Relativismo indecente
13.08.10 @ 08:57:25. Archivado en Filosofía y pensamiento marsupial
La pérdida de valores que asiste al hombre actual, acompañado de la persecución a ultranza de un bienestar hedonista y material al que sazonamos con una trivialización permanente de todas las interacciones y elementos que nos rodean, ha configurado una sociedad en donde la frontera entre lo correcto y aceptable y lo inaceptable e incorrecto, es tan estrecha que resulta generalmente imperceptible para todos, situación especialmente trágica cuando se sufre una circunstancia de penuria psicológica, económica, laboral ó social.
Se pretende que todo sea negociable, que no haya límites claros ni servidumbres legales ni formales. Si alguien ostenta una posición de poder, moverá los resortes que faciliten su posición y obstaculizará con los medios a su alcance cualquier reivindicación por más justa ó fundada que sea. Si por el contrario se es víctima de una situación de incumplimientos, quebrantamiento de la legalidad, vulneración de contratos, etc., la soledad se instalará contigo, el vacío te acompañará, no faltarán llamadas a la aceptación de la situación, no hallarás una respuesta unívoca e integrada en tus compañeros de fatiga, la romántica solidaridad se diluirá en un individualismo atroz, el miedo a represalias se apoderará de quienes le deberían de tener espanto a su precariedad y los fantasmas de la nihilización se entronizarán en su yo íntimo.
Decía Ernest Hemingway que un hombre puede ser destruido pero jamás vencido. Sin duda se refería al hombre forjado a base de reciedumbre, puesto de pié gracias a la solidez de sus creencias e imbuido de principios éticos y valores morales. Entonces convendremos que el autor americano se refería al hombre forjado a base de elementos de la educación tradicional ó en su caso curtido en las virtudes de la ética civil, no al hombre actual, quien ha sido puesto de rodillas por el consumismo a ultranza, la búsqueda constante del principio del placer y la adaptación a su conveniencia de reglas y principios. Todo es negociable, ya no hay valores que sostengan al hombre, nos dice el profesor Enrique Rojas señalando al relativismo moral y cultural como responsable del sufrimiento de las personas.
El despoje de estas columnas-asidero tanto de nuestra posición de erguidos como de la capacidad propia para afrontar los retos del presente y de proveernos de recursos para la lucha diaria, es en términos evolutivos, la mayor rémora que los tiempos modernos han proporcionado al frágil ser humano. Se hace imperativo, pues, la revisión de los principios de la sociedad del consumo, la superficialidad y el hedonismo y la vuelta a un hombre y una mujer formados en la filosofía y los valores de la ética civil, en el pensamiento de los clasicos y en la declaración universal de los derechos humanos.
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