Perlas en el muladar
12.06.08 @ 23:35:13. Archivado en Actualidad
Se ve que -como dice mi Juaqui-, basta que uno se vaya unos días de viaje por ahí bién lejos para que la cosa se líe y relíe hasta el punto que tener la sensación de haber perdido comba y norte.
-Ya será menos, me espeta incrédula mi amiga Cuchi, para la que al parecer todo está como siempre.
No Cuchita, a mi marcha aquí había un previsible estancamiento del crecimiento debido a la fuerte recesión de la economía americana y a mi regreso hay una incipiente desaceleración provocada por la crisis del petróleo que se prevee se instale algún tiempo con nosotros.
-Bueno, ¡pero no dirás que eso es culpa del gobierno! De ninguna manera, en todo caso será culpa de la oposición, por supuesto.
Y hablando del Partido Perfesto, los dejé ante un congreso en donde no se vislumbraban alternativas programáticas sino personales y los encuentro a punto de iniciar un congreso en donde nadie sobra y todos suman. Claro que a lo mejor nos enteramos del para qué.
-¿Y del Gobienno?. Del gobierno Juaqui, decir que dejé embarazada a la ministra de defensa y me la encuentro parida, que dejé a Rubalcaba en Cádiz comiendo en El Faro y me lo encuentro inspirando –huelga en ristre- a Manolito Santander una cuarteta de un cuplé. Que dejé perdido a Moratinos y parece ser que no se le ha encontrado, que matriculemos a la Aido en retórica genérica y me la encuentro fumándose... las clases.
-Vale ya miguelito que vienes mu malamente. No hables asís que al fin y al cabo hace muy, muy poquito que el pueblo español se ha pronunciado y le ha puesto nota a los que ahora criticas.
-Eso es lo que me extraña Cuchi. ¿Cómo es posible que ahora haya tanta gente cabreada y diciendo que esto es intolerable y que la situación es insostenible si hace dos meses estaban encantados?
-¿Será que les gusta dejarse engañar?, apunta Juaqui con un poquito de uva remontada.
No lo creo, en todo acaso pudiera ser un efecto no deseado de la telepolítica que preside la vida pública en España. De cuando en cuando el contraste con la realidad cabrea a unos cuantos, pero no hay cuidado, en unas sesiones, el telesocialismo tras la telenegociación acabará con la telehuelga con gran contento de los teletransportistas, teleagricultores y telepescadores y no menos regocijo de los teleconsumidores, eso sí, todo ello a cargo del telepresupuesto.
-¿Entonces en qué quedamos? ¿Está la cosa cambiada, o como siempre?
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