La tele de antaño... no era tan gran daño
27.03.07 @ 21:00:28. Archivado en Educación personal
“Kit, te necesito…” A toda velocidad aparecía con su brillante
color negro, las luces rojas parpadeantes… ¡Las tardes de sobremesa, conjuntamente con el coche fantástico, tenían un sabor agradable! Eran tiempos de antaño. Series de televisión de las que todo el mundo hablaba, porque todo el mundo las veía. Tampoco había muchas más opciones. El “pequeño saltamontes” de "Kun Fu", los “puños fuera” de Mazinger Z, el “piraña” de “Verano Azul” con la inconfundible música de la serie, los “Hombres de Harrelson” con una banda sonora que ha perpetuado en la historia del cine, aquél “Equipo A” con el loco de Murdock, la imagen de la extraterrestre Diana comiéndose una lagartija en la serie “V”… todas ellas han sido series que han pasado a la historia, dejando huella en todos aquellos que vestíamos pantalón corto e íbamos balón en mano.
Cada viernes, después del entreno, la cena tenía que ser rápida: a las 21 horas empezaba el “Un, dos, tres…”. Año tras año, tras la magnífica dirección de Chicho Ibáñez Serrador y de la mano de Mayra Gómez Kemp, veíamos pasar las distintas mascotas del programa: la Ruperta, Botilde, el Chollo… Aquél mundial del Naranjito, el “Reina por un día”, el “Si lo sé no vengo”, ¡Programas que no se olvidan!
La televisión deja huella. Ante la pantalla uno no queda indiferente. El panorama ahora es muy distinto. La realidad que pintan las series televisivas se adapta a los nuevos tiempos. Entonces pasabas un buen rato, te divertías y echabas unas carcajadas. Ahora los personajes y las tramas te llevan a la reflexión, te imbuyen ideas y en muchos casos están bajo las directrices de determinados grupos sociales que los usan para hacer proselitismo de sus propias pretensiones.
Ahora hay más técnica, más efectos especiales, más calidad fílmica… pero me atrevo a poner en duda si el contenido y los valores que se transmiten están en una adecuada línea educativa para los hijos (y también para los adultos). Con facilidad se cae en la bazofia y el morbo para captar al telespectador, y éste –ingenuo él- fácilmente cae en la trampa.
A veces me pregunto si no será tan radical lo que, en cierta ocasión, me comentaba mi amigo Pedro: “sin televisión, se vive mejor”.
Comentarios:
Yo opino como tu amigo Pedro, mejor no tener Tele.
Un abrazo
Inmaculada
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Oscar A. Matías
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