
09.10.10 @ 20:41:10. Archivado en Opinión, Sociedad
Dentro de un mes la ciudad de Barcelona recibirá a ese señor que viste de blanco, que representa a la Iglesia católica. Y lo hará bajo un régimen de austeridad, según ha dicho el cardenal arzobispo de Barcelona, Lluís Martínez Sistach, que cifra tal acontecimiento en algo más de medio millón de euros.
Por lo visto el presupuesto va en función de las sillas y las pantallas gigantes que se instalarán frente a la Sagrada Familia. Supongo que eso dependerá también de la gracia de Dios, por si ese día se le ocurre mandar un aguacero a la capital y a Benedicto XVI le toca oficiar la misa debajo del templo, junto a los operarios que trabajan con la tuneladora que tiene en vilo a los vecinos del barrio, por el túnel del AVE que están construyendo. Probablemente ahí harán más falta sus rezos.
Cuando he leído a Lluís Martínez Sistach hablando de austeridad, he recordado cómo criticó en su momento el fichaje de Cristiano Ronaldo. Ahora resulta que gastar medio millón de euros en la visita del Papa es austero, pero digno. Menos mal. Lo que todavía no está confirmado es si piensa poner a la venta camisetas (o sotanas) personalizadas para recaudar fondos, aunque pensándolo bien tampoco veo a Florentino Pérez criticando esta operación de marketing.
Es curioso, no obstante, que un señor vestido de blanco se vaya paseando por los países para hablar –entre otras cosas- de pobreza, cuando él vive bajo techos de oro y un desplazamiento suyo en tiempos de crisis tiene este presupuesto. Pero todavía es más curioso que tras una huelga general, donde la gente que lo está pasando mal ha salido a la calle a mostrar su rechazo al Gobierno, cuando se trata de criticar a la Iglesia (por su intolerancia, casos de abusos, etc) las personas católicas no sólo callan, sino que además justifican; se dejan el alma con llantos de pena contra los políticos por no llegar a fin de mes, para después comprar y encender una vela en la iglesia con llantos de esperanza.
Vamos, que no se queja ni Dios. Aunque éste al menos tiene la excusa de que no puede hablar; y si puede, a día de hoy sigue sin pronunciarse.
http://www.diariosigloxxi.com/texto-diario/mostrar/60855
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28.09.10 @ 00:48:51. Archivado en Sociedad
Me parece una auténtica vergüenza, sin ánimo alguno de defender al Gobierno, cómo los sindicatos están usando todo tipo de artimañas para evitar que el mayor número de personas no acudan a su puesto de trabajo, que no es lo mismo que el mayor número de personas acudan a la huelga que han convocado. Es triste que esas personas que quieren ir a trabajar, que lo necesitan, no van a poder hacerlo porque el transporte tendrá unos servicios mínimos indecentes, y hasta se ha tratado de chantajear, literalmente, a los abuelos para que ese día no cuiden a sus nietos, para dejar en casa a los padres de familia.
No voy a entrar en si esta huelga es necesaria o no, pero sí quiero denunciar cómo se está negando el derecho a trabajar a las personas que no desean secundar la huelga, por el motivo que cada uno tenga. No hay que olvidar que la solidaridad
es algo que uno elige de forma voluntaria y no se debe exigir; por algo presumimos de convivir en una democracia. También habría que ponerse en el lugar de esas personas que tienen un contrato temporal, o que sencillamente no se pueden permitir dejar de cobrar un día. Incluso habría que respetar a aquellos que sencillamente no están de acuerdo con la huelga y tendrán que sufrir la tradicional violencia de los piquetes, que en muchas ocasiones no tienen nada de 'sólo informativos'.
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24.09.10 @ 13:17:47. Archivado en Política, Sociedad
No se trata de una broma. Según un estudio encargado a Sigma Dos, si Belén Esteban se presentara hoy a unas elecciones obtendría representación parlamentaria. Si uno reflexiona esta noticia tampoco resulta del todo extraño, si tenemos en cuenta que Rajoy está ahora mismo más cerca que Zapatero de ganar las próximas elecciones, a pesar de ser menos valorado como político que el actual presidente del Gobierno.
