El despilfarro: la sangría de la España autonómica'," del periodista Federico Castaño y 'El ocaso de las autonomías' del economista Joaquin Javaloys) cifran en 700.000 de los 3 millones de empleados públicos existentes en España, los que han entrado en la función pública mediante pruebas limpias y transparentes. Cifran en "920.000 empleados de más en las autonomías, de los que 520.000 son enchufados y el resto, unos 400.000, son el producto de multiplicar por 17 la estructura de gestión".

Cito a Roberto Centeno: "España es, con abrumadora diferencia, el país europeo con más políticos por habitante. Un reciente estudio cifra en 445.568 los políticos que tiene España (incluyendo los liberados sindicales), el doble que Italia y que Francia, o que Alemania, que con el doble de habitantes tienes tres veces menos cargos políticos. Si pusiéramos en fila a todos los cargos políticos y sindicales españoles, dando 50 centímetros a cada uno, sumarían nada menos que 223 kilómetros. Así que está claro por qué no quieren ni oír hablar de suprimir las autonomías".

Roberto Centeno cifra en más de 136.000 millones de euros al año, el despilfarro autonómico por endeudamiento y duplicidades administrativas. Sólo ahorrando una cuarta parte de este despilfarro se podrían incrementar sin subir los impuestos las pensiones más bajas. Los movimientos reivindicativos de los pensionistas callan por sectarismo político ante este estado intolerable de cosas. Su análisis es parcial e interesado. O las pensiones o las autonomías, este es el dilema que ha de plantearse honestamente cualquier pensionista o futuro pensionista del sistema público de pensiones.

España no fue resultado de una unión entre regiones sino entre reinos, es decir, entre antiguos Estados. España es resultado de una longeva Historia, es fruto de un esfuerzo comunitario, secular, progresivo y racional.

La romanización dotó de homogeneidad a las tribus, la reconquista dotó de proyecto unitario a los reinos, y la ultra-peninsularidad expandió nuestra cultura por el mundo definiendo nuestra identidad hispana y española. Sólo existe una única voluntad (y no diecisiete), la de un sujeto real, la Nación española, sujeto soberano del que emanan todos los poderes del Estado. Sujeto al que evitan los pactistas porque temen su reacción y realismo, y porque trunca sus oscuros intereses.

Uno de los errores que cometen a menudo los españoles es juzgar a su país sin perspectiva histórica ni analítica. Para entender España hay que distanciarse de ella y razonarla.

Nada ha erosionado más la igualdad ante los poderes públicos de los españoles que las autonomías. En España se menoscaba a diario la igualdad de trato a nivel fiscal (impuesto de sucesiones e IRPF), sanitario (régimen de medicamentos y calidad de los servicios) y de asistencia social (ayudas a la dependencia).

España ya es una realidad federal donde las autonomías anteponen ilegítimamente sus intereses a los de los españoles. Somos un mercado y un Estado de Bienestar basado en los intereses comunes y en la solidaridad entre regiones e individuos. El separatismo niega la existencia de ambos rechazando la realidad e imponiendo la suya que es inventada. El federalismo pretende adaptarla, forzándola, para complacer los intereses de las oligarquías regionales suprimiendo para ello, la integradora e íntegra pertenencia a una común Nación española, creando las que sea menester para en último término mantener la corrupción estructural que rige en España gracias al Estado controlable y descontrolado de las autonomías.

Para sostener ese régimen de intereses comunes y solidaridad no necesitamos más de lo mismo (el federalismo). Necesitamos MÁS ESPAÑA.

Concluyo citando al Rey Fernando II de Aragón "el Católico" (odiado por Maquiavelo) refiriéndose a España: "La nación es bastante apta para las armas, pero desordenada, de suerte que sólo puede hacer con ella grandes cosas el que sepa mantenerla unida y en orden"


El Triunfo impopular del capitalismo

11.05.18 | 17:39. Archivado en Sociedad

"El mercado no es un invento del capitalismo. Siempre ha existido. Es un invento de la civilización." (Mijaíl Gorbachov)

Lo que más sorprende y frustra de la realidad es que ésta tiene vida propia. Cualquier intento de adaptación de la realidad a las ideologías ha tenido siempre un fatídico desarrollo y final. Los seres humanos como sujetos reales contribuyen con el buen y mal uso de su libertad a construir una realidad justa e injusta. La realidad es compleja y rebelde, porque está viva y es mucho más dinámica que las ideas, la mayoría inútiles.

Antonio Escohotado es un intelectual que como excomunista realiza una interesante comparativa entre el capitalismo y el socialismo. En su obra maestra, "Los enemigos del comercio", realiza un análisis histórico de la propiedad. Su interés al menos para mí, es que analiza psicológicamente el capitalismo y su incidencia económica. Una de sus mayores inquietudes intelectuales ha sido y es, analizar la impopularidad de un sistema, el capitalismo, que es exitoso cuando se le juzga desde la perspectiva histórica, pues ha conducido a una parte considerable de la humanidad a una prosperidad hoy, sin precedentes. Y he aquí una de sus tesis fundamentales. Cuando se deja libre juego al ánimo de intercambiar por medio del comercio la capacidad de prosperar de los individuos, la prosperidad acaba produciéndose a nivel tanto material como inmaterial.

