En nuestra última publicación (Yo digo Iglesia, tú dices...) los autores ofrecen dos páginas al lector para que complete la frase que titula la obra. Es una invitación a expresar de manera creativa, libre y personal las vivencias, deseos y experiencias comunitarias que cada uno tiene.
Para hacer posible esa expresión hemos abierto un blog donde iremos colgando las distintas intervenciones que nos vayan enviando los lectores. La dirección es:
http://yodigoiglesia.lacoctelera.net/
Te invitamos a leer el libro y ofrecernos tu visión.
Puedes enviar tu comentario al siguiente correo (yodigoiglesia@gmail.com), por medio del blog o a través de nuestro perfil de facebook (Ediciones Khaf).
Una buena manera de caminar juntos, encontrarnos y construir comunidad.
Making off. Tu mano y la mia. Nico Montero - Con la música a otra parte.
Nacho García, Sweet-Media, grabó esté making off de la grabación del tema de Nico Montero "Tu mano y la mía" para el disco Con la música a otra parte (Ediciones Khaf)que estará disponible el próximo mes de noviembre. Este tema cuenta con arreglos musicales de David Gómez, de Estudios Santa Fé-Madrid y arreglos de voces de Kiki Troia que se grabaron en Zapopan-México. Con la música a otra parte es un disco libro de temática social que consta de nueve composiciones originales y un libro con unidades didácticas elaboradas por los propios autores para el trabajo de las canciones y dos introducciones sobre la dimensión evangelizadora de la música.
Han participado artistas como Migueli, Emilia Arija, Nico Montero, Beatriz Elamado, Nicolás Hernández, Pablo Santamaría, Santos Urías, Amparo Navarro, José Luis Cortés y Juan Yzuel.
Yo digo Iglesia, tú dices... es la novedad que Ediciones Khaf publica este mes de septiembre. Una obra con cincuenta autores y autoras de diversas sensibilidades y que se ubican en contextos distintos. Entre los participantes hay teólogos, religiosos, laicos, sacerdotes, misioneros, artistas, hombres y mujeres, grandes y pequeños. Algunos de sus nombres: Serafín Béjar, Mercedes López, José M. Castillo, M. Patxi Ayerra, Xabier Pikaza, M. Teresa Peña, J. I. González Faus, Amparo Alonso, Migueli, José Luis Córtés, Luis Guitarra, Siro López, Margarita Pintos, Pablo D´Ors... Los derechos de autor de esta obra se ceden a la Fundación Apoyo (Madrid).
Os dejamos con la presentación del proyecto por parte de CARMEN SARA FLORIANO (coordinadora de la obra).

PROFECÍA CONJUNTA
«Yo digo "iglesia", tú dices…», y las personas que estaban allí reunidas empezaron a decir. Así comencé la participación que me pidieron para una mesa redonda en Ávila, sobre la realidad eclesial. Una manera sutil de no cargar yo sola con el peso de la exposición y poder llevarla entre todas y todos (más todas que todos, hay que reconocer).
Días antes, no sé si por necesidad de sentirme más segura, más acompañada o más respaldada —¡qué sé yo!— escribí un correo electrónico a algunos amigos y conocidos, cuyos nombres suenan dentro de estos mares, pidiéndoles que también respondiesen a la frase en pocas palabras. Para mi alegría, lo hicieron. De manera que, entre lo que ellos me respondieron y lo que aportaron los allí presentes, poco más tuve que decir. ¡Qué bien!
¿Qué bien? No sabía yo entonces en el lío en el que me estaba metiendo, pues aunque la necesidad de descubrir juntos caminos nuevos está en mí, nunca se me hubiese ocurrido hacer algo parecido. Y es que las cosas de Dios suelen surgir de la manera más inesperada e imprevisible, y en este caso, así fue.
