(PD).- Hará obligatorio el estudio de la Constitución y suprimirá Educación para la Ciudadanía Garantizará por ley que en toda España y en todos los cursos se pueda estudiar en español.
Más que un programa de Educación, lo que ayer volcó Rajoy fue un auténtico precontrato con los españoles pendiente de firma. El candidato del Partido Popular se declaró dispuesto a garantizar un cambio de envergadura en el sistema educativo español, con datos concretos sobre sus instrumentos, su presupuesto y sus plazos.
En lugar de prometer una nueva Ley de Educación -una más para la Historia- el líder del PP optó por anunciar un pacto de Estado para hacer de ella una «estrategia» y un «objetivo» de carácter «nacional», que prometió consensuar con el PSOE y con los agentes sociales y educativos.
Pero, sobre todo, lo que hizo Rajoy ayer fue arriesgar con fórmulas políticas más comerciales. Por encima de todas, la de anunciar un programa nacional de enseñanza del inglés encaminado a lograr prácticamente el bilingüismo de los jóvenes españoles en el plazo de un decenio.
«Los españoles tendrán una gran ventaja comparativa si logramos que la próxima generación alcance el dominio de las dos lenguas de comunicación más importantes del mundo, que son el español y el inglés», afirmó el presidente del PP, para proclamar: «Quiero que la mayoría de nuestros jóvenes pueda desenvolverse profesionalmente en español y en inglés».
«Quiero que todos nuestros niños y nuestros jóvenes tengan la oportunidad de vivir una inmersión en inglés que les permita convertirlo en su lengua de verdad», insistió, antes de traducir este deseo en promesa electoral y de cuantificarla en 800 millones de euros; todo un «esfuerzo presupuestario» que, según dijo, propondrá que las comunidades autónomas ayuden a financiar.
Rajoy llegó a detallar hasta siete medidas concretas para alcanzar semejante promesa. Habló de implantar con carácter general el aprendizaje del inglés a partir de los tres años; promover «en todas las etapas educativas cursos de inmersión de un mes durante el verano», de los que se beneficiarán 1.360.000 alumnos por curso; y crear 20.000 becas anuales de un curso completo en un país de habla inglesa para alumnos de educación secundaria, «seleccionados entre los mejores expedientes».
Prometió, además, otras 10.000 becas para estancias de entre seis meses y un año, especialmente para estudiantes de formación profesional; y 12.000 estancias de un curso entero para profesores y jóvenes graduados aspirantes a serlo, destinada a 50.000 docentes.
Por último, garantizó un apoyo (indeterminado) a la creación de colegios bilingües; y la creación de secciones internacionales en institutos de Educación Secundaria.
Rajoy hizo, con ésta y con otras medidas igualmente concretas, un retrato economicista de la Educación, entendida como un elemento fundamental para la Economía y la competitividad españolas. Claro que también basó su propuesta en los principios, al definirla como un «derecho» básico de los padres, y relacionarla con la formación en «valores»; entre ellos, el del esfuerzo y la «excelencia», que, según dijo, se propone recobrar con «pruebas externas de carácter nacional».
Pero el retrato de su política educativa tuvo también un trazo de calado político, basado en el concepto de la «igualdad» -de oportunidades y entre territorios-, con el que desafió a los nacionalistas, sus potenciales socios de Gobierno.
Rajoy prometió que garantizará que se impartan materias comunes para las escuelas de todo el territorio nacional. Prometió también que garantizará por ley la enseñanza en castellano en toda España y en todas las etapas educativas. «¿Conocen algún país del mundo donde una persona no pueda estudiar en su propia lengua? ¿Conoce algún niño francés que no pueda estudiar francés en Francia?», decía al auditorio entre aplausos.
Especificó que el castellano será lengua vehicular, como cualquier otra lengua cooficial, en las comunidades autónomas bilingües. Rajoy llamó a esto «bilingüismo integrador», que atienda «los derechos» de los padres y de los alumnos.
Anunció, asimismo, en este mismo sentido, un fondo para la cohesión y para la calidad de la educación «que impulse las políticas públicas de interés general en materia educativa y que garantice que sea ejercido en condiciones básicas de igualdad en todo el territorio nacional».
Además, tras confirmar con toda solemnidad que suprimirá la asignatura de Educación para la Ciudadanía, anunció una «alternativa» igualmente obligatoria para el alumnado. Se trata de una asignatura transversal, un cúmulo de materias que «se integrará en las materias propias de los conocimientos sociales» y que «reforzará el estudio del ordenamiento constitucional, las instituciones de la Unión Europea y los Derechos Humanos». «Yo no quiero adoctrinar a nadie», dijo Rajoy entre aplausos, «quiero libertad».
Por otra parte, el candidato del centroderecha hizo capítulo aparte y expreso en su programa educativo a la escuela pública y a la formación profesional. Sobre esta última anunció una agencia nacional de formación profesional «que asegure la integración efectiva de todos los sistemas» que coexisten hoy, y una red de «centros integrados de excelencia». En cuanto a la Universidad, subrayó su inconformismo con el hecho de que ninguna española esté entre «las 200 mejores del mundo».