Herculanos y Segurnautas
09.03.08 @ 14:06:13. Archivado en Politicamoribundía
No hace tanto tiempo que con la cabeza cubierta de pámpanos, los unos, y coronada de hiedras los otros, vestidos con pieles de cabra y de fieras, danzando y corriendo alrededor de los odres de vino viejo al tiempo que agitaban con las manos antorchas y tirsos, los Heculanos en sus taifas y los Segurnautas en su reino celebraban sus ritos en honor del dios Electión.
Pero la ira de Cronos, el que tiene el poder de hacer las cosas efímeras o perdurables, comenzó a manifestarse en Herculandia y Acequión. El oráculo de Amón reveló que sólo un sacrificio podía aplacar al enorme y terrible monstruo que amenazaba con convertir en un desierto a aquella región del Hades. Era necesario cambiar el culto, adorar a otra divinidad. Y así se hizo.
Nuevamente fastos y laureles, reverdecieron los frisos de las canonjías. Las mieses volverían a los campos y los carros tirados por caballos alados repartirían prebendas con las que jalonar las cumbres más inaccesibles. Sin embargo, cuando más entregados estaban, cuando Bacantes y Sátiros oficiaban en honor del Gran Proveedor, las nuevas iras de Cronos les sumieron en el desasosiego. Brontes, uno de los cíclopes, personificación del trueno, la tragedia, la dimisión, el cese, la oscuridad y la oposición, se instaló en el Campo de Marte. Consultado Calcante, el célebre adivino, predijo que los vientos sólo serían favorables si se sacrificaban a los marcados por la señal de la Ceja.
Fué entonces y sólo entonces, cuando el dios cesante decidió condenar al semidios, que había formado parte de la rebelión de los Titanes -rebelión que tenía como objetivo escalar el Olimpo para destronar al rey de reyes, al dios de dioses-, a sostener sobre sus espaldas la Bóveda Roja. Sin embargo, Ares, estratega de las conquistas de los Herculanos y Segurnautas, alertado por Helios, que todo lo ve, los petrificó, usando para ello la cabeza de Medusa. Ni siquiera la advocación a Amaltea, otrora socorredora, pariendo a Profidén -divinidad del déjalo estar-, pudo impedir la consumación del nuevo orden. Así las cosas, el olimpo dejó de tener su gracia, y los héroes y los vencidos, mudáronse a la otra orilla de Estigia.
Y es el caso, que no por explicarlo de tan rodeada manera, no será verdad que -pésenos lo que nos pese-, en ésto nos mudamos a los próximos cuatro años de nuestra vida. ¡Deseémosnos suerte con los vecinos que nos toquen!
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