Algo está cambiando en España en los últimos tiempos. Belén Esteban,'la princesa del pueblo' como se la conoce, y que datítulo al programa especial en el que van a participar personajes tan importantes en la vida social y política como Eduard Punset, Miguel Ángel Rodríguez o Pilar Rahola, entre otros, ha sido un fenómeno social que primero alteró la actualidad televisiva, disparando las audienncias de los programas en los que participa o se habla de ella, y ahora podría convertirse también, si quiere, en un interesante fenómeno político.
Sé que dar más importancia a una futurible figura política de Belén Esteban que a la huelga general de la semana que vieneparece una locura a todas luces, pero si uno se detiene a reflexionar un segundo comprobará que no lo es. Sólo con observar a Eduard Punset dedicando su tiempo a este fenómeno social, es digno de tener en cuenta acerca de su importancia.
Resulta que durante muchos años, demasiados, hemos vivido en nuestro país un bipartidismo político en el que se han ido intercambiando el poder, por errores del Gobierno de turno más que por las soluciones aportadas por la oposición. La tercera fuerza política jamás aspiraba a más que hacer pactos para sacar adelante sus propios intereses, y su número de votantes está siempre a años luz.
Esto ha hecho que el Gobierno y la oposición se dediquen a lo suyo, principalmente, antes que solucionar los verdaderos problemas de la población; los que votamos. Quizás por ello cada año aparecen multitud de casos de corrupción, de tramas urbanísticas, de ayuntamientos endeudados por culpa de la mala gestión, mientras los contribuyentes pagamos cada año un salario galáctico a unos diputados que, salvo los días importantes de votación (y aún en esos días algunos todavía le dan al botón equivocado), ni se molestan en ir al puesto de trabajo por el cuál están cobrando.
Todo ello nos ha llevado, otra vez, a una huelga general. Cada presidente ha tenido la suya, Zapatero no iba a ser menos. El problema no es actual si se mira con prespectiva; los sindicatos defienden al trabajador, o eso dicen, sólo cuando les conviene. De lo contrario, no se entiende que España tenga uno de los peores sueldos mínimos de toda Europa, que es incluso la mitad de otros países en los que supuestamente estamos al mismo nivel económico. La huelga general, absurda ahora mismo pero al mismo tiempo necesaria desde hace mucho tiempo, no va a solucionar este asunto. Tampoco cambiará la reforma laboral, que por un lado se entiende -en época de crisis- siempre que al quitar derechos al pobre también se le quite al rico.
En realidad, la huelga general propuesta por los sindicatos es algo que tenían que hacer de forma obligatoría, únicamente para justificar su posición, garantizada y bien remunerada. Precisamente por esto, el fenómeno de Belén Esteban es algo esperanzador, porque si bien es un personaje público que puede caer bien o mal, si no es ella debería ser alguien como ella la que irrumpa con aire fresco en la política española para que las cosas cambien, no de forma temporal y según los intereses convenidos entre los partidos políticos o los sindicatos, sino de forma definitiva y, a fin de cuentas, que sirvan de ayuda a la población general que es la que vota cada cuatro años. Y si ahora Belén Esteban obtendría una representación parlamentaría, por algo será. Sólo espero que, ella o quién sea, no caiga en malas manos y sea peor el remedio que la enfermedad; tal y cómo está el panorama, tampoco es cuestión de tener un Debate de la Nación Deluxe
El peligro es que caiga en malas manos...
http://www.diariosigloxxi.com/texto-diario/mostrar/60077
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10.09.10 @ 07:30:49. Archivado en Política, Sociedad
Muchas veces me he preguntado qué cambia realmente a una persona: el dinero o el poder. En Barcelona, y supongo que también ocurre en otras ciudades, hay hombres y mujeres con dinero que alquilan habitaciones libres de su casa a cambio de lo que carecen: dinero, sexo, conversación, compañía al fin y al cabo, o simplemente tener la sensación de poder sobre alguien, casi siempre debido a sus múltiples frustraciones personales.
