De pena y plata
23.03.08 @ 17:40:21. Archivado en Filosofía y pensamiento marsupial
Tras la obligada pausa cristiano burguesa de la finita semana santa neo pagana, en la que se han visto más tronos que jamás, más penitentes que nunca, más estantes que siempre y más paraguas que público, colgada la simbología en el guardarropa, nuevamente nos disponemos a retomar la cotidianidad de nuestras vidas, eso sí, distrayendo nuestro pensamiento cinco minutillos, en el sentido y coherencia de las cosas.
Y no es el caso que se las tenga jurada a las fiestas religiosas ó a las paganas, ni siquiera a las de medio pelo ó a los ritos de paso. No señor. Sólo subrayaremos que una sociedad que lo puede pagar, que puede comprar de todo, en su intento de crecer y expandirse tiende a guiarse por las reglas del mercado, es decir oferta, demanda y precio.
Y así va colonizando terrenos que anteriormente no exploraba. La cosa adquiere un especial morbo cuando además como es el caso de nuestro país, se tiene una visión vengadora de la exclusión que la ortodoxia religiosa, el autoritarismo y la aplicación de los principios del movimiento nacional -¿recuerdan?- propiciaban a diestro y siniestro. Sencillamente, ahora me ha tocao a mí –asimila el inconsciente colectivo-, como cantaba la Pantoja.
Pero esto es mercado, eso sí, mercado regulado. Y se preguntarán ustedes, ¿Por qué no interviene la jerarquía eclesiástica? No será por ganas pienso, a la vista de lo que le hicieron por ejemplo a Enrique de Castro y compañía en una de las auténticas parroquias obramilagros que existían en España. Creo que se trata más bién de oportunidad política, estadísticas, posibilidad de cuantificar el impacto social en términos de feligresía –somos muchos- y la inevitable casilla de la declaración de la renta.
-¿Y a dónde conduce todo esto?. Al mismo sitio que va la gente. A ninguna parte. Pero mientras vamos, estamos. -¿Y cómo cae en ese error la Iglesia? ¿Error? ¿Quién ha dicho que sea un error? No. Es la traducción religiosa del signo y hora de los tiempos. Izquierda, derecha y centro encarnados por el mismo partido político que se eterniza en el poder, porque satisface en general las expectativas de la gente que abjura de elevar su capacidad de exigencia ya que los estímulos que recibe –el tablero de su ajedrez: te ponen un tablero por delante y tú sólo atinas a jugar la partida-, no lo hacen necesario. Socialismo bajo palio. Sociedad intervenida, socializada, mediatizada, convenientemente estratificada, subvencionada e ideocéntrica. Ante esta situación y las perspectivas que el dulce letargo anticipan, ¿Qué va a hacer la organización humana más antigua que se conoce? Nada.
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