Algo que decir
16.11.06 @ 04:06:03. Archivado en Opinión, Cine, Sociedad
Cada minuto que perdemos en España viendo la telebasura, indignándonos con el escándalo de Maite Zaldívar (que escapa de la cárcel si paga 90.000 euros de nada, para ella), muere gente en sus puestos de trabajo; algunos, con una suerte más que discutible, lo hacen por accidente y de por vida: otros, sin embargo, mueren a diario durante 8 horas en el mejor de los casos.
Cada minuto que perdemos en España buscando una explicación y una solución al problema de la prostitución, es perder el tiempo. ¿De qué sirven las ordenanzas de civismo en Barcelona, si la Guardia Urbana dice “no podemos hacer nada” ante unas prostitutas que acosan, literalmente, a los transeúntes? ¿De qué sirve que alguien se preocupe por las necesidades y obligaciones de esas prostitutas, si la policía sólo actúa, que no preocupa, cuando comienzan las manifestaciones, cuando hacen falta cabezas de turco?
Cada minuto que perdemos en España discutiendo sobre el proceso de paz con ETA, miles de personas trabajan sin contrato ni seguridad laboral alguna en su puesto de trabajo. Otras personas, con una suerte más que discutida, lo hace con un contrato laboral y salario mínimo de 540 euros bajo el brazo (¡en el 2007 serán 570 euros!). ¿Quién puede subsistir en la sociedad actual con ese dinero? ¿Incita el propio Gobierno a la economía sumergida? ¿Es el Gobierno el primer proxeneta de la prostituta, el camello de los traficantes o la cuchilla del suicida?
Cada minuto que perdemos en España, sobreviviendo, es una forma de justificar que la injusticia es justa y el salario mínimo es suficiente, y la dignidad se compra en la reventa y no importa, no interesa, que la gente comparta y disfrute; basta con seguir adelante, con que sufra la mayoría para que una minoría sea feliz y agasajada por su hipocresía: la minoría que gobierna el pueblo, aunque no sea el pueblo quien decida eso.
Una peligrosa cuestión de prioridades que caracteriza a una sociedad en la que el éxito está reservado a jóvenes atractivo/as, personas influyentes o con total disposición… a todo. Una jungla donde ser honrado es lo de menos, estudiar una carrera y tropezar con un jefe inmoral o corrupto es lo común, donde interponer tantas denuncias necesarias es perder el tiempo…aunque sólo sea un minuto, el escuchar al que tiene algo que decir.
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Eduardo Cassano
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