Acerca del poder, recuerdo al gran Pepe Rubianes, que en paz descanse, cuando decía aquello de que cuando a un ignorante le daban poder enseguida aparecía el fascista; recuerdo además, con su sarcasmo habitual, que casi siempre ponía a Bush de ejemplo. Supongo que por eso hay tantas personas que un día tuvieron mucho poder, y lo perdieron tan rápido como lo consiguieron; Julián Muñoz, que si no estoy equivocado era camarero años atrás, puede ser un buen ejemplo de ello.
Pero en esta ocasión quiero hablar de un tipo de persona que cada vez es más común en nuestra sociedad: el canalla. Hay personas que son capaces de hacer el bien, a veces incluso por pura casualidad, y vivir de ello todo lo que pueden. Es el caso de Jesús Neira, aquél héroe que conmovió a una sociedad sensibilizada con el maltrato de género al ayudar, según dijeron, a una chica cuya pareja estaba agrediendo. Él se llevo la peor parte, estuvo más muerto que vivo durante mucho tiempo y cuando ‘resucitó’, tuvo como premio un cargo público en el gobierno de Esperanza Aguirre en Madrid, oportunista como pocas en todo aquello que pueda dar votos.
Pues ahora resulta que el héroe de Jesús le ha salido rana. Tampoco, al menos para mí, ha sido una novedad, pues sus primeras intervenciones públicas en la televisión ya hacían presagiar que a este tipo le hacía falta un poco de humildad, y hasta cierta educación en sus ataques al Gobierno de Zapatero. Pero siempre escuché aquello de que el tiempo pone a cada uno en su lugar, y a Jesús Neira el tiempo le ha puesto donde le tenía que poner, porque él no ha dimitido ni por casualidad.
El problema más grave, qué duda cabe, es que lo han pillado circulando en estado de embriaguez, triplicando la tasa de alcoholemia permitida. Por ello sólo le han condenado a 10 meses sin carné y una multa de 1.800 euros. Pero lejos de reconocer su error, como hizo en su día por el mismo motivo Nacho Uriarte, el que fuera presidente de las Nuevas Generaciones del PP, o el mismísimo Mariano Rajoy hace sólo un mes, cuando grabó un mensaje con una videocámara en la que se podía observar al azote del Gobierno sin usar el cinturón de seguridad obligatorio, Jesús Neira no ha reconocido su error. Además, para añadir más irresponsabilidad de la que ya ha demostrado, asegura que sólo tomó media copa de vino y un chupito, y que el resultado de la alcoholemia es fruto de la mezcla que hizo con los medicamentos que toma de forma habitual.
Reconozco que se me hace difícil entender como una persona que trata de expresarse tan bien delante de una cámara sea tan poco inteligente para saber que no puede tomar ni una gota de alcohol si está medicándose. Si, además, tiene un cargo público y debe ser el primero en dar ejemplo. Y, para colmo, si le gusta tanto criticar a quién se le ponga delante, no sea capaz de actuar de forma más responsable y cuando le pillan, no tenga la decencia de reconocer su error.
http://www.diariosigloxxi.com/texto-diario/mostrar/59549
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09.09.10 @ 00:46:38. Archivado en Cine
No callo, lo sé. Me despierto por la mañana hablando con la radio del despertador. Acostumbro a hacerlo solo porque las mujeres que duermen conmigo no suelen repetir, y alegan que hablo hasta cuando estoy dormido. Por suerte sólo ponen esa excusa.
Me gusta hablar, comunicarme, qué le vamos a hacer. Además como al hablar me interesa lo que digo, me recreo. Y si un día me aburro me pongo el ipod y escucho música, porque tengo esa suerte que no disfrutan otras personas de tener la obligación de mirar a los ojos del que te está hablando.
Me paso el día hablando, por teléfono en el trabajo y con los compañeros, por la calle cada vez que acecho a cualquier dependiente solitario o en ‘petit comité’, o cada vez que tengo la más mínima ocasión. Después de muchos años de escuchas silenciosas e importantes dolores de cabeza, he aprendido a defenderme atacando primero.
Cuando llego a casa y no tengo con quién hablar, como no tengo mascota y hace mucho tiempo que dejé de chatear, escribo. En realidad hablo conmigo mismo, en silencio eso sí, con la hoja en blanco del Word, hasta que un día desapareció ese clip de ayuda que muy amablemente se ofrecía a ayudarme. Nunca dejó una nota con el motivo de su marcha.