Al volver a casa, envié un nuevo escrito a varios de los teólogos que anteriormente me habían contestado, sin ninguna intención más que la de agradecerles el haberlo hecho, y expresarles una intuición compartida: la necesidad de una iglesia viva y eficaz (como la Palabra de Dios) y el deseo de que juntos generásemos una profecía conjunta para rescatarnos entre todos a todos, para sumar fuerzas y esperanzas, para experimentar la unidad en la pluralidad…
Había pasado más o menos un mes de lo que estoy contando, cuando recibí un escrito, una aportación a «mi» proyecto de profecía conjunta, junto al deseo de que llegase a buen término. ¡Pero si yo no tengo ningún proyecto! —pensé nada más leer al bueno de Pikaza animándome a seguir.
Era cierto, yo no tenía ningún proyecto, pero, ¿y si Dios sí lo tenía? Tuve que coger aire un par de veces antes de lanzarme de lleno al agua. Una pregunta siempre andaba rondándome en la cabeza: ¿quién soy yo para hacer semejante labor? ¿Con qué cara le escribo o llamo a la gente y le digo que si quiere que demos juntos «razón de nuestra esperanza»? Menos mal que tengo una pequeña dosis de descaro guardada en el bolsillo, y que reservo para ocasiones como estas. Un pequeño descaro que tiene su raíz en lo que alguien dijo al ver a los primeros apóstoles: si esa empresa es de Dios, saldrá adelante; y si no lo es, desaparecerá. Así que, poco a poco y descaradamente, comencé la labor encomendada, con la tranquilidad de saber que si no era de Dios, no llegaría a ningún lado. Y si lo era, Él mismo se encargaría.
ESTO ES SOLO EL COMIENZO
Hoy, después de recoger todo el material que puedes encontrar en estas páginas, presiento que el cometido recibido no acaba más que empezar. Que, en cierto modo, el libro está siendo la excusa para algo más grande, más urgente. Los planes de Dios no son los nuestros, y puede que nos sorprenda llevándonos más allá de donde creíamos en un principio. Más mar adentro. Juntos. Seglares, artistas, religiosas y religiosos, sacerdotes, teólogas y teólogos, misioneras y misioneros, mayores y pequeños, esperanzados, desencantados, buscadores, soñadores, todos juntos.
¿Será esa la verdadera intención por la que Dios ha hecho suscitar este proyecto? ¿Acaso querrá que estrenemos aquello de que «sean uno en nosotros para que el mundo crea» (Jn 17,21)? ¿Es eso, Abba? Porque si es eso, tendremos que estar preparados para amar al diferente, perdonar setenta veces siete, estimar al otro superior y cuidar de no extinguir el Espíritu (por decir algo para empezar).
Alguien me dijo una vez que, para que las cosas ocurran, antes hay que soñarlas. Yo he tenido el privilegio de contemplar en cada palabra, en cada trazo, en cada fotografía y letra de canción, los sueños y esperanzas de las personas que han participado en esta tarea. ¡Cuánta vida puesta! ¡Cuánta necesidad de agradecerles la perseverancia en la lucha por una iglesia de bienaventuranzas y un mundo fraterno! ¡Y cómo me gustaría que pudiésemos soñar juntos los sueños de cada uno, complementar los esfuerzos y hacer que lo que soñamos ocurra! Un detalle: nadie había leído la aportación de los demás antes de hacer la suya propia. Lo pensamos así para no condicionar. El resultado ha sido un conjunto variopinto y plural de expresiones, pero con algo en común —que es lo que más deseo agradecer—: el hambre y la sed por el Reino de Dios y su justicia. Quizás, si lo soñamos lo suficiente, acabe ocurriendo.
UN CAMINO POR ANDAR
Pero a este proyecto conjunto le falta algo: le faltas tú, y más gente a la que no he sabido o no he podido acceder. Una profecía que quiere ser de todos, no puede estar falta de nadie. Por eso, y pidiendo perdón de antemano por tantos nombres que no aparecen aquí, al final del libro vas a encontrar un espacio en blanco para que puedas expresar tu aportación. Dibuja, escribe o canta, lo que prefieras, pero no te quedes en silencio.
Si yo digo iglesia, ¿tú qué dices? Y no te olvides de soñar previamente lo que vayas a decir, de quererlo con toda el alma y el corazón, de estar dispuesto a que Dios te haga perder pie… Solo así, nuestras vidas (y no solo nuestras voces) serán proféticas conjuntamente.
