Me ha impresionado ver, un año más, la iglesia llena
de gente al comienzo de la Cuaresma, el Miércoles de
Ceniza, como si fuera gran día de fiesta. La Cuaresma
tiene arraigo en el pueblo cristiano desde tiempos muy
remotos, y de ello es testigo nuestra literatura.
Ahora se ataca y se vilipendia a la Iglesia y nos
quieren hacer creer que somos pocos; pero no se lo
creen ni quienes lo dicen. No se desarma una familia
porque malas lenguas hagan presa en ella, ni pierden
los católicos su identidad porque la Iglesia cuente
con enemigos poderosos. Cuando una familia sufre, los
miembros se sienten más unidos. Cuando los católicos
vemos burlada nuestra fe, nos aferramos más a nuestras
tradiciones. Sin que lo pretendan, nos despiertan de
nuestro letargo, y sentimos el imperativo de
testimoniar lo que creemos.
La Cuaresma de 2007, como las anteriores, nos recuerda
de donde venimos y a dónde vamos. Cada miércoles de
ceniza es una evocación de nuestra procedencia del
polvo y agachamos humildemente la cabeza; pensamos que
volveremos a la tierra pero que daremos cuenta de lo
que hemos hecho aquí con nuestra vida. Una vida llena
es la que no olvida al Señor ni se encierra en sí
misma, sino que se entrega con amor, especialmente a
los próximos. Cuaresma es tiempo de ponernos de cara a
Dios por la oración y la conversión del corazón; de
hacernos espiritualmente fuertes por la penitencia(ayuno también de caprichos y de cosas); de
intensificar nuestra caridad con la limosna. Así nos
prepararnos para la celebración de la Pascua en espera
de la Pascua eterna.
Josefa Romo.
Sábado, 18 de febrero
Pedro Fernández Barbadillo
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Cesar Sinde
Toni García Arias
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Raúl González Zorrilla
José Pómez
Francisco Rubiales
Antonio Javier Vicente Gil
Carlos Ruiz Miguel