José Tomás
17.06.08 @ 02:14:45. Archivado en internet

A cada toro que salía a la plaza, nada más embestirle la luz, ya intuimos como le caminaba la suerte. Fueron toros malísimos. Lentos, mansos navajeros. Lo peor. Se pegaban a las tablas como las costillas al pulmón, robándole el aire y el oro a esa tarde de gloria. Pero para eso estaba José Tomás. ¡¡¡Hay tanta vida que echarle a la muerte, que a veces, sólo a veces, la muerte se emborracha de vida y baila!!!
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Agradecería que se hiciera correr la voz. Un saludo.
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Claudio Martínez Möckel
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