Quizás dentro de un tiempo acabe hablando solo por la calle, predicando alguna religión que todavía no existe o pidiendo dinero por el metro para pagarme una mariscada, no sé. Pero, hablando del metro, observo tanta gente solitaria de aspecto triste y que apenas se comunica más que lo necesario, que me asombra; mientras para ellos yo soy el raro, el que nunca se calla ni debajo del agua, para mí los raros son ellos.
Pero es cierto que hablar tanto acaba siendo agotador, hasta para mí, aunque me interese lo que digo y tenga muchas preguntas que responder después. Por suerte te tengo a ti, que cada día te veo, y te necesito, para descansar un poco y recuperar fuerzas. Gracias a ti soy incapaz de articular una palabra, y mucho menos pensar cuando estás delante de mí; con esa dulzura en tu mirada y el aura de tranquilidad que te rodea. No tengo ni la menor idea de cómo suena tu voz, ni cuánto hablas o callas en confianza, pero estoy seguro que eres completamente diferente al resto de muertos en vida que cada día comparten este tren con nosotros. Aunque sólo sea por la osadía de poner mala cara a todo el que mira el piercing que te has hecho en el escote.
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No soy creyente, para qué mentir. Cuando me hablan de Dios trato de cambiar de conversación, o en su defecto de amistades. Pero si creo en algo es en las señales, las cosas que ocurren cuando no las esperas, tanto las buenas como las malas. Y hoy, en un tren con dirección hacía Castelldefels, observé que ha llegado el Apocalipsis.
Estaba sentado tranquilamente, escuchando música, cuando de repente escuché un grito terrorífico justo detrás de mí. Cuando me giré no observé nada extraño, así que creí que debió ser producto de mi imaginación, tal vez por el estrés de los últimos días, hasta que volví a escucharlo con mayor estrépito si cabe. En esta ocasión si llegué a girarme a tiempo para conocer la causa, y resultó ser ¡un niño pequeño!
Soy consciente que un niño de esa edad no tiene conocimiento, grita porque tiene que gritar y ya está. Incluso podría aceptar el hecho de padecer las incomodidades que proporciona la satisfacción de ser padre, para el que ha elegido serlo y siente además la imperiosa necesidad de compartir su experiencia con los desconocidos que le rodean.
Debo advertir que aquello no era un simple grito, sino el anuncio del Apocalipsis en arameo, creo que con versos rimados y todo. Yo no podía decir nada, qué iba a decir después de media hora de discurso sobre cómo y cuándo llegará (aunque creo que dijo que comenzará en Barcelona), que por cierto nadie entendió, y si algo me molesta más que el ruido es quedarme con la duda de algo.
El pobre anticristo estaba acompañado de tres mujeres: todas ellas de diferente generación. Curiosamente la más mayor de las tres fue la que inició el proceso, y soltó toda su furia por la boca, llena de improperios e insultos (¡hasta llamó al vigilante de seguridad del tren!) cuando una pobre chica, cansada del escándalo pensó que si pedía por favor que tratasen de no alterar al niño, dándole un chupete en lugar de animarle a jugar en un lugar público, acertaría a descansar en la media hora que tenía de viaje hasta llegar a su destino. Los que acompañamos a esa chica, después del espectáculo, pensábamos lo mismo que ella se atrevió a decir en voz alta, intercambiamos miradas de complicidad y aguantamos el tipo de la mejor manera posible. Incluso observé, cuando se bajó una parada antes que yo, cómo al pasar por delante de esa mujer tuvo que soportar su mirada desafiante, así como la del propio vigilante de seguridad, que por alguna razón que desconozco quedó aparcado justo a mi lado, como si estuviera custodiando algo valioso. Durante ese rato sentí lo incómodo que debe ser para esa gente importante que lleva seguridad todo el día.
Al llegar esta noche a casa y leer los periódicos, lo entendí todo. Hace algo más de una semana, una serpiente se coló en un piso de Barcelona; pocos días después un lagarto enorme fue capturado en el jardín de una casa a pocos kilómetros. Comento esto porque hace dos noches una familia de jabalíes se paseó por las calles de un céntrico barrio barcelonés, no muy lejos de donde apenas hace menos de un mes fueron vistos unos cerdos salvajes en el parque de la Guineueta.