Recuerdo en estos momentos la letra de una canción de Brotes de Olivo de Palencia:
Vamos que ya ha amanecido,
un camino tenemos que andar,
si no lo hacemos unidos,
no podemos llegar al final.
Hay muchas cosas que hacer
y muchas por cambiar,
luchemos unidos,
vivamos la gran ilusión: ¡despertad!
Despertar del sueño de la autosuficiencia, del individualismo colectivo, de subrayar las diferencias, de relacionarnos posicionados en bandos, de no querer escuchar al que no piensa como yo, de todo eso que nos está matando y que está haciendo que el gran tesoro descubierto permanezca eternamente escondido bajo tierra.
¿Y si nos animamos y compramos juntos el campo, un campo para todos? ¿Y si vendemos cada uno nuestras posesiones, nuestras medias verdades, nuestras parcelas, nuestras defensas y nos arriesgamos a mirarnos unos a otros de forma nueva, a encontrarnos en la intemperie?
ANUNCIO Y DENUNCIA MISERICORDIOSA
Toda profecía es anuncio y denuncia a la vez. Cuando nace de la búsqueda sincera del Espíritu de Dios, se convierte inevitablemente en misericordiosa, que es el sello de calidad evangélica. Y si dicha profecía es la expresión del conjunto, entonces es cuando puede tener resultados conjuntos. Sin embargo, tenemos que reconocer que apenas hemos sabido practicarla y vivirla entre nosotros, los creyentes, pues ¡cuántas profecías siguen naciendo del juicio y la condena! ¡Cuántas, sin tener en cuenta el conjunto familiar y eclesial!
Profecía conjunta misericordiosa, pasión por el todo, nacido de todos y para todos… Estas expresiones no son nuevas para mí, las he escuchado muchas veces en la vida de fe que comparto con quienes tanto quiero. Ahora, también las comparto con vosotros, reconociendo que siguen siendo un aguijón molesto dentro de mí: porque no me es fácil vivir cotidianamente desde la identidad de Pueblo; porque sigo teniendo miedo a no saber ser con el otro…
Pero será que Dios se parece a esa viuda insistente de la que habla el evangelio, y por suerte, no deja de dar la lata. En esta preciosa aventura conjunta de Yo digo «iglesia», tú dices…, he sido yo la primera que ha quedado al descubierto, anunciada y denunciada, sin más amarre que la profunda esperanza en la capacidad de amar y de recomenzar que Dios derrochó en el ser humano al crearlo.
UN DIOS QUE LO INVADE TODO
Esta que escribe, poco más tiene que decir.
Tan solo que, ahora, tras este tiempo de cosecha de inquietudes, preocupaciones y sueños, quiero más hondamente a la iglesia, no a la abstracta, sino a la que está formada por hombres y mujeres que, con sus luces y sus sombras, siguen adelante. Me siento agradecida a la vida por el regalo de haber llevado hacia adelante este proyecto, sintiendo de corazón aquello de «cuando hayáis hecho todo lo mandado, decid: Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer» (Lc 17,10).
Quisiera acabar (o comenzar, según se mire) con unas palabras de Pablo, pidiéndole al Dios bueno, que nos la grabe a fuego en el alma y se hagan presentes cada vez que nos miremos unos a otros a los ojos.
Hermanos: Yo, el prisionero por el Señor, os ruego que andéis como pide la vocación a la que habéis sido convocados. Sed siempre humildes y amables, sed comprensivos, sobrellevaos mutuamente con amor; esforzaos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz. Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la esperanza de la vocación a la que habéis sido convocados. Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre de todo, que lo trasciende todo, y lo penetra todo, y lo invade todo (Ef 4,1-6).
Ojalá así sea.
Lunes, 28 de mayo
Ediciones Khaf
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez
Carlos Corral
Jose Luis Cortés
Josemari Lorenzo Amelibia
JC Rodríguez, A Eisman
Francisco Margallo