Cataplines
14.05.08 @ 16:37:01. Archivado en Filosofía y pensamiento marsupial
Por supuestísimo que lo que no se han atrevido a hacer los americanos en el cine, lo estamos haciendo los españoles, y además sin darnos ninguna importancia. Me estoy refiriendo a la polémica en torno a la cuestión sesuá de los cataplines. Las cosas entran por los ojos, y la bulla ésta que nos ocupa, como no podía ser menos, ha entrado por la imagen. Ha bastado una campaña de presentación de duvedés coleccionables a cargo de un periódico nacional -que el contenido del spot no tenga nada que ver con lo que usted compre, no lo inventaron ellos-, la presentación de la peliculita del Bigas Luna y unas palabras del sin par -gustará o no gustará, pero no me digan que hay otro igual- Almodóvar, para que quede servido todo un cóctel explosivo que, amén de ser un producto de consumo, tiene la vocación de no dejar indiferentes a las personas.
Y no es que uno ahora vaya a enarbolar la banderita de aquello que decía Solchenitzin de que la decadencia occidental es consecuencia de un bienestar exclusivamente material y hedonista. Nada de eso. Lo que sucede es que hay un público que consume y compra y unos señores que piensan qué se puede vender. Si además lo que sea toca temas controvertidos, tabúes, arcanos emanados de lo más profundo del ser de cada uno, pues encima te ponen el marchamo de cultureta, vanguardia ó similares. Esta sociedad hasta ahora ha demostrado ser mocafle-dependiente (tetas por aquí, tetas por allí), y se ha caracterizado siempre por enfocar todo lo relacionado con el deseo, por el punto de vista del varón. Ahora se están explorando otros mundos: el sexo desde el punto de vista de la mujer, la ambigüedad sexual y la homosexualidad.
Quiere decirse que se pone de actualidad un tema que ha estado latente siempre en la cultura occidental, que es consustancial con el hombre y la mujer y del que se escandalizan siempre los que piensan que estos temas son tan privados que no se deben ensañar ni en la escuela ni en los libros ni en el cine. Mi vecina Puchi está deseando que Almodóvar saque éso que anuncia como un bombazo con la Tormento –el travesti con el guisopo más grande que conocerse pueda-, de aquella manera, porque dice que los ibéricos somos ya mayorcitos y maduros como para que nos den mucha marcha, y que si aparece en el listado de pelis no recomendadas de la puerta de la Catedral, pues tanto mejor porque ésas son las que sirven de guía a la gente para ir los miércoles al cine.
La sexualidad tiene un peluseo, como dice mi amigo Océ. Unos por pensar con el aparato, otros por negarlo, los menos por usarlo constantemente, el resto por preferir hablar de otra cosa... Aún recuerdo la cara -mezcla de asombro y preocupación- que puso mi padre cuando me ve aparecer por casa sólo dos días después de que nos hubiésemos despedido en Barajas, ante mi partida allende el océano hacia los USA, para realizar unos cursos de mis cosas de terapias y eso, y que debían haberme retenido en Nueva York, al menos dieciocho meses; la cara de mi padre -repito- me produjo la sensación de que a lo mejor me había columpiado.
-"¿Es que te pasa algo, hijo?".
-No papá. Lo que ocurre es que no sé después de lo que me ha pasado, si lo que yo necesito aprender me lo van a enseñar los americanos.
-"A ver, a ver".
-Me he vuelto desde el mismísimo aeropuerto Kennedy, desde un mostrador de la aduana porque un señor de uniforme, después de repasarme el equipaje, los libros, la documentación y pasarme por rayos x y por donde quiso, va el payo y me pregunta que si soy comunista, que si soy homosexual y no sé cuantas cosas más. Por supuesto que lo dejé allí plantado, no sin antes dejarle bien claro que se podía meter su país en donde le cupiese. Entonces me acordé de un chascarrillo que le había oido contar a Forges y que se lo solté a la chica que me vendió el billete de vuelta: -«De un país cuya historia cabe en la tapa de un yogur, no se debe esperar nada».
A lo que íbamos; los trajines con el tema de la colita tienen fijados cuan líquido de revelar, a todo el emporio de los EUA y a gran parte de los fabricantes de cultura en el mundo. Tampoco aquí en el viejo continente, en la cuna de la razón universal, de la libertad y de la sabiduría, hemos resuelto este arcaico tema de los prejuicios sobre las formas de manifestar la sexualidad entre personas, sobre todo si son del mismo sexo.
Total, que a pesar de tanto adelanto científico y tecnológico, en materia sexual aún estamos en el culo-teta-picha-chocho de nuestras primeras palabrotas. -"Pero éso sí, todo el mundo para sus adentros -me dice mi amiga la Uchi- piensa lo mismo: «...y el que no quiera jaleo que se lo coman los tiburones, que se lo coman los tiburones»". Como dejó dicho Horacio en sus Epístolas, ¡si tenéis una prueba mejor mostradla, si nó, sometéos!
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