El catalejo del Pepe

18.08.18 | 01:06. Archivado en Acerca del autor

EL HERMANO DE TODOS.

Este año se cumplen dos aniversarios que no pueden pasar ocultos a la conciencia del mundo. Menos del mundo cristiano: los 69 años de la creación de la comunidad de Taizé, y los 13 del asesinato de su fundador, el hermano Roger.
El hermano Roger siguió así el camino de Jesús de Nazaret, a quien quisieron sujetar con tres o cuatro clavos en un poste en forma de cruz: era la venganza de todos los poderes que no toleraron su vida ni su mensaje: las autoridades religiosas lacayas, civiles e imperiales de esa época creyeron hacer un servicio a la humanidad al crucificarlo y darle la muerte de los criminales. Pero se les escapó hacia la vida.
Así también Roger de Taizé cayó acuchillado por una fanática demente, pero siguió viviendo en los brazos de Dios y en su comunidad fraterna que recibe a todo el que quiere un mundo mejor.
El Hermano Roger Shutz.
Su asesinato, perpetrado durante la oración de la tarde por mano de una mujer enajenada, es un hecho que enlutó al mundo. A la conciencia sana y limpia del mundo. También remeció hasta las raíces de la fe de los que nos sentimos creyentes. ¿Por qué? Le gritamos a Dios. ¿Por qué? nos responde el eco que recoge nuestro grito. Pero más allá del silencio que nos aumenta la pena, se logra escuchar, con el oído finísimo del corazón, el soplo de la presencia de Dios que pasa y recoge los restos de aquellos a los que la locura personal o social ha victimado. Y hay algo en el ambiente sagrado de la muerte que nos asegura que Dios también está llorando: la demencia humana que no respetó ni siquiera al Hijo, no iba a dar un trato mejor a los otros hijos.
Nuestro hermano.
Roger Schutz pertenecía a la tradición protestante. Entregó casi toda su vida a la unidad de todos los cristianos. Muy joven, en 1940, a la edad de 25 años, fundó una comunidad de inspiración religiosa, en la localidad de Taizé.
Su testimonio limpio y consecuente se trasformó en semilla. Marcó toda una época juvenil en el mundo: cientos y después miles de jóvenes empezaron a caminar hacia Taizé para conocer la experiencia, orar con los monjes y sentirse motivados a continuar las tareas por un mundo en paz. Allí se recibía a todos: y los católicos pudimos aprovechar también esa posición abierta a la trascendencia que hablaba de respeto, comprensión y unidad de todos los hijos e hijas de Dios.
Nos hacía (y nos hace) tanta falta eso de abrir la mente para poder abrir los brazos y el corazón. Roger Schutz, hijo de la tradición protestante y de la iglesia reformada, nos enseñó a los católicos a ser tolerantes, comprensivos, solidarios, compañeros. Nos mostró cómo debemos aprender a hablar con nuestra Madre de los cielos, Dios o Yavhé, o Jehová, o Alá, o Ñamandú, para poder hablar al mismo tiempo y con el mismo lenguaje a los hermanos.
La oración del Hermano Roger no era evasión: nos ayudaba a comprometernos en las luchas de la vida, Y así lo demostró el mismo haciéndose un defensor, cuidador y samaritano de los perseguidos por los nazis en los años duros de Europa.

Su legado.
El 1949, siete compañeros suyos hicieron los votos de religión. Hoy día hay en Taizé más de 100 monjes de 25 nacionalidades. Desde 1951 hay religiosos de Taizé en países de Africa y América latina. El 1988 el Hermano Roger recibió el premio mundial de la UNESCO por su defensa y enseñanza de la paz como vía posible en un mundo de enfrentamientos.
El papa Juan Pablo II estuvo en Taizé y oró junto al Hermano Roger por la paz y la unidad.
Este es el momento privilegiado que tiene la Iglesia Católica para hacer un signo concreto de reconocimiento a la santidad que se da fuera de sus muros, cercos y deslindes: ¿qué impediría que el hermano Roger, asesinado en la oración de la tarde, después de una vida santa entregada a las mejores causas humanas y cristianas, sea reconocido “santo” por la Iglesia católica?
Abrir su causa de canonización sería una señal positiva de unidad y de humildad: reconocer que Dios ha pasado de nuevo por nuestra tierra, haciendo el bien. En definitiva, los “santos” oficiales son nada más y nada menos que personas a las que la fe de la Iglesia reconoce el haber seguido de cerca las huellas de Cristo.
¿Por qué el hermano Roger, hermano crecido en la fe protestante, pero hermano de todas y todos en Cristo, no podría ser el primer “santo” no católico reconocido por nuestra Iglesia que se define como católica, es decir “universal”?


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