La pasarela matutina de los estudiantes
11.03.07 @ 23:20:14. Archivado en Educación escolar
Una mañana más. La pasarela matutina abre sus puertas. Los jóvenes empiezan su procesión. Caras adormiladas. Pelos revueltos. Pantalones caídos. Faldas subidas.
Desfile de estudiantes que se suben al tren, o al autobús, dirigiéndose como ovejas descarriadas hacia sus colegios. Muchos de ellos acompañándose a todo trapo –que es lo que se dice- al ritmo del iPod, o el mp4 –recién estrenado de los reyes- que ahora está de moda. Algunos van con el tiempo de sobra. Otros corren, con el tiempo más justo, porque no quieren llegar tarde. Hay quienes se lo toman con mucha calma pensando que la clase puede esperar. Sienten el estómago suspirar pidiendo clemencia porque no podrá esperar al bocata de la hora del recreo. Cabezas dando aún tumbos a la noche de messenger. Otras recordando el programa de la televisión del día anterior. Se notan los nervios que afloran por el examen que está hoy al caer.; ni las chuletas preparadas por si las moscas les tranquilizan lo suficiente. Móviles con llamadas perdidas. SMS con mensajes para quedar. Ya pronto llegará la tarde. El día pasa rápido. El fin de semana está al caer y hay que pensar en el próximo plan. Y en medio de ello… ¡la dichosa clase de matemáticas esperando en el aula!
Los buenos hábitos se adquieren, no llegan solos. Hay que trabajarlos, como el agricultor siembra el campo para esperar la buena cosecha. El modo de enfocar el día tiene mucha importancia, más de lo que pueda parecer. De ello dependerá el resto de las horas, y en consecuencia, los valiosos resultados del trabajo realizado. El médico profesa la medicina, el abogado la abogacía, el docente la enseñanza, y el estudiante… los estudios. El esfuerzo vale la pena. Cuidar los detalles, aprovechar bien el tiempo, organizarse adecuadamente. Basta con proponérselo, con quererlo hacer, y pedir ayuda cuando uno no puede.
Disponer de las horas necesarias de sueño es un elemento que merece la pena cuidar. Nuestros hijos deben coger la costumbre de irse a dormir a una hora determinada; con el esfuerzo de no quedarse dormido escuchando música o la radio.
Ir con el horario tranquilo, sin prisas pero sin pausas, ofrecerá mejores condiciones de trabajo. La hora de levantarse debe ser fija, y prudente para que dé tiempo a todas las tareas propias del momento.
Comer antes de salir de casa, procurándose de un ligero tentempié para tomar a la hora del recreo, ayudará a rendir mejor las primeras horas de clase. Es mucho mejor desayunar fuerte antes de salir de casa y tomar algo ligero a media mañana.
Tener la cabeza despejada, sin el aturdimiento de una música descontrolada, facilitará la concentración que se precisa para el día que debe comenzar. Si antes de entrar en el aula el estudiante ha estado escuchando música con el volumen alto, la cabeza no estará en buenas condiciones para concentrarse durante la clase.
Es la vida del estudiante. La matutina hora de la mañana. Nada fácil para el que le cuesta, pero que compensa cuando uno se lo plantea.
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Oscar A. Matías
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