El remedio de castrar
27.08.07 @ 21:15:00. Archivado en Temas sociales
Carlos Broschi, más conocido como Farinelli, fue castrado como otros muchos de su época. Aunque en el siglo XVIII esta práctica estaba penalizada, bajo la excusa de razones médicas muchas familias la ejercían con sus hijos con el
convencimiento de que alcanzarían ser grandes cantantes. Farinelli lo fue. Johann Joachim Quantz escribió de él que tenía una voz de soprano penetrante, completa, rica y bien modulada. Quizás por ello pronto alcanzó éxito y fama creciente. A España vino con la intención de quedarse unos meses, y acabó viviendo 25 años, por la influencia que había ejercido sobre el rey Felipe V. Durante años, noche tras noche, se le pedía que cantara para el rey. A cambio el monarca le concedió un cargo de primer ministro. Con Fernando VI fue nombrado director de los teatros de Madrid y Aranjuez, y durante esta época se le otorgó el rango de caballero y se le condecoró con la cruz de Calatrava. Con el ascenso de Carlos III el artista se retiró a Bolonia donde pasó el resto de sus días.
Farinelli forma parte de una larga lista de eunucos famosos de la historia. Entre ellos se encuentran Bagoas (a quien se le relaciona con Alejandro Magno), Ganímedes (que estaba al servicio de Cleopatra), Narsés (general de Justiniano I), Ts’ai Lun (consejero imperial chino de la dinastía Han), etc…
Eunuco, pues, es el término con el que se designa al hombre castrado. Históricamente, al eunuco no se le consideraba ni hombre ni mujer, y entraba a formar parte de un nuevo género. De esta forma estaba destinado a realizar tareas especiales por su condición. El miedo ante la posibilidad de perder la propia sexualidad fue motivo de estudio para Sigmund Freud. El psicoanalista denominaba complejo de castración al descubrimiento masculino y femenino del sexo opuesto.
Oscar A. Matías
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