A veces me pregunto por qué leo los periódicos, o por qué viajo en tren. A veces, también, me pregunto cómo la raza humana ha sido capaz, hemos sido capaces, de cambiar tanto en tan poco tiempo.
Ahora que observo en las librerías que anuncian en forma de libro el fin del mundo para el 2013, y otros, más previsores en cuanto a las ventas, para el 2020. Desde aquí voy a dar la exclusiva: ¡El Apocalipsis ya está aquí!
Los animales se están instalando, poco a poco, en Barcelona, y nos acechan con la misma paciencia que Noé construyó su barca y llevó a cabo su proyecto. Los científicos ya alertan de la próxima llegada del ‘Aedes aegypti’, el mosquito egipcio que convertirá las picaduras del actual mosquito tigre, en un futuro próximo, en simples caricias que entonces echaremos de menos.
Por suerte aún sigue haciendo calor; mucho calor. Eso sí, en cuanto caigan cuatro gotas que todo el mundo coja un rosario y busque su propia barca, porque lo siguiente será el diluvio universal, el juicio final, y el descanso eterno… ¿o no?
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03.09.10 @ 15:17:29. Archivado en Opinión, Sociedad
Resulta que Zara, del Grupo Inditex, ha puesto en marcha su tienda ‘online’ y esto por lo visto es algo novedoso en el sector textil, aunque haya otras empresas que desde hace algunos años ya venden su ropa digital. Esta noticia coincide con la de otra tienda de ropa, de las de toda la vida, que ha puesto en marcha ‘el probador virtual’, y consiste en probarse la ropa y ponerse delante de una videocámara para recibir la opinión de tus amigos o familiares.
Tanta tecnología de repente me ha hecho pensar. Quizás dentro de poco tiempo tendremos que dejar de comprar las bolas de naftalina para evitar las polillas en el armario, y sencillamente lo actualizaremos un antivirus especialmente diseñado para, quién sabe, esa ropa moderna y digital que se vislumbra en el horizonte, de camisetas que se lavarán en seco y en silencio pulsando tan sólo un botón, o de pantalones tejanos provistos de telefonía, cámara, música y auriculares incluidos, entre otras ‘comodidades’. Y a todo esto, por supuesto, cabe decir que los nuevos virus, mucho más agresivos; seguramente serán en 3D.
Pero que nadie se haga ilusiones, en realidad eso no va a pasar. Tengo un amigo que de vez en cuando viene a verme desde el futuro, y me ha explicado que la venta de ropa digital fracasó en España. Cuando me dijo el motivo lo entendí enseguida. Resulta que la mayor parte de hombres estaban encantados con la idea al principio; se libraron de los paseos interminables de tienda en tienda y de aguantar largas esperas en la cola de los probadores. Sin embargo a las mujeres, que son las que más compran, no les acababa de gustar esa idea tan fría de comprar, sin probarse antes diez o veinte productos similares aunque finalmente no comprasen nada en ese momento. En realidad, me dice mi amigo, muchas mujeres acaban comprando una prenda de ropa cuando ya se han aburrido de probarse todas las que no se pueden permitir. Amén.
http://www.diariosigloxxi.com/texto-diario/mostrar/59309
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Acaban de aprobar en el Senado la nueva reforma laboral. Una vez más, el Gobierno ha sacado adelante sus planes gracias al absentismo de los nacionales catalanes y vascos, y sin duda septiembre –con una huelga general en marcha- será un mes tenso para los políticos, sindicatos y trabajadores, que son los principales perjudicados.
Mientras sigo leyendo la noticia, me sorprende que el texto aprobado incluye ‘la reducción de 100 a 30 días de período de gracia del que disponen los parados para rechazar un trabajo o curso’. Es decir, hasta ahora un parado podía permitirse el lujo de cobrar el paro, después la ayuda y además rechazar ofertas de trabajo durante 100 días si no las consideraba lo suficientemente interesantes para su nivel, mientras otras personas con ganas de trabajar no consiguen siquiera una entrevista. Y, por supuesto, son los primeros en quejarse de lo mal que va el país, lo mal que gobiernan los que están (sin importar los que sean), y a ser posible con una cerveza en la mano rodeado de amigos en el bar.
