En unas recientes declaraciones, la ministra de Educación Mercedes Cabrera, se ha mostrado categórica al afirmar que la Iglesia difícilmente podría respaldar la objeción de conciencia de los padres a la asignatura de Educación para la ciudadanía, dado que, según la ministra, esta materia cumple lo exigido por la Constitución y por los Acuerdos entre la Iglesia y el Estado.
La responsable de la política educativa del gobierno socialista insistía además, en que la propuesta del ministerio es respetuosa con la libertad y el derecho de los padres.
NO obstante, la indeterminación de los contenidos en una materia tan sensible, es ya un síntoma de alarma.
Pero además, Mercedes Cabrera no puede obviar que el reconocimiento del derecho a la objeción de conciencia, regulado como consecuencia de los artículos 16 y 18 de la Constitución, íntimamente ligado a la libertad ideológica, de expresión y de pensamiento, y amparado en el artículo 53 de la Carta Magna, es una garantía constitucional para el desarrollo de una sociedad libre y democrática.
Es así que pretender prohibir a la Iglesia, que apoye reivindicaciones morales y legítimas de los padres, sobre lo sustancial de su tarea de educadores de sus hijos, es una quimera de inclinación totalitaria. Al menos yo así lo veo.
Jesús D Mez Madrid
Lunes, 13 de febrero
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