Al regreso de Valencia, en donde he tenido la suerte de poder participar en
el Encuentro de las Familias, y después de leer lo que algunos medios de
información han escrito sobre el evento y la visita del Papa, ha acudido a
mi memoria lo que se decía de las viejas beatas que, al salir del sermón, se
hacían lenguas de lo bien que hablaba el padre fulanito o lo mal que lo
hacía el padre zutanito, pero sin haberse enterado de lo que habían dicho
uno u otro.
Para esos medios lo más importante, resaltándolo a veces en titulares, ha
sido el que el Papa no se metió con el gobierno, el que Zapatero no
asistiera a la misa y fuera abucheado por unos pocos, el que Benedicto XVI
ha apoyado más las tesis de Blázquez que las de Rouco y Cañizares y el que
había menos participantes de los previstos. Como si todo eso tuviera alguna
importancia ante la magnitud de lo que aconteció: una gran manifestación de
fe y religiosidad por parte de una multitud, no de personas sino de
familias, que en un ambiente festivo, alegre y esperanzado, han querido
manifestar su afecto y sus deseos de escuchar al Papa en quien confían
plenamente, y a los que importaba muy poco esos chismes de sacristía o de
comadres a los que se han dedicado los nuevos beatos de la información que
todo lo valoran en clave política.
No entiendo que los acontecimientos deportivos los cubran especialistas en
deportes, y para informar de lo acaecido en Valencia no se hayan encargado
especialistas, si no creyentes, al menos capaces de sentir o entender lo que
sentíamos y nos motivaba a los que estuvimos con el Papa. Por suerte ha
habido otros medios de información que si lo han hecho muy bien.
Federico Gómez Pardo
Domingo, 19 de febrero
Raúl González Zorrilla
Vicente A. C. M.
José Pómez
Juan Fernandez Krohn
Avelino Vallina
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Antonio Javier Vicente Gil
Pedro Fernández Barbadillo
Cesar Sinde
Toni García Arias
Francisco Rubiales