Por lo visto los sindicatos quieren negociar porque no están contentos, claro, y mucho menos los parados, cómo no; los únicos que parecen estar contentos hoy en día son los que disponen de un sueldo a final de mes, sin mirar demasiado su cartera llena de títulos, diplomas y valores, o su futuro laboral, basándose más en la realidad económica presente que padecemos todos. Supongo que la diferencia, al final, entre los que trabajan y los que no es una simple cuestión de voluntad, empeño y probabilidades: cuántas más puertas llames, más probabilidades tendrás de encontrar trabajo; cuántas más cervezas tomes en el bar, menos probabilidades tendrás de encontrar trabajo, aunque eso sí, seguramente harás más amistades.
A veces creo que en lugar de evolucionar, con el conocimiento que otorga los años y las experiencias y toda esta tecnología que nos rodea, vamos retrocediendo cada vez más en el tiempo. De hecho he tenido la oportunidad de poder comprobarlo personalmente esta misma semana.
Cada mañana cojo el tren en la misma estación, casi siempre a la misma hora, y casi siempre también observo al mismo hombre, con un porte y elegancia digno de admiración, saltar por encima de los tornos, supongo que por rebeldía –no sé- y no por una mera cuestión económica. El otro día a última hora de la tarde volví a la estación y en esta ocasión, mientras subía por las escaleras mecánicas, observé a tres niños en ese mismo torno; dos ya lo habían pasado (no llegué a ver si pagando o no) y el tercero estaba pasando la tarjeta justo cuando llegué al vestíbulo pero no le dejaba pasar; la prisa de los otros dos niños y el tren en el andén no le inquietaron, y tras intentarlo un par de veces más, lejos de saltar el torno y salir corriendo como haría cualquier niño de su edad, o ese hombre que veo habitualmente por las mañanas, el niño se fue tranquilamente a pedir explicaciones a la taquilla.
Reconozco que me sorprendió, incluso me alegró porque pensé que aún quedaba esa esperanza de tratar de hacer las cosas bien. Supongo que también es porque no puedo decir que yo de pequeño hubiera actuado del mismo modo, sobre todo cuando al cruzarme con él observé que la taquilla estaba cerrada, por esa fabulosa atención al cliente que nos dirige a una máquina expendedora de billetes o en su defecto, cuando está, al vigilante de seguridad.
No quise mirar atrás y ver la decisión que tomó aquél niño, pero cualquiera que fuera estuvo bien. En ese momento en el que salí a la calle y estaba oscuro, recordé una vez más al hombre que habitualmente me encuentro por las mañanas, y fue cuando caí en la cuenta de que, al igual que esta metáfora, cuanto más pasa el tiempo peor hacemos las cosas.
En realidad no sé vivo en el presente de ese hombre, que cuando era niño perdió la paciencia en ese mismo torno, o en el pasado de ese niño que una vez fue responsable como sus padres le enseñaron. De cualquier modo, uno está acostumbrado a ver a hombres comportándose como niños cada día, por lo que prefiero pensar que me encontré a un niño actuando como el buen hombre que será de mayor; aún hay esperanza.
http://www.diariosigloxxi.com/texto-diario/mostrar/59050
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17.08.10 @ 23:51:40. Archivado en Sociedad
No me he vuelto loco, aunque podría hacerlo y alegar locura transitoria o algo así, coger un coche y atropellar a mi mayor enemigo, entre otros muchos delitos menores cuya lista sería casi inacabable. Podría convertirme en delincuente por una vez en la vida, acudir a un juicio y aún siendo declarado culpable, si se tiene el cuidado suficiente para que la pena sea inferior a dos años y uno carece de antecedentes penales no iría a la cárcel.
Hay precedentes más que suficientes para salir indemne de tantas sentencias incomprensibles, que asustaría a las personas de bien que se detuvieran a pensar un segundo del riesgo que corremos cada vez que salimos a la calle. Cada vez que nos cruzamos con una persona excesivamente nerviosa, con ganas de divertirse (como la moda de pegar a la gente sin ton ni son por la calle, grabarlo en vídeo y colgarlo en Internet), o simplemente con alguien que roba por cualquier tipo de necesidad…y vuelve a salir a la calle.