Las épocas históricas donde la esclavitud o la servidumbre sostenían eminentemente la economía (Antigüedad y Alto Medievo) solían coincidir con una baja innovación tecnológica y un acusado declive demográfico. Toda facilidad puesta al individuo para que desde su libertad (emancipación) y naturaleza humana (deseo de prosperar) acceda a la propiedad a través del comercio, se traduce en la creación de una clase media imprescindible para obtener tanto la estabilidad política (democracia) como la prosperidad económica. Esa progresiva emancipación, a la que contribuyó la socialdemocracia, se ha traducido en el siglo XX tras la Segunda Guerra Mundial en el triunfo del capitalismo cuya máxima expresión, es la sociedad de consumo.

El triunfo del capitalismo es causa de: 1) esa progresiva emancipación respecto de quienes quieren al ser humano esclavo o siervo (el Estado sin Capital y el Capital sin Estado); de 2) su capacidad sorprendente para innovar (el individuo que se esfuerza y prospera es creativo), y de; 3) su flexibilidad por su escaso dogmatismo, de adaptarse a las circunstancias cambiantes (reivindicaciones sociales y cambios políticos).

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La condición de nuestros políticos

25.04.18 | 16:37. Archivado en Sociedad

El modelo de selección de las élites políticas en España ha fracasado. Es un modelo además, agotado. Gracias a la persistente crisis económica y política, los españoles han sido conscientes del elevado grado de corrupción y negligencia de nuestros políticos. Alguien dijo de forma muy oportuna que "La política es el arte de impedir que la gente se meta en lo que sí le importa".

Y esa es la más importante de las cuestiones: quiénes nos representan, quiénes nos gobiernan, quiénes son en realidad tras los focos, e inevitablemente quiénes y cómo fueron antes de dedicarse a eso de lo que no quieren desapegarse, la política.

El caso Cifuentes sólo es un exponente más de lo que nos importa e inquieta. Cuántos políticos han mentido en sus currículums, cuántos han hecho cosas vergonzosas que sonrojan al menos pudoroso, desde hurtar unas cremas en un supermercado hasta denigrar a Coca Cola para después beberla a pares.

Qué tipo de personas son estos políticos. Pues creo, que son como la gente común, con sus defectos y cualidades, aunque a fuerza de protagonismo y poder, en grado superlativo y narcisista.

La culpa de esa falta de selección para que en la política no se cuelen indeseables la tienen: 1) la PARTITOCRACIA que es ese imperio institucional de los partidos políticos otorgado por la Constitución que ha degenerado y ha superado lo que inicialmente aportaba, la pluralidad política; 2) la propia condición humana que tiende a la corrupción (la vida es corrupción, pensaba Aristóteles); 3) el bajo nivel de exigencias morales de la sociedad. Una sociedad que es tratada y configurada tanto por el izquierdismo como por los medios de comunicación como una masa impersonal que actúa muchas veces de forma muy hipócrita, pues exige un comportamiento moral a los demás que no se exige para sí misma.

No existe vida privada (salvo la íntima) en un personaje político que deba ser desconocida para los ciudadanos. Todo votante tiene que conocer para confiar. Es un grave error admitir que mientras un político gestione bien, da igual lo que haga en su vida privada.

¿Confiaría usted su voto en un político que es un cleptómano, es infiel a su pareja, toma drogas, falsea una beca o miente en su currículum? Y si dice que sí, ¿qué garantías racionales puede tener de que sus “engaños” no los realice con usted una vez que ha conseguido su voto?

Hemos llegado a tan degradante relativismo en lo moral que no importa distinguir entre el Bien y el Mal. Y no hay nada tan humano por racional como hacer íntimamente esta distinción o discernimiento.

Hoy se invita a todo lo contrario, se invita no a ser racional -que es algo así como quiero saber quién eres detrás de la apariencia-, sino emocional –que nadie descubra mis “pecados” pero no me importa descubrir los de los demás-. Tan terrible carga de renuncia a la vida privada, exige de forma racional a un político tener una corta vida política, lo cual además es toda una garantía frente a los autoritarismos.

En un partido político el fin (la toma o posesión del poder) justifica los medios (esos que se catalogan entre morales o inmorales). Esa es la razón por la que son muchos más los que huyen de la política que los que se rebotan con ella.

Los partidos políticos reflejan un grado de perversión mayor que la sociedad, que sí tolera la discrepancia moral, aunque la trate con indiferencia. Sin embargo, la sociedad es la única responsable de la corrupción de sus políticos, por imbecilidad, si no les exige lo que sí importa de verdad: una conducta en público y privado coherente, buena fama anterior, solvencia de conocimientos y habilidades, y un patriotismo claro y nítido, que refleje la preferencia por el Bien Común y no por el individual, como pauta social de comportamiento deseable.

La falta de ejemplaridad de nuestros gobernantes y representantes es a la vez, la nuestra. Y ello justifica la Regeneración Moral que España necesita.


Viernes, 16 de noviembre

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