Retahíla de votantes
10.03.08 @ 23:42:36. Archivado en Temas sociales
La primera noticia me llegó a través del correo ordinario. Con un
comunicado escueto y puramente formal se me informaba que de acuerdo con la Ley Orgánica del Régimen Electoral vigente había sido designado como primer vocal para formar parte de la mesa electoral. “¡Menuda la que me ha tocado!”, fue lo primero que pensé, al percibir que el domingo se me iba a quedar totalmente malogrado. Aunque también es cierto que en estos casos, más que darle vueltas, lo preferible es hacerse la idea.
Días más tarde llegó el esperado manual de instrucciones. ¡Ni que fuera a presentarme a oposiciones! Toda una serie de indicaciones, supuestos, posibilidades y probabilidades descritas hasta el mínimo detalle, de tal forma que resulta prácticamente imposible de memorizar. Aunque la tranquilidad engañosa de saber que no era yo quién presidía la mesa, me tranquilizó pensar que en caso de duda, no era yo el máximo responsable.
Y así llegó el esperado día. La chica enviada por el Ayuntamiento, muy amable, nos fue presentando a todos los que formábamos parte de la mesa electoral. Y allí estaban también, todos ellos, los convocados como suplentes, con la angustia de presentarse un domingo a las ocho de la mañana y con la esperanza de no ser ellos a quienes les debería de tocar ocupar la vacante correspondiente (para su fortuna, tras dar sus nombres pudieron irse de nuevo para su casa). Tras una serie de breves instrucciones y después de disponer el material oportuno, un presidente de mesa junto a sus dos vocales, sin más idea de la explicada en un manual de instrucciones que pronto reconocimos que ninguno se había leído abrimos las urnas para dar paso a las elecciones Generales del 2008.
A pesar de la ignorancia teniendo que ocupar un puesto que resulta necesario para el buen funcionamiento del sistema democrático, cabe decir que al final acaba resultando una buena experiencia. No tanto por lo que se aprende, y mucho menos por la nimia remuneración que recibes tras más de doce horas estresantes, sino más bien por aquello que uno ve y descubre en la retahíla de personajes que van desfilando delante de las urnas.
Oscar A. Matías
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