Las ciudades están llenas, cada vez más, de este tipo de personas y los jueces, que al igual que la Policía se supone que están para proteger al ciudadano, permiten que actúen con total impunidad.
Esta semana me ha indignado leer en la prensa otra vez la frase ‘sin antecedentes penales y una pena inferior a dos años’, pero como en esta ocasión no se trata de un famoso al que aleccionar públicamente, sino de una anónima mujer británica que abandonó a su hija en una playa de Tarragona para irse de copas a un bar, tras un juicio rápido y una sentencia de 6 meses de prisión la mujer en cuestión ya goza de total libertad. ¿Hasta cuándo esta permisividad delictiva?
http://www.diariosigloxxi.com/texto-diario/mostrar/58852
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16.08.10 @ 23:48:56. Archivado en Reflexiones
Compañera usted sabe que puede contar conmigo
no hasta dos o hasta diez
sino contar conmigo.
De “Hagamos un trato”, Poemas de otros (Mario Benedetti)
Los lunes nunca son un día cualquiera; dependiendo del estado de ánimo de cada uno suele ser el mejor o el peor día de la semana, pero no un día cualquiera.
El lunes es el mejor día para madrugar más de lo habitual, desayunar fuerte acompañado de unos versos de Benedetti y ajeno a las noticias matutinas, que ya se abrirán paso durante la semana, mientras el olor a café recién hecho te carga las pilas.
Nada puede salir mal: ni los recuerdos del mosquito tigre en tu pierna ni las caras largas en el trabajo, ni ver desierta la ciudad poblada de tiendas vacías cuando salgas a pasear. Ni siquiera la previsión de mal tiempo es suficiente, porque basta salir con un paraguas a la calle para que el sol se imponga de forma autoritaria ante tu tímida indecisión.
En estos días de agosto, donde el último recuerdo del día es una taza de rooibos helado para combatir el calor y el insomnio, todavía quedan personas que se encuentran una maleta con 3.250 euros y la devuelve íntegra en la comisaría. Para que luego digan que la prensa sólo trae malas noticias.
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11.08.10 @ 22:29:02. Archivado en Sociedad
La OMS ha anunciado el fin de la pandemia de gripe A, que dejó 19.000 muertos en todo el mundo, una cifra que sin embargo ahora resulta insignificante en comparación con las 500.000 muertes por gripe común o el millón de vidas que se cobra cada año la malaria. Se acabó el pánico de antaño, cuando el mundo se venía abajo mientras la industria farmacéutica hacía caja. Ahora que no hay peligro, en España tenemos que tirar a la basura los 266 millones que el Gobierno se gastó en los 37 millones de vacunas, de las cuales tan sólo se utilizaron 3 millones, en medio de una crisis que no termina de remontar.
Pero la gripe A no fue nada. Se avecina un virus todavía mayor y silencioso, lo que hace que aún sea más peligroso, que amenaza septiembre como cada año aunque éste se antoja peor. Dentro de unas semanas recibiremos datos desoladores en la primera página de los periódicos y telediarios; cifras de los muertos en carretera, el porcentaje de aumento de los divorcios y la previsible subida del paro en un mes en el que se terminan muchos contratos temporales.
Se dice hay un nuevo virus, del que nadie habla en voz alta pero que todo el mundo conoce. Hace unos años que, poco a poco y sin darnos cuenta, venimos escuchando que la depresión es la epidemia del siglo XXI. Con éste, sin embargo, no interesa alarmar demasiado para alargar el beneficio lo máximo posible. Una vez más, la industria farmacéutica se encarga, cómo no, de suministrar el remedio a través de antidepresivos y otros fármacos que recetan los psiquiatras, no sin antes la cita previa de rigor con el psicólogo, esa persona que actúa como el amigo de toda la vida que te escucha con la diferencia que éste mira el reloj sin vergüenza, cobra y te deriva al médico que te abre el camino a la farmacia.
Tengo la impresión de que en realidad la depresión no existe, que es sólo un problema que se inventó y con él, la medicación supuestamente adecuada para combatirlo –como la gripe A-, cuando en realidad la epidemia del siglo XXI no es más que el chollo de los mismos de siempre. Ya digo que sólo es una impresión, aunque quizás es cierto que existe la depresión y el virus se filtra en el organismo a través de la tinta de los tatuajes, el moreno de los rayos uva cuando desaparece, las letras de los libros que leemos o las tonterías que escuchamos a diario en muchos programas de la televisión..
No obstante, de un tiempo a esta parte se han perdido los valores tradicionales, así como la educación y el respeto por las personas, sobre todo por parte de la juventud. Las ciudades se hacen más grandes y cada vez hay más gente sola; la televisión ejerce de ansiolítico a los que se resisten a caer en la tentación farmacéutica, o quienes no pueden permitirse las costosas consultas privadas. Tal vez éste sea el origen de todo.
Aunque el verdadero virus, ése que es tan silencioso, no es otro que el conformismo. Todos lo llevamos dentro: lo introduce en nuestro organismo la propia sociedad, a través de las pasarelas de moda o las campañas de publicidad –entre otros- cuando crean estereotipos que diferencian a unas personas de otras. Tarde o temprano se activa en todos y cada uno de nosotros, basta con ponerse delante de un espejo para saber en qué estado se encuentra y qué antídoto hay que aplicar. Algunas personas se curan haciendo deporte, comprando zapatos y bolsos o celebrando victorias deportivas en las que no son partícipes físicamente, pero sí de corazón. Otros también lo hacen mirándose dentro de sí mismos, donde nunca creyeron que había nada que ver.
http://www.diariosigloxxi.com/texto-diario/mostrar/58614
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04.08.10 @ 00:52:54. Archivado en Reflexiones
Muy a menudo el concepto de una equivocación resulta ser algo negativo, y según el contexto hasta catastrófico. Hay equivocaciones de las que uno no se da cuenta hasta que pasa el tiempo; casi siempre resultan ser las mejores, aunque cuando se descubren parezca imposible pensarlo.
Hoy cogí un tren en dirección a un lugar del que hacía por lo menos tres años que no visitaba. No tenía la certeza de que fuera mi tren, sólo que iba en la dirección que yo quería. Pero por lo visto en tres años cambian muchas cosas, y el mismo tren que tiempo atrás iba hacía un lado del Vallés, ahora resulta que ha cambiado su ruta. Como nadie en el vagón se extrañó, protestó o montó en cólera, entendí que fue un error mío y me bajé en la primera estación con la primera intención de dar la vuelta y volver al punto de partida… pero la tarde iba a resultar mucho más interesante.
Sin saber muy bien por qué, decidí quedarme en ese lugar, que también conocía, y pregunté cómo llegar a una determinada calle a la primera persona que pasó por delante. Se puso las manos a la cabeza, casi literalmente, y le entraron los sudores al pensar que ese lugar estaba a 2.5km, y sin dar crédito ni mucho menos pedirlo, me invitó a subir al coche y acercarme amablemente. El coche, además, resultó ser un descapotable, de esos sin luna delantera que yo digo ‘de pueblo’ (por mi absoluta ignorancia hacía el mundo del motor).
Una vez llegué a mi destino, aún sorprendido por haber encontrado vestigios de solidaridad ante un desconocido en los tiempos que corren, emprendí mi camino calle arriba. La primera impresión que tuve es que me había equivocado, primero de tren y después en la decisión de quedarme, pero sin ello no habría tenido esa bocanada de aire fresco de la que tan poco estoy acostumbrado no sólo a recibir, sino a observar en mi entorno.
De nuevo volví a equivocarme, en esta ocasión al tener ese instante de negatividad… de ese optimista con experiencia que siempre me consideré. A los pocos minutos me di cuenta que iba a ser una de las mejores tardes que recuerdo, especialmente a última hora, donde tuve la suerte de tener una agradable conversación con un par de personas, desconocidas por completo, que hicieron que en el viaje de vuelta a casa –esta vez en autobús- tuviera una de las mejores sensaciones que recuerdo en los últimos tiempos.
Y con ello una lección, no digo que nueva porque nueva no es, pero sí viene bien recordar este tipo de lecciones de vez en